El juicio de las tarjetas ‘black’ en 10 excusas

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Imagen del banquillo de los acusados por las tarjetas ‘black’ de Cajamadrid, el día del inicio del proceso, el 29 de septiembre de 2016. Entre los acusados se distingue a Gerardo Díaz Ferrán, Rodolfo Benito, José Antonio Moral Santín, Rodrigo Rato y Miguel Blesa. / Chema Moya (Efe)

Visto para sentencia tras más de cuatro meses el juicio de las tarjetas black, el tribunal comienza a analizar las explicaciones que los acusados han dado para justificar que, durante más de una década, cargaran más de 12 millones de euros a las cuentas de Cajamadrid por gastos que tienen una difícil justificación. Estas son las razones de Rodrigo Rato, Miguel Blesa y sus 63 compañeros de banquillo.

1. Esos gastos no son míos. “Aquí en vez de un consejo de administración parece que tengamos una orquesta”, aseguró José María De Pablo, el letrado que representa a los exconsejeros Jesús Pedroche y Alberto Recarte, para justificar los numerosos gastos en instrumentos musicales que aparecen en el famoso Excel que Bankia entregó al FROB y el FROB a la Fiscalía Anticorrupción y en el que se detallan los cargos de las tarjetas black. Desde el primer día, los acusados intentaron desacreditarlo como un documento “sesgado” y “manipulado” y sus abogados embistieron durante más de siete horas contra el director de Auditoría de la entidad, Iñaki Azaola, que aseguró que el Excel reflejaba el simple volcado de datos. Así, pusieron de manifiesto la existencia de cargos exagerados o muy seguidos en el tiempo, como comidas con media hora de diferencia o el pago simultáneo de varias plazas de párking. “Soy gordo pero no tanto, no como para ir a tanto restaurante”, apuntó el socialista Virgilio Zapatero. “No puedes comer a las tres y a las tres y media otra vez”, señaló su compañero de partido José María Arteta. Aunque el que mejor verbalizó ese resentimiento generalizado hacia el Excel fue el exlíder de los empresarios Gerardo Díaz Ferrán: “Estoy muy cabreado con esa hoja, esa hoja no vale nada, es papel mojado”.

2. A mí me clonaron la tarjeta. La explicación aportada por Javier Sánchez de Miguel, Ángel del Pulgar, Rodolfo Benito o Antonio Romero es que les clonaron las tarjetas y alguien realizó los gastos que no aceptan como propios. “Lo único que reconozco es el daño que me ha hecho”, señaló Benito. Sánchez de Miguel sacó la calculadora para asegurar que el Excel le atribuye gastos de 18.000 litros en gasolina, lo que supondría que, aplicándolo al consumo de su vehículo particular, podía haber “dado la vuelta al mundo 7,9 veces”.

3. Todos los gastos fueron adecuados. Los hay que, en lugar de enmendar los cargos atribuidos, intentan justificarlos como labores de representación de la caja. En este argumento coinciden el socialista Antonio Romero, número dos de Rafael Simancas, y el popular Ricardo Romero de Tejada, al que los anteriores situaron detrás del tamayazo que impidió gobernar la Comunidad de Madrid al candidato del PSOE. “Los gastos eran adecuados todos”, dijo el exsecretario general del PP madrileño en referencia a sus cargos en puros, armas o lotería. “Si tenía cargos en días festivos y fines de semana, era porque tenía actividades”, apuntó Romero.

4. La culpa es de Terceiro. Otra estrategia mil veces repetida en el juicio, con Miguel Blesa como máximo exponente, es la de señalar que las tarjetas black fueron creadas en 1988 bajo la Presidencia de Cajamadrid de Jaime Terceiro. Azaola aseguró que las tarjetas de Blesa no tenían “nada que ver” con las de su antecesor y el aludido, que declaró como testigo, dijo que los plásticos que él creó eran “white” y “se fueron oscureciendo” con la llegada a la caja del compañero de pupitre de José María Aznar. Sin embargo, Terceiro explicó que sus tarjetas no tenían pin y dos cartas aportadas por la defensa de Pedroche y Recarte, dirigidas a dos exconsejeras de la época, hacen referencia a ese dispositivo para “poder utilizar la tarjeta en los cajeros”.

5. Yo no sabía nada. Si Blesa le echa el muerto de las tarjetas black a Terceiro, Rato hace lo mismo con Blesa. En su declaración afirmó que, cuando llegó a Cajamadrid en 2010, ningún departamento le contó cuál era el sistema de retribución de los consejeros. Blesa aseguró que no leyó el correo en el que se decía que las tarjetas “black a efectos fiscales” tenían la “bendición presidencial”, pero varios testimonios coincidieron en apuntar a su número dos, Ildefonso Sánchez Barcoj, como el encargado de emitir y gestionar los plásticos fraudulentos.

6. La culpa es de los auditores y del Banco de España. Los acusados también tratan de sortear su responsabilidad asegurando que las tarjetas estaban visadas por los auditores de Cajamadrid y por los técnicos del organismo supervisor e incluso de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que conocían su funcionamiento. “Los auditores tenían suficientes pistas”, dijo Blesa. “Teníamos empotrados analistas del Banco de España que tenían acceso online a todas las cuentas de la caja”, apostilló Sánchez Barcoj.

7. Era parte de mi sueldo y pensaba que la caja lo declaraba. “Cuando llega Blesa, queda claro que cada uno puede usar la tarjeta para lo que quiera”, sintetizó el expresidente de Libertad Digital Alberto Recarte. Los acusados defienden que utilizaron la tarjeta en viajes, restaurantes, alcohol o tiendas de lencería, porque esos gastos eran parte de su sueldo: “Un instrumento de liquidez”, como lo definió Rato. A ese argumento le sigue el de que siempre pensaron que la caja pagaba a Hacienda por esa retribución aunque lo destrozó el fiscal Anticorrupción Alejandro Luzón cuando expuso su informe definitivo de conclusiones: “Los que dirigen la caja no pueden ampararse en que la caja no les dijo nada, porque la caja son ellos”.

8. No tuve mala fe y he devuelto el dinero. La ausencia de dolo es otro de los argumentos que más han repetido las defensas durante el juicio, que destacan como atenuante la devolución del dinero gastado a Bankia y el intento de reparación del daño causado. “Si me da la tarjeta la caja, ¿por qué iba a pensar mal?”, se excusó el exconsejero Ramón Ferraz. Rato fue uno de los primeros en devolver lo gastado, incluso antes de que el escándalo saltara a los medios de comunicación, porque, según declaró, “no quería líos con Bankia”.

9. Yo soy la víctima. Los exdirectivos de Caja Madrid también se presentan como los cabezas de turco de una época de excesos en la banca y dicen sentirse como “apestados”, porque la opinión pública les haya tratado como “chorizos” o “atracadores”. Él exsecretario de Estado de Comercio José Manuel Fernández Norniella acabó su declaración sollozando, mientras que Ignacio Navascués se quejó amargamente ante el tribunal: “Se nos acusa hasta de la muerte de Manolete”.

10. Bankia no me puede señalar. Otro de los argumentos utilizados por los acusados es la falta de legitimación de Bankia y del FROB para acusar a sus exdirectivos por hechos ocurridos a partir de 2003, año en el que ninguno de los dos organismos existía. Al informar sobre las cuestiones previas, el fiscal Luzón recordó que el rescate de la entidad costó al Estado más de 20.000 millones de euros. “No sé si ha sido un entierro, pero sí ha sido un funeral para todos los españoles”, afirmó.

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(*) Alfonso Pérez Medina es periodista.