El gran reto de Colau para 2019: que se hable de ciudad y no de banderas

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Ada Colau toma posesión como alcaldesa de Barcelona en mayo del 2015. / Ajuntament de Barcelona

“El próximo 2019, la alternativa que estará sobre la mesa será: o los lobbies especulativos o nosotros”. Así de contundente se mostraba el teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, el pasado 22 de abril en la asamblea organizativa de Catalunya en Comú. Y es que los comunes tienen como principal objetivo para las municipales del año que viene conservar el Ayuntamiento de la capital catalana con Ada Colau al frente. Colau, un símbolo político que es leído como tal, por su trayectoria, en todo el Estado y más allá de nuestras fronteras, tiene un año por delante para convencer al electorado de que continúe confiando en ella para la ciudad. Tendrá grandes contrincantes: por un lado, el independentismo que pretende ganar este consistorio como pieza clave para su estrategia de choque contra el Estado; por otro lado, Ciudadanos, que tras ganar en Barcelona en las elecciones del 21-D, estudia poner al mediático Manuel Valls, ex primer ministro de Francia, como cabeza de su lista. 

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La estrategia de Barcelona En Comú es clara: bajar el debate, el marco de la disputa, a la política municipal. Hablar de la ciudad, de los avances que, sobre todo en materia social, se han desarrollado por parte de este equipo de Gobierno. Y es que Barcelona fue la ciudad española que más aumentó en gasto social el año pasado. “Los barceloneses saben diferenciar a la hora de votar según las elecciones. En unas municipales, lo que prima es la ciudad y nuestro gobierno ha tratado de devolverle la soberanía a los ciudadanos de Barcelona en múltiples temas”, comenta a cuartopoder.es Enric Bárcena, integrante de la dirección ejecutiva de Barcelona En Comú. “Si el resto de candidatos quieren competir en ello es una buena señal, es importante que se hable de los temas de ciudad”, prosigue. Sin embargo, queda en duda que la cuestión catalana y el proceso independentista no entren de lleno en precampaña y campaña, más cuando se prevé que el macrojuicio contra dirigentes independentistas en el Tribunal Supremo se desarrolle en la primera mitad de 2019. Los últimos meses catalanes han sido demasiado tensos.

En este sentido, además de la oferta –¿quizás globo sonda?– de Albert Rivera al que fuera primer ministro socialista de Francia, Valls, para encabezar la lista al Ayuntamiento de Barcelona, destacan también los movimientos que se desarrollan en el independentismo para conquistar la otra parte de la Plaça Sant Jaume. Si el 21-D, en unas elecciones convocadas por Mariano Rajoy a través de la aplicación del 155, el independentismo reeditaba la mayoría absoluta, a pesar de que estas fuerzas políticas aún no han sido capaces de formar Govern, en 2019 el control del Ayuntamiento de la capital será, también, su principal objetivo. Y es que la conquista de esta institución les resultará clave para una batalla y confrontación con el Estado que, tras el pinchazo de la unilateralidad de octubre, se prevé a medio y largo plazo. La Presidencia de la Generalitat a un lado de la Sant Jaume y la Alcaldía, al otro, ambas de corte independentista, es un suculento plato con el que sueña el independentismo.

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El plan Graupera: un Junts per Barcelona

Pero las disputas en el independentismo no son menores. El filósofo Jordi Graupera ya ha recogido 25.000 firmas de apoyo a su propuesta: la convocatoria de unas primarias para una candidatura unitaria independentista con el objetivo de ganar una alcaldía “republicana”. Graupera espera llegar a las 30.000 firmas para presentar su propuesta en firme a los partidos políticos. Este filósofo y periodista, afincado en Nueva York desde hace varios años donde imparte clases en la universidad, fue militante de las juventudes de Convergència. La derecha nacionalista catalana contraataca.

Desde ERC, no ven con buenos ojos esta iniciativa: una suerte de reedición de JxSí a escala municipal, un Junts per Barcelona, una propuesta que vuelve a situar a ERC en el segundo plano del independentismo, cuando lo ha tenido todo a favor para convertirse en el partido hegemónico catalán. El conservadurismo de Xavier Trias tampoco parece muy afín a la propuesta de Graupera: apelar al orgullo de Barcelona como una capital moderna, cosmopolita, internacional, amiga de los negocios, globalizada… Pero, por otro lado, viendo las encuestas y resultados de las últimas elecciones, parece claro que una lista unitaria independentista tendría muchas papeletas de ganar las municipales.

