El PSOE exige apartar a Rajoy y derogar sus reformas para que haya gobierno

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, este miércoles, en la tribuna del Congreso, durante la segunda sesión del debate de investidura. / Chema Moya (Efe)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, este miércoles, en la tribuna del Congreso, durante la segunda sesión del debate de investidura. / Chema Moya (Efe)

“Nosotros defendemos cambiar al señor Rajoy”. Con estas palabras, el socialista Pedro Sánchez planteó la condición esencial para desbloquear la investidura. El candidato del PP y jefe de gobierno en funciones desde el 20 de diciembre pasado salió derrotado al no obtener la mayoría absoluta (176 votos). Rajoy obtuvo los 170 votos previstos tras su acuerdo con C's y Coalición Canaria. Los 180 contrarios fueron del PSOE, UP y los nacionalistas vascos y catalanes. Con el fracaso anunciado de Rajoy, todas las miradas de los que votaron en contra, con excepción del PNV y EH-Bildu, se volvieron hacia Sánchez, instándole a encabezar una alternativa. Pero el secretario general del PSOE, que ya fracasó en marzo pasado, mantuvo su mutismo, consciente de la resolución del Comité Federal que le coloca en la oposición y le impide pactar con quienes defienden el referendo de autodeterminación de Cataluña.

Además de quitar a Rajoy, el mensaje de Sánchez fue contundente en la exigencia de derogar las leyes unilaterales y sin diálogo político y social que ha dictado y aplicado en los últimos cuatro años, comenzando por la reforma laboral y educativa y prosiguiendo por la retirada del recurso de inconstitucionalidad contra el aborto. “No tenemos confianza en usted por lo que ha hecho y por lo que propone para los próximos cuatro años, pero también porque usted no es de fiar”, le espetó Sánchez después de recordar que “ha gobernado solo y frente a todos” y de remarcar que su partido no está dispuesto a dar carpetazo (“sobreseer”) los casos de corrupción. “No podemos abstenernos ante la corrupción ni ante los recortes en derechos y libertades”.

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Consciente de la presión que iba a ejercer Albert Rivera y, que de hecho ejerció con un discurso en el que destacó que cien de las 150 medidas acordadas con el PP estaban también en el pacto con el PSOE, Sánchez anticipó que una abstención del PSOE equivaldría a “tener que aprobar los Presupuestos del Estado y a mantener una legislación laboral desaprensiva”. Añadió que por la misma razón tendrían que “aceptar los recortes sociales”, siempre “por el bien de España según lo entiende Rajoy”. Aunque Rajoy se mostró cortés y Rivera le ofreció derogar las reformas desde la oposición, Sánchez no dio el brazo a torcer.

El debate, de ocho horas y media de duración, se acercó al lenguaje de la calle con las intervenciones del líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien contrapuso la honradez y el sentido social de su formación política a las oligarquías y poderes económicos a los que sirve Rajoy y el PP. El candidato empleó un tono paternalista con él y le recordó que los ocho millones y pico de votantes “también son gente”. Iglesias repartió estopa a Rivera, al que acusó dúctil. Y puesto que el de Podemos puso en entredicho la figura de Adolfo Suárez, el de C's la defendió como “hombre de Estado”. De paso defendió a Felipe González y dijo que “el señor Iglesias prefiere a Otegui como hombre de Estado”. También el portavoz del PP, Rafael Hernando, incidió en la misma acusación recordando que Iglesias “recibió en el Parlamento Europeo a un terrorista”.

Iglesias animó a Sánchez a encabezar la alternativa. Lo propio hicieron en sus intervenciones los nacionalistas catalanes Joan Tardà, de ERC, y Francesc Homs, del PDC, que sigue sin grupo parlamentario, y el portavoz de Compromís, Joan Valdobí, que cuenta con cuatro diputados, también en el Grupo Mixto. La condición de los nacionalistas catalanes es que acepte el referendo de autodeterminación de Cataluña. “Si se compromete con un referéndum como en Escocia, tiene nuestro sí”, dijo Tardà con la contundencia que le caracteriza. En cambio, el portavoz del PNV, Aitor Esteban, cuyos cinco votos podrían ser decisivos para la investidura del candidato del PP si el viernes decidieran votar favorablemente –algo que ya adelantó que no ocurrirá--, se abstuvo de pedir al del PSOE que encabece la alternativa.

Los estragos sociales de la política del PP y la corrupción fueron los argumentos principales que empleó el dirigente de IU, Alberto Garzón, en su intervención para justificar el rechazo al candidato. A ellos añadió el catalán Xavier Domench el aviso a Rivera de que se cuide la espalda porque Roma no paga traidores. Baldoví, por su parte, bautizó como “Pacto del Gatopardo” el acuerdo entre el PP y C's y preguntó a Rivera si mantendrá su sentido de Estado ante una alternativa diferente que pudiera encabezar el PSOE con UP y el visto bueno de los nacionalistas. Esa hipótesis, descartada por los socialistas, fue descalificada de antemano tanto por Rajoy como por Rivera. La tensión del debate creció con la intervención del catalán Homs, que anunció una querella criminal contra el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, por utilizar los servicios policiales para “investigar y desprestigiar a los adversarios políticos”.

Por otra parte, al comienzo de su intervención, Sánchez acusó a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, de haber dejado al Congreso "por los suelos" al aceptar "la malintencionada fecha de la investidura" que tras la votación del martes hace recaer las próximas elecciones generales, si las hubiese, en el día de Navidad. Rajoy la defendió recordando que "el señor Sánchez se negó a pactar la fecha del debate", como, en efecto ocurrió.