Los socios de Mas en "el procés" preparan su lápida

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Cierre de campaña de Junts pel sí celebrado en la Avenida María Cristina de Barcelona. / Alberto Estévez (Efe)

Tanto el líder de ERC, Oriol Junqueras, como el cabeza de lista de Junts pel Sí, Raúl Romeva, tienen claro que no habrá ocasión mejor que la actual para conseguir la independencia de España. Pero igualmente coinciden en que el actual presidente en funciones de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, no es la persona que más y mejor puede tirar del carro de la secesión a partir del 28 de septiembre. Fuentes próximas a Oriol Junqueras han asegurado a cuartopoder.es que la figura de Mas, a estas alturas, está más que amortizada y que, «habiendo llevado a CDC a sufragar una campaña electoral por todo lo alto y después de financiar durante años desde el gobierno de la Generalitat las asociaciones y plataformas proclives a la independencia, ha cumplido sobradamente con su misión». Son palabras de un miembro de ERC que, con mucha sorna, asegura que Mas y Convergencia pagan «la fiesta» independentista, pero que no serán ellos quienes sigan al frente del «procés» después del 27-S.

Según estas mismas fuentes, la victoria previsible de Junts pel Sí no será suficiente. No esperan una mayoría absoluta, pero sí abultada, de modo que con un apoyo externo, permita investir presidente a un miembro de esa lista. La cuestión es que, la condición para que, por ejemplo, la CUP o, en su caso, Catalunya sí que es pot diesen sus votos a un miembro de esa lista es, precisamente, que Mas no sea el candidato a presidente, de modo que, llegado el momento, Mas tenga que ser ‘sacrificado’ por el bien del proceso de secesión, ya sea la CUP o la plataforma catalana que integra a Podemos, Catalunya sí que es pot, la que ponga sus votos al servicio del proceso de independencia. En ese momento, tanto Junqueras como Romeva pueden tirar del carro (incluso no descartan la posibilidad de que la presidencia del gobierno de Catalunya sea rotatoria y que ambos se repartan el tiempo al frente del gobierno de la Generalitat).

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Esta versión que señala una muerte política de Mas por el bien del proceso de independencia que él mismo entiende que es voluntad de su pueblo y prioridad en su hoja de ruta, prevé que la corrupción y las investigaciones que señalan a CDC como el partido que, durante años, cobró comisiones del 3%, supuestamente, por ‘facilitar’ la concesión de obras y proyectos de gran envergadura, financiados por el gobierno autonómico, se conviertan, a partir del 28 de septiembre, en un escollo insalvable para que Mas siga al frente del proyecto. Si los compañeros de lista de Mas han evitado mencionar el 3% en sus discursos públicos y exigir explicaciones al líder de CDC, el nivel de exigencia de todos ellos aumentará sensiblemente después de la contienda electoral.

En cuanto a las relaciones y la lealtad personal, es indudable que Romeva y Junqueras se la profesan mutuamente. Su amistad viene de atrás, cuando ambos ocupaban un escaño en el Parlamento Europeo. No ocurre lo mismo en el caso de Artur Mas, un recién llegado a esta sociedad, como también al proceso independentista. Con todo, Artur Mas puede acabar convirtiéndose en el ‘tonto útil’ del que se valieron otros para financiar una aventura cara y difícil, para la que se necesitaba dinero y una estructura y músculo de un partido curtido en organización de campañas electorales.  En la lista de Junts pel Sí ya hay quienes, en agradecimiento, ensayan un lindo epitafio para su lápida.