Miles de estudiantes exigen la dimisión de Wert tras tres días de huelga en las aulas

Imagen de la manifestación convocada por CEAPA y el Sindicato de Estudidantes, que reunió ayer a miles de personas en las calles de Madrid. / Kiko Huesca (Efe)

“No voy a decir nada porque trabajo para la Administración y si digo lo que pienso puedo sufrir represalias”. La huidiza mujer de mediana edad y paso urgente se incorpora al grupo de manifestantes y el cronista aborda a cuatro jóvenes: “¿Por qué habéis hecho esta huelga y por qué os manifestáis?” Don del Hoyo, Natalia Janiszewska, Inés Vigara y Cristina Fernández, que estudian primero de Bachillerato en el Instituto El Espinillo de Villaverde Bajo, responden casi al unísono: “Porque quieren acabar con la enseñanza pública y aplicar una reforma nefasta”.

La manifestación con la que los estudiantes de Enseñaza Obligatoria y Media rubrican en Madrid las tres jornadas de huelga general que han dejado las aulas vacías y llenado las calles de escolares (el Gobierno cifró el seguimiento en un 20% y los organizadores en el 80%) avanza por el paseo del Prado hacia la plaza de Cibeles. El cronista repite la pregunta. La profesora Carmen González contesta: “¿Qué otra cosa podemos hacer sino manifestarnos contra los recortes y el deterioro de la enseñanza pública? A pegar tiros no vamos a salir”. Su opinión sobre el ministro de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio Wert, no requiere mucha meditación: “Me da igual que sea de derechas o de izquierdas, no me gusta, es incompetente y la reforma que se propone aplicar va a segregar a los alumnos a los 15 años y es una prueba más de su incompetencia”. Manuel López y su esposa Alicia acuden a la manifestación con su nieta. “Nos manifestamos contra los recortes y contra el daño que este Gobierno está provocando en la enseñanza pública”. Manuel define al ministro Wert como “un provocador incendiario”. Y Alicia añade: “Cada vez que habla sube el pan y el paro”. La manifestación avanza.

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Enrique Orsí y Julián Martínez, ya jubilados, acuden a la marcha. La madre y la esposa del primero han sido profesoras y el segundo ha trabajado cuarenta años desasnando muchachos en la escuela pública. Los dos coinciden en que “este Gobierno se está cargando la educación pública de un modo miserable y asqueroso; va a un modelo clasista en el que sólo los ricos puedan estudiar. ¿Qué pretenden? Están quitando el dinero a los obreros para dárselo a los banqueros. Y pues protestamos, ya han comenzado a implantar un Estado policíaco como en los peores años del franquismo”. Cinco furgones de antidisturbios vigilan a distancia a la cabeza de la marcha.

Angel Trigo, profesor de Instituto, ha venido “para apoyar a los estudiantes del mismo modo que ellos y muchos padres de alumnos nos apoyaron a nosotros”. Del ministro Wert destaca su condición de “impresentable” y su “poca o nula colaboración con el sector educativo público; ya no sabe ni lo que quiere hacer, no sabemos si va a haber cuarto de ESO ni tercero de Bachillerato”. Con mayor contundencia, Jesús Roguero subraya la “absoluta incompetencia” de un ministro que “responde al ala más reaccionaria del Partido Popular, no tiene ni idea y no da un dato cierto”. El cronista le recuerda que el ministro es sociólogo y el interlocutor, que también es sociólogo, se reafirma y añade: “Nos jugamos el futuro”. El futuro son las dos niñas de corta edad que van de la mano de su esposa Marta.

La manifestación enfila la calle de Alcalá. Isabel Estecho y Cristina González lucen sus camisetas de la “marea verde”. “Somos maestras y nos manifestamos en solidaridad con las familias”, que es también una forma de protestar por las regresivas condiciones que soportan: “Nos han bajado el sueldo, nos han aumentado el número de alumnos por aula, sufrimos un desprestigio social continuo, y la nueva ley de educación es una vergüenza”, se despacha Isabel, en cuyo colegio público, en el barrio de Pacífico, hay 27 alumnos de tres y cuatro años por aula y, además, “hay cucarachas y no vienen a fumigar”. Su compañera añade: “No cumplen nada de lo que prometen; todo es mentira tras mentira”.

Imagen de la manifestación celebrada en Murcia. / Juan Francisco Moreno (Efe)

Miles de manifestantes se van acumulando ya ante el edificio ministerial de Alcalá, 34 y 32, protegido por vallas y por siete furgones policiales estacionados en batería sobre la acera, con sus correspondientes dotaciones de policías antidisturbios. En la pancarta de cabeza se lee “Por la educación pública. Por el futuro de nuestros jóvenes”. Detrás llegan los estandartes del Sindicato de Estudiantes, la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos (CEAPA), la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos (FAPA) y los sindicatos de clase. El veterano profesor Luis González sujeta el palo de una pancarta de la CGT y alarga la mirada hacia el Ministerio de Educación cuando el cronista le pide opinión. A continuación dice: “Un desastre”, pero no puede seguir porque el movimiento de una ventana ministerial provoca un grito coral ensordecedor: “¡Dimisión, dimisión!” Cuando los decibelios amainan, González sigue y describe el desastre: “En la enseñanza obligatoria suprimen las becas de comedor, de libros, reducen profesores y abandonan la ayuda a los necesitados y la compensatoria; en la secundaria, menos becas y profesores, y en la Universidad, un exagerado aumento de las tasas. Y todo eso con más masificación, porque aunque  favorezcan descaradamente a la privada, el paro y la situación económica está llevando a miles de alumnos a la pública”.

Desde una camioneta con un toldo azul que transporta los bafles, el dirigente del Sindicato de Estudiantes, Tohil Delgado, habla a los manifestantes: “Os han insultado, a los padres os han llamado entreguistas y a nosotros extremistas y radicales. ¿Y quién dice eso? El ministro que habla de españolizar a los alumnos catalanes como Franco. Ellos son los extremistas, los radicales contra la escuela pública”. Gritos de “¡dimisión, dimisión!” contra Wert. “Esos corruptos que se llevan el dinero de los trabajadores sólo saben insultar, mentir, insultar”. Más gritos de dimisión contra Wert. “Quieren hacer una reforma franquista, con la reválida y la segregación”. Más gritos de dimisión contra Wert. “Estos son los que despiden a 50.000 profesores para mejorar la calidad educativa. Si creéis que somos tontos, más tontos sois vosotros”. Más gritos de “¡dimisión, dimisión!” contra Wert.

Con una referencia a la inquina mediática de la derecha por no haber podido sacar “ni una sola escena de violencia” porque la huelga ha sido pacífica por más que diez estudiantes intentaran entrar en un colegio concertado de los salesianos en Mérida y realizaran algunas pintadas animado a secundar el paro, como haría cualquier piquete, y con una estimación exagerada de 100.000 participantes en la manifestación de Madrid (la delegada gubernamental Cifuentes no dio datos policiales aunque desplegó un helicóptero para contarlos y controlarlos) acabó la huelga y terminó la manifestación. Manifestaciones similares se habían celebrado en las principales ciudades españolas. Eran las 20:00 horas y al día siguiente había clase. Después, alguien echó detergente en la fuente ornamental de la Puerta del Sol y salió espuma. Lógico.