Tampoco es una propuesta del agrado de Alfred Bosch, el líder de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona y candidato si se presentan por separado las distintas opciones independentistas. Durante esta legislatura, Bosch ha desarrollado una oposición férrea contra Colau, sin tregua. El último barómetro de la ciudad, hecho público el mes de enero, situaba a ERC como la fuerza política más votada en el ámbito municipal barcelonés. Ha llegado, incluso, a contradecir sus propias propuestas con tal de no aparecer al lado de Barcelona En Comú en las votaciones. En este aspecto, el caso más significativo ha sido el del tranvía. Colau impulsaba la unión de dos tramos de tranvía para unir, no sólo gran parte de la ciudad, sino también del área metropolitana a través de este medio de transporte.

Bosch vota en contra de lo que su propio partido proponía, con el tranvía ha quedado claro. Quiere ser alcalde y lo desea, incluso, contra lo que le conviene a ERC, de esta manera, algunas de sus decisiones son confusas y sorprendentes dentro de la trayectoria de su partido y sus votantes”, valora Bárcena. “Lo del tranvía era un clamor en la ciudadanía, ERC se ha opuesto, creen que votar contra Colau hace daño a Barcelona En Comú, pero en realidad hacen daño a toda la ciudad”, añade. Y es que Bosch ha quedado retratado para buena parte de ERC, efectivamente. Las distintas agrupaciones del área metropolitana de este partido, así como las juventudes de ERC, se han mostrado en contra del voto contra de la unión de los dos tramos del tranvía.

La CUP también ha marcado distancias con el entorno de los comunes en la política municipal barcelonesa. Desde el primer momento, mientras en otras localidades catalanas han llegado a alianzas de gobierno y apoyos de investidura, en Barcelona la confrontación ha sido la tónica dominante. El ejemplo más claro fue cuando, el pasado 10 de abril, los anticapitalistas votaban en contra de la remunicipalización del agua. Esta iniciativa, que había sido impulsada por una plataforma tras la recogida de firmas, fue tumbada con los votos del PDeCat, PSC, Ciudadanos, CUP y PP. Colau cargó duramente contra los anticapitalistas por haber hecho el juego a las multinacionales y oponerse a una iniciativa de los movimientos sociales. “Han puesto en el entredicho todo un mecanismo de innovación participativo que ponía en el centro de la decisión política a la ciudadanía y no a los partidos”, considera Bárcena.

Las relaciones con el PSC, antiguo socio de gobierno hasta el pasado otoño, cuando Barcelona En Comú rompió el pacto con los de Jaume Collboni por el apoyo de estos al 155, tampoco pasan por el mejor momento. El PSC ha pasado de ser compañero de viaje a votar en contra de los presupuestos y de las principales medidas que Colau ha intentado impulsar. Ante este panorama, la guerra es total por el Ayuntamiento de Barcelona. Y más cuando Ciudadanos toma partido por un mediático Manuel Valls, una de las figuras internacionales que más ha participado en contra del independentismo en los últimos meses, encabezando actos y movilizaciones de Societat Civil Catalana. Valls propuso encabezar una lista unitaria del llamado “constitucionalismo”, el PSC ya ha dicho que no irá en una lista conjunta con Ciudadanos y PP.

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Ada Colau en un acto de campaña del 2015. / EFE

 

Frente a esto, la clave, como decíamos, para Colau es que la campaña no se dispute en términos nacionales y sí en municipales. Así lo consideran en Barcelona En Comú. Una campaña polarizada entre ERC o una plataforma unitaria independentista y Ciudadanos complicaría la reelección de la alcaldesa. Llevarse el debate al plano social será un gran reto para Barcelona En Comú. “No hay diferencia entre Valls y Graupera, cuando un independentista es liberal, es difícil de creer su discurso soberanista”, considera Bárcena. “Ninguno de los dos conoce la verdadera Barcelona, la de los barrios, y no sé qué van a poder proponer para la ciudadanía frente a la especulación, corrupción, contaminación o en relación a la movilidad, por ejemplo”, continúa el dirigente de Barcelona En Comú.

Sin grandes aliados mediáticos

El pasado 17 de marzo, tal y como recoge el periodista Sergi Picazo de ‘El Crític’, ‘La Vanguardia’ comenzaba el pistoletazo de salida y su posicionamiento en la campaña de las municipales. El director de este medio conservador publicaba el texto ‘La ciudad como castillo‘, dentro de un especial titulado ‘Más Barcelona, ideas para relanzar la ciudad’, toda una declaración de intenciones. En el artículo, el director pedía una “capital moderna, vanguardista y cosmopolita” frente al “exceso de emociones, bandazos y aventuras que de tanto en cuanto alteran el equilibrio del país”. En la misma línea, el editorial de este periódico del pasado lunes retomaba la crítica al gobierno municipal. Refiriéndose a la problemática de los pisos de narcotraficantes que se encuentran en el barrio de el Raval, el medio opinaba: “la soledad del gobierno de Ada Colau –en situación de minoría en el plenario– pone en evidencia su incapacidad para hallar una salida negociada con la oposición”.

