CUARTOPODER | Publicado: - Actualizado: 16/5/2017 01:29

Daniel Cela *

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La secretaria general del PSOE-A y candidata a la Presidencia de la Junta, Susana Díaz, flanqueada por el secretario socialista de Almería, José Luis Sánchez Teruel (dcha.), y el secretario de Organización provincial y candidato a la alcaldía de Almería, Juan Carlos Pérez, durante el acto de apertura de campaña celebrado anoche en Almería. / Carlos Barba (Efe)

SEVILLA.– Si el próximo 22 de marzo, en el que están llamados a votar 6,5 millones de andaluces, fuera un pulso entre el PSOE y el PP, como lo ha sido en las anteriores nueve elecciones andaluzas, sería más sencillo traducir la victoria socialista que vaticinan todos los sondeos, incluida la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Pero el 22M ya no es un pulso entre las dos fuerzas que representan al bipartidismo tradicional. Los sondeos pronostican que ninguno de los candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía logrará los 55 escaños que garantizan la mayoría absoluta, y describen un Parlamento muy fragmentado, con cinco grupos en vez de los tres que hay ahora. La Cámara andaluza será la primera que refleje una correlación de fuerzas radicalmente nueva, en la que los partidos tradicionales (PSOE, PP e IU) tratan de resistir la irrupción violenta de los grupos emergentes (Podemos y Ciudadanos).

Los primeros, todos, pierden votos respecto a las últimas elecciones de 2012. En el caso de populares e Izquierda Unida, el declive es dramático. El PP-A perdería 16 escaños, según el CIS, e IU, bajaría de 12 a cinco. El PSOE de Susana Díaz, que parte como favorito en la campaña que arrancó esta medianoche, volvería a ser el partido más votado en Andalucía, pero perdería tres diputados, y se quedaría con un 34,7% de los votos, el resultado más bajo del socialismo andaluz desde que existen elecciones autonómicas. Todo el espacio político que pierden las fuerzas clásicas lo van a ocupar Podemos, que entraría con 21 o 22 diputados, y Ciudadanos, que se estrenaría con cinco. El CIS dice que el 40,3% de los votos que IU obtuvo en las elecciones de 2012, el 15% de los que recabó el PSOE y el 4,5% del PP pasarían a la formación de Pablo Iglesias, representada aquí por su candidata, Teresa Rodríguez.

Si todos los analistas coinciden en calificar a Andalucía como el gran laboratorio político del atípico año electoral en el que estamos, es porque lo que ocurra aquí el próximo 22 de marzo resolverá muchas claves de las elecciones que están por venir: las municipales y autonómicas de mayo, las catalanas de septiembre y las generales de noviembre. Los comicios andaluces plantean una suerte de ultimátum a la gente entre el viejo orden contra el orden nuevo, la casta contra el poder ciudadano, el bipartidismo contra las fuerzas emergentes. El Parlamento andaluz tiene 109 diputados, y la fuerza más votada (según los sondeos, el PSOE) se quedará a 11 escaños de la mayoría absoluta (55). El reparto de fuerzas será tan equilibrado, que la aritmética postelectoral puede jugar prácticamente a lo que le dé la gana: PSOE-PP, PSOE-Podemos, PP-Podemos, PSOE-IU-Ciudadanos…

En su primer mitin de campaña, Susana Díaz ya avanzó dos claves: la primera es que no quiere pactar con nadie, pese a lo que digan las encuestas. No ha hecho ni hará ningún guiño ni concesión a Podemos, al contrario que el secretario general de su partido, Pedro Sánchez, que ya contempla la posibilidad de llegar a acuerdos. La candidata socialista dedicará los próximos 14 días a escalar hacia la mayoría suficiente para gobernar en solitario. “No me conformo con ganar, quiero ganar bien y ampliamente”, dijo. La segunda clave es que el gran rival que Susana Díaz ha señalado en esta campaña se llama Mariano Rajoy. Ella presenta su Gobierno como alternativa a las políticas de austeridad y recortes del Ejecutivo central, no para de repetir que Andalucía es el único territorio de España que sirve como contraste a lo que hace el PP en el resto de comunidades, lo que demuestra que otra política es posible para salir de la crisis sin abandonar a los más débiles. Díaz parece obviar el fenómeno Podemos. Para la candidata socialista, las elecciones andaluzas siguen siendo un pulso entre la derecha y la izquierda. El resultado, por tanto, legitimará el modelo de Rajoy o el suyo. Si acierta con esta lectura, el PSOE de Pedro Sánchez y el del resto de comunidades también se verá beneficiado.

Por esta razón Susana Díaz ha diseñado una campaña más centrada en los territorios donde el PP solía ser fuerte. Aprovechando su debilidad, y que los electores van a castigar al candidato popular, Juan Manuel Moreno Bonilla, por los recortes que Rajoy ha aplicado en los últimos tres años, Díaz arrancó su primer mitin en Almería, fortín inexpugnable de los populares desde 2004 (en las últimas elecciones lograron el 51% de papeletas). El primer acto, abarrotado de seguidores, demostró que el PSOE andaluz ha recuperado musculatura y autoconfianza. Susana Díaz lleva el partido sobre los hombros, despierta pasiones, la gente la para y le hace regalos para su próximo hijo [está embarazada de cinco meses], y ella no ha dudado un segundo en apelar a las emociones desde el primer mitin de campaña: “Quiero mirar a los ojos a mi hijo y decirle que le hemos dejado una Andalucía mejor. Voy a ser la primera mujer en ganar las elecciones en Andalucía. Ayudadme a ganar”, gritó.

El candidato popular, Moreno Bonilla, se presentó en Málaga como alternativa “nueva”, apelando desde el principio al voto útil para contrarrestar el ascenso de Ciudadanos. “Tenemos que elegir entre futuro y pasado, entre estabilidad y los líos que pueden producir tras las elecciones con los pactos”, dijo. El arranque de campaña del coordinador regional y candidato de IU, Antonio Maíllo, no fue multitudinario, no exhibió músculo en Sevilla (donde se juega muchísimo), no reclutó a suficientes simpatizantes ni militantes de la capital andaluza como para despertar el ánimo alicaído de una fuerza que parece no haber digerido aún el golpe de haber sido expulsados del Gobierno por los socialistas de repente. Aún así, Maíllo reivindica que IU es la única fuerza “verdaderamente de izquierdas” que se presenta a estas elecciones. “Andalucía es un gran nosotros, hay demasiado yo en las pretensiones de algunos salvadores de la patria. Andalucía es nuestra casa y no vamos a permitir que nos desalojen de ella”.

La candidata de Podemos, Teresa Rodríguez, abrió en su ciudad, Cádiz, con un discurso alejado de los partidos clásicos, y advirtiéndoles de que “tendrán que dar un giro de 180 grados” si quieren “llegar a acuerdos” con ellos. El aspirante de Ciudadanos, Juan Marín, empezó en Sevilla con un discurso más conciliador. “Nuestros enemigos no son los partidos políticos, se equivocan quienes nos esperan en el enfrentamiento. Son la corrupción y el paro, no venimos a pelearnos con nadie”, dijo.

Estas son las cinco fuerzas que los sondeos sitúan dentro del Parlamento andaluz. A media distancia quedan ya UPyD, que repite candidato con el abogado Martín de la Herrán, y el Partido Andalucista, que en los noventa llegó a ser parte del Gobierno autonómico, y ahora afronta su último intento por resucitar.

(*) Daniel Cela es periodista.

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