Se vende máquina de escribir de ‘Unabomber’ y cordón usado por Norman Bates

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Imagen de la ficha policial de Theodore Kaczynski 'Unabomber'. / Wikimedia Commons

La última del capitalismo: vender murderabilia, es decir, memorabilia (fetiches, objetos de culto) pero no de Barack Obama o de Elvis Presley, sino por ejemplo de Theodore Kaczynski, más conocido como Unabomber. Una subasta de algunos de sus efectos personales, incluyendo diarios y la máquina de escribir en la que redactó su famoso manifiesto, recaudó hace poco la nada desdeñable cantidad de 232.246 dólares (158.166 euros). No está mal en plena crisis. Aunque Unabomber sigue vivo, y expresó desde la cárcel su oposición a la subasta, las autoridades ignoraron su protesta. El dinero irá a parar mayormente a los familiares de sus víctimas.

Pero quizás lo más curioso no es que estos artículos se vendan, sino que alguien los compre. En algunos casos se trata de académicos que estudian la mente criminal, pero no siempre. Lo cierto es que hay un mercado lo suficientemente grande como para asumir, no ya sensacionales subastas puntuales, sino hasta negocios estables. Es el caso de serialkillersink.net, una firma privada que hace años que surte online toda clase de murderabilia. Su fundador y director se hace llamar Eric Gein. Este no es su nombre de verdad sino un alias tomado de uno de los serial killer y profanadores de tumbas más bestias que ha habido jamás en Estados Unidos. Cuando en 1957 la policía entró en su casa en Wisconsin encontró, entre otros souvenirs, nueve máscaras hechas con piel humana, sillas tapizadas asimismo con piel humana, nueve vulvas (coños, sí) dentro de una caja de zapatos, un cinturón hecho con pezones femeninos, etc. Semejante angelito no podía tener menos que un gran impacto en la cultura popular y en los mass media, que diría Siniestro Total. En Ed Gein se han basado parcial o totalmente los guionistas de películas como Psicosis, La matanza de Texas o El silencio de los corderos.

En 1957 Ed Gein fue condenado a pasar el resto de su vida en un hospital psiquiátrico. En 1958 se subastó su coche, el que había usado para transportar los cuerpos de sus víctimas, por 760 dólares de la época (casi 6.000 de los de ahora). Los pagó una especie de empresario circense o carnavalero que a partir de ahí se dedicó a cobrar 25 centavos a todos los curiosos que querían ver el vehículo y montarse en él.

De ahí surge la inspiración de serialkillersink.net, que es como la versión privada y cutre de las grandes subastas públicas de efectos personales de criminales famosos. Estos venden murderabilia de asesinos en serie de pacotilla, que en Estados Unidos hay muchos. Conviene recordar que la definición técnica de serial killer es haber matado por lo menos a tres personas con un mínimo de separación temporal entre sí (no valen asesinos de masas en caliente), siguiendo una pauta análoga y buscando mayormente la gratificación psicológica o directamente psicótica. Crímenes pasionales y por dinero, es decir, horrendos pero lógicos, entran en otra categoría.

Tras leer sobre Eric Gein en The New York Times y verle el careto en un programa de televisión (en el vídeo) nos animamos a buscarle y entrevistarle. Aceptó encantado. Nos contó que su vocación nació en el instituto, que es cuando empezó a leerse cantidad de libros sobre criminales. Con el tiempo empezó a cartearse con ellos, a escribirles a la cárcel. Lleva décadas así y considera a algunos de sus corresponsales sus “amigos”.

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“¿Es usted como Truman Capote?”, le preguntamos, en el colmo de nuestra erudición y nuestra astucia. “¿Como quién dice, perdone?”, nos espeta él atónito. “Capote, Truman Capote, el autor de In cold blood, A Sangre Fría…¡sí hombre, el famoso escritor que se hizo amigo de un asesino y que escribió un libro sobre su asesinato!” Un sexto sentido nos retiene en el último minuto de mencionar que Capote era gay. Pero nada, ni así reacciona. Ni idea de qué le estamos hablando.

A ver cuándo superamos esa maldita manía de atribuir a los asesinos en serie y a todo aquello que les rodea una especie de aureola mítica, de suponerles mentes privilegiadas y enteradísimas de todo…nada que ver, créanme. Pura chusma la mayoría. Con cerebros torpes, medio atrofiados y muy poco interesantes. Seguro que hasta el legendario Jack el Destripador no era otra cosa que un capullo. Como nos contaba hace poco Louis B. Schlesinger, profesor de psicología forense en el John Jay College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), muchos asesinos en serie matan putas no porque les tengan una manía particular o sean muy moralistas o muy de derechas, sino porque se tiran a lo fácil; simplemente es mucho más viable llevar a una prostituta a un lugar apartado para asesinarla, que hacer lo propio con otra persona.

La mayoría de los criminales con los que se cartea Ed Gein son gente descorazonadoramente cutre: Christa Pike, una chica de 19 años que se cargó a una rival amorosa con un ritual satánico y de la que se ofrece por 40 dólares una carta que cuando estaba en libertad le escribió al noviete, diciéndole: “Nunca me han follado por el culo, ¿quieres hacer los honores?”. O Teodoro Báez, un bestia de Chicago que mató y desmembró literalmente a sablazos (con una espada samurai) a dos personas, pero no porque hubiera visto Kill Bill, sino por una disputa por drogas. Serialkillersink ofrece un relato corto suyo, escrito a mano, por 25 dólares. Etc.

El mismo Ed Gein es tan cutre como los criminales con los que se cartea y cuyos efectos personales pone a la venta, asegura que sin pagarles jamás un centavo. ¿Nos dice la verdad o lo que tiene que decirnos para no tener problemas con la ley? Y si dice la verdad, ¿cómo obtiene la mercancía? ¿Por qué los asesinos se la dan? ¿Acaso no son conscientes de que él va a hacer negocio con ella? “Sí, lo saben, yo nunca les he engañado”, nos asegura. Según él la clave es que esta gente está muy sola. A menudo sin familia o dejados de lado por ella, en el corredor de la muerte o recluidos de por vida, no es difícil entender el ascendente que puede llegar a adquirir alguien de fuera de la prisión que se interesa por ellos y les escribe con constancia. Alguien que les pregunta qué les gusta comer, cuál es su música favorita, etc. “Son monstruos pero también son personas, y necesitan atención”, concluye el jefe de serialkillersink.net. Y ahí está el negocio, claro.

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