Vuelve Podemos

  • La alianza Carmena-Errejón nos devuelve el entusiasmo con el que hace cinco años pensábamos que podíamos reinventarlo todo
  • Presentarse contra Carmena y Errejón sería una enorme irresponsabilidad que solo debilitaría a la actual dirección de Podemos

En su quinto aniversario, vuelve Podemos al centro del tablero político. Vuelve ahora bajo las siglas Más Madrid. No nos engañemos. Podemos no nació como un partido político, sino como una herramienta para dar voz a la esperanza popular de cambiar las cosas. Podemos vuelve y renace donde vuelve y renace la esperanza y la alegría que lo crearon. La alianza Carmena-Errejón nos devuelve el entusiasmo con el que hace cinco años pensábamos que podíamos reinventarlo todo, para empezar, el anquilosado sistema de partidos.

Millares y millares de personas que participaron en los círculos, confiaban en que, en efecto, Podemos no era un partido, sino, como tantas veces se repetía por aquel entonces, un “método” de intervención política, que no era deudor de ningunas siglas. Muchos de esos millares de personas han visto con desaliento cómo Podemos se iba convirtiendo en un partido más, con sus luchas internas, sus sectarismos y su cada vez mayor alejamiento de la gente a la que pretendía representar. Pero este planteamiento pesimista es equivocado, pues cae en la misma trampa que pretende combatir, al otorgarle a Podemos demasiado protagonