El órdago perdido de Gallardón

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Ruiz-Gallardón, durante la rueda de prensa en la que ha anunciado su dimisión como ministro de Justicia. / F. Villar (Efe)

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, se vino arriba con el proyecto de ley del aborto —un melón que el PP no necesitaba abrir— y no cayó en la cuenta de que la política es el arte de lo posible. Lanzó un órdago por el que se obligaba y a la vez presionaba al Ejecutivo; prometió que lo presentaría en las Cortes antes de acabar el verano y como el Gobierno ha decidido retirar el proyecto, el ministro ha perdido su ultimátum. No le ha quedado más remedio que presentar su dimisión, que ha sido aceptada. Honor y respeto al que hace lo que dice, un ejercicio de coherencia, porque en España nadie dimite hasta que los jueces le meten en la cárcel.

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Gallardón seguirá unos días en el cargo para presentar los recursos contra la ley catalana de consultas, pero ya ha explicado que deja su escaño, y los cargos en el PP, aunque seguirá como militante. Anunció que da por agotada su vida política y que probablemente se dedicará a la abogacía después de 20 años en política. En la conferencia de prensa dijo que había defendido la ley del aborto porque iba en el programa del PP y se basaba en la doctrina del Tribunal Constitucional, pero añadió que no se sentía “desautorizado” por el Gobierno porque el proyecto era de todo el Gabinete, sino que no había sido capaz de cumplir el encargo que le habían hecho.

El dimisionario basó su decisión exclusivamente en la ley del aborto, pero probablemente tenía en mente que ya no iba a poder sacar adelante ninguno de los grandes proyectos que tenía pendientes, ya que solo queda un año de legislatura y hay un proceso electoral por medio. Entre los proyectos de Gallardón que van a quedar en el tintero figuran, entre otros:

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  • La reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial en lo que se refiere a las estructuras, es decir, los tribunales de instancia, que pensaba implantar para instruir procesos en la Audiencia Nacional.
  • La reforma de la Ley de Planta y Demarcación, en los que proyectaba partidos judiciales provinciales, aunque hace ya tiempo que Alberto Nuñez Feijoó ya le desautorizó diciendo a su público que ¡cómo Vigo no iba a tener partido judicial propio!.
  • El Código Penal, que contemplaba la cadena perpetua revisable y que tampoco va a salir.
  • El Código Procesal Penal, es decir una nueva ley de enjuiciamiento criminal, para acomodar todos los cambios de las leyes anteriores, entre otras cosas.
  • La ley de Justicia Gratuita
  • La privatización de los Registros.
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Imagen de archivo de Rafael Catalá, que la próxima semana tomará posesión como ministro de Justicia. / Pedro Puente Hoyos (Efe)

Ya ven, casi nada. Así que supongo que la decepción por la ley del Aborto no es más que la punta del iceberg de lo que se le venía encima. De repente ha caído en la cuenta de todo lo que no iba a poder hacer, sobre todo porque tras sus polémicas reformas en las que ha puesto a todos los jueces y abogados en su contra, se ha expuesto mucho y difícilmente Rajoy, en el caso de que tuviera que formar de nuevo Gobierno, le volvería a nombrar para el cargo.

Lea El interés descompuesto,  y Un sumiller francés para la hamburguesería, acerca de las tasas.

Lea El anteproyecto del Terror, sobre la reforma de la ley Orgánica del Poder Judicial. O también “Nuevos tiempos, viejas maneras”, o “La sucursal”

Presidencia del Gobierno ha hecho público un comunicado para anunciar que Rajoy ha decidido nombra sucesor a Rafael Catalá, que fue secretario de Estado de Justicia con el ministro Michavila y tiene un perfil mucho más amable y conciliador

El que sin duda estará celebrando la dimisión será el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, quien, a pesar de ser amigo del dimitido, puede ahora volar solo. De repente, ha cambiado el paradigma. Si hasta ahora Lesmes tenía un poder tutelado y respondía escrupulosamente de sus actos en el Consejo y en el Supremo ante Gallardón, al que debía el cargo, ahora se ha liberado. Ello no quiere decir que Lesmes va a ir por libre a partir de ahora, o que va a rechazar las propuestas que le formulen desde el Ministerio, pero su figura ha ganado enteros y también su poder real.

Por otro lado, y en el plano personal Alberto Ruiz-Gallardón tuvo un gesto el día que me despidieron de El País, junto con otros 129 compañeros. Me invitó a comer al día siguiente. Conté la experiencia en un artículo titulado El gesto. Ayer, le hice llegar que me gustaría corresponder y que, cuando lo desee, está invitado a comer. No faltaba más, nobleza obliga.