Los grandes medios de comunicación de derechas de todo el Estado tienen en Colau una de sus principales contrincantes políticas. En Catalunya, esta oposición mediática se amplía con los medios independentistas y el ente público catalán, TV3 y Catalunya Ràdio. De eso son conscientes en Barcelona En Comú: “Hay una sordina mediática hacia nosotros. Los poderosos quieren seguir teniendo el control y aspiran a recuperarlo en la ciudad. Nuestra batalla contra los que especulan con el agua, luz, vivienda, energía…”, afirma Bárcena.

Lo social, la bandera de Colau

Para ello, Barcelona En Comú apuesta por dejarse la piel este año, cuando faltan 12 meses para las elecciones. Bajar a los barrios, explicar qué avances se han conseguido durante este mandato, romper con la dinámica de los medios de comunicación que ponen el foco en otras cuestiones. Ardua tarea. “Ganamos las elecciones del 2015 sin ningún apoyo, con movilización popular. Conseguimos un proyecto con el que que la gente se identificaba, tenemos que volver a movilizar a la ciudadanía en favor de su ciudad”, considera este portavoz de Barcelona En Comú, para quien en esta ocasión tienen algo a favor que hace cuatro años no tenían: “Tenemos el ejemplo del buen gobierno. Estamos cumpliendo el 72% del Plan de Acción Municipal. Estamos cumpliendo los objetivos. Tenemos que volver a movilizar a la gente”.

“Hemos priorizado lo social, somos la ciudad que más ha invertido en esto en el último año”, recuerda Bárcena, que explica la acción del gobierno de Colau en cuatro ejes. El primero, “la batalla contra la especulación”, refiriéndose a las políticas desarrolladas  favor de la vivienda y a la regulación del turismo. “Hemos reducido un 22% los desahucios y, en este sentido, hemos atendido a 7.000 personas que se encontraban en esta situación”. “Se va a hacer en cuatro años el 25% de la política habitacional de los últimos 75 años de la ciudad, 4.000 viviendas más”, añade. Sobre el turismo, destaca: “Hemos puesto en el centro el derecho de los vecinos a vivir la ciudad, frente al uso especulativo del suelo y estamos liderando la lucha contra los pisos turísticos ilegales”.

Otro eje de la acción de Colau en Barcelona es la pelea por la sostenibilidad. “Mejoramos el transporte para evitar las muertes por contaminación, tenemos 150 kilómetros de carril-bici, hemos llevado el metro a barrios periféricos…”. También recuerda que Barcelona es referente internacional al crear una operadora energética pública y al intentar llevar a cabo la remunicipalización del agua, aunque esto se ha encontrado de bruces con la oposición municipal y con el propio Tribunal Supremo, está pendiente una resolución de este tribunal sobre la legalidad de la concesión. En temas sociales, se refiere también a la prioridad que se le está dando desde este Ayuntamiento a la escuela pública: “Hemos creado 17 nuevas”. Y también a la voluntad de mejorar las condiciones laborales con la contratación pública por parte del Consistorio, creando, según Bárcena, 2.000 puestos de trabajo de estas características.

El plan de justicia de género, el programa Decidim, por el cual la ciudadanía puede impulsar proyectos para la ciudad, o la defensa de los derechos de las personas migrantes y su lucha por el cierre del CIE son otros de los ejemplos que pone Bárcena a este periódico. Un gobierno que ha desarrollado, tal y como reconocen los índices estatales, importantes políticas sociales en la capital catalana. La alcaldesa visita los barrios con frecuencia y este año tendrá que emplearse a fondo para explicar su trabajo durante estos años. Y es que Colau es un símbolo, algo que se le reconoce en el municipalismo de más allá de nuestras fronteras, pero también es una pieza clave para las fuerzas del cambio del Estado. En Barcelona, con Colau, hay en juego mucho para las izquierdas. Durante el próximo año, los barrios de Barcelona, esos que se llenaron hace unos meses de banderas esteladas, por una parte, y españolas, por otra, tienen que hablar de políticas sociales. Más ciudad, menos banderas, ese es el reto de Colau.

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