Tintín no existe, Hemingway ha muerto y Joaquín Campos está fatal

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Portada de la obra.

Empiezo a leer Faltan moscas para tanta mierda, arrolladora novela de Joaquín Campos recién publicada por Espuela de Plata, y se me cae el alma a los pies. Literalmente. Ahora sí veo claro que el mundo se acaba. Que Tintín no existe, que Hemingway ha muerto y que mi amigo Joaquín se encuentra muy mal. Hasta las pelotas de haber vivido durante años en China, el supuesto futuro imperio, pintado en su novela de forma tan espantosa y terrorífica que dan ganas de tirarse al mar, si mar quedara. Si no se hubiera minuciosamente jodido hasta la última esperanza de tener a donde huir.

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Recapitulemos. Hubo un tiempo en que era posible escapar. Richard Burton se fue a la Meca, Arthur Rimbaud a traficar con armas y probablemente con esclavos a Etiopía. Gauguin se largó a pintar a Oceanía. Etc.

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Como escribí yo misma una vez:

Hay más gente de la que parece que si pudiera se iría a otro país pero no a vivir sino a ser. A FORMAR golosamente parte de otra cosa. Gente de Brasil que se pirra por haber nacido en Tokyo. Estadounidenses que sueñan con ser catalanes (sonará raro, pero conozco por lo menos dos) y vecinos de la Toscana italiana cuya máxima aspiración es ser enterrados en una llanura de Mongolia. No siempre hay una lógica como la que rige las migraciones humanas en pos de una vida mejor o más rica en oportunidades. Más bien lo contrario: las segundas patrias tienden a ser menos prósperas y sofisticadas que las primeras. Es como si las eligiéramos para saciar un apetito antiguo. Para rebelarnos por haber tenido que ganar el progreso a costa de nuestra gracia, como lamentaba Eugène Delacroix al tomar sus melancólicos bocetos de los habitantes de Tánger en 1840”

Hasta hace nada, en resumen, si uno tenía la suerte o la desgracia de haber nacido de este lado del muro de la actual civilización, con todas sus ventajas y todas sus miserias, siempre cabía la opción, en un momento dado, de romper la baraja. De huir en pos de mundos menos primeros y más gratos, más simples, donde además se nos daría siempre trato de príncipes, de atlantes recién desembarcados…y si no, pues bueno, pues tampoco pasa nada. Lo esencial era tener puntos de fuga, espejos de escape. Trampolines hacia otros nosotros.

Y de repente, naranjas de la China. De repente el infierno está en casa (huelga extenderse, damos la crisis por sabida, ¿no?) y de puertas afuera todavía es peor. De repente todas nuestras ventajas se desvanecen, nuestras miserias crecen como hongos nucleares y la última esperanza de inocencia ajena, de Edén o de Shangri, a la que ir a reencontrarse y a purificarse, pues salta por los aires sin dejar gota.

Se acabó la juerga, se acabó la aventura. Ahora resulta que el este del Edén era aquí, eran los años que ha durado la ilusión, el espejismo de superioridad socialdemocrática o material. Que nos quitó (o nos engañó) el hambre de siglos para zambullirnos en la andrajosidad del alma. Spiritless. Cáscaras vacías de ser, pellejos de pipa al aire.

Los mejores se iban. Se ausentaban. Volaban lejos. Se salvaban ellos del todo y nos salvaban un poco a todos los demás. Porque en pos de sus aventuras aleteaba lo más de nosotros. ¿Quién no quiso fugarse al París de Hemingway o de Cortázar, al Nueva York de Patti Smith, a la India o sí, Joaquín, a China?

Pero el turismo masivo abrió la caja de Pandora, afiló los dientes de sable de la globalización. Y lo que era inocente se volvió maligno, y lo que ya era malo, pues peor. Que bien es sabido que todo se pega, menos la hermosura.

Joaquín Campos ha escrito una novela que es el antilibro de aventuras. La negación del sentido ultimo del viaje. Tras seis años de vivir en China, su visión de la vida en este país es tan desacomplejadamente asqueada y truculenta que no se corta un pelo a la hora de escribir y de no dejar títere con cabeza.

China es sucia, abyecta y miserable. China es corrupta hasta tal punto que lo que nosotros llamamos corrupción, ellos lo llamarían lavarse los dientes (si se los lavaran, que según Joaquín, parece que no). No existe otro amor que el de pago, no hay sueños que alcanzar por el trabajo, comparable en su contexto y condición al de los esclavos que levantaron las pirámides de Egipto. También como entonces, la grandiosidad exterior sería un deslumbramiento, un espejismo, siniestramente encubriendo el horror interior. Lo que incapacita a China para ser un imperio así se hundan para siempre todos los demás.

Da igual lo que crezca la economía china, viene a advertir Joaquín Campos, porque cuanto más crece, más desagradable es vivir ahí, y es imposible ser faro de la civilización y de la Humanidad si no da por lo menos la impresión de que eres capaz de exportar unos valores, una ilusión de felicidad. Cuando nadie quiere irse a vivir a un sitio, mal puede ese sitio devenir la Metrópolis del futuro.

Economistas heterodoxos ya lo advirtieron: hay modelos de crecimiento que pitan pero que no se aguantan, que tarde o temprano petan por su 'inaguantabilidad'. El libro de Joaquín Campos encierra la sentida advertencia de que a este paso podemos acabar echando de menos aquello de lo que más hemos abominado en los últimos cincuenta años, fascismo incluido. Tanto miedo nos va a dar lo otro. El mundo que viene y que empuja por todos lados. Ya no es que los inmigrantes vengan en patera o en lo que sea a comerse en masa nuestro pastel. Es que se traen su comida de casa, es que vienen a ponernos a todos a comer mierda. Esa es la profecía. Le podrán llamar (a Joaquín) racista, machista y hasta capullo. Pero, ¿y todo eso de qué nos va a servir, si resulta que tiene razón?

Menos mal que literariamente la novela es muy divertida y hasta consoladora en el sentido más mecánico del término. Chorrea sexo. Y hasta algunas paginitas de amor muy, pero que muy bien camufladas bajo la brutalidad del conjunto y del estilo. Imagínense que Valle-Inclán y Tarantino se hubieran asociado para rodar un documental de algo. Yo creo que les habría salido más o menos esto.

Feliz 2015.

3 Comments
  1. arkaitz says

    ni tintin ni rajoy existen son inventos fascistas nazis del opus dei y esperanza aguirre es una fabricacion en serie del fascismo del opus dei las muñecas borrachas son:la cospe,el gonzalez pons el arias cañete,el floriano,el javier arenas,la bote,el ignacio gonzalez ,el alberto nuñez feijo,el monago putero pepero,el fabra,elpakito camps la rita barbera el ricardito costa,el alfonso alonso la ana mato el alfonso grau el rus …y etc….. deben de dejar de existir e ingresar en el psiquiatrico pepero del opus dei c/genova 13

  2. Y más says

    Jo, con el nuevo faro del mundo. Ya me lo sospechaba yo.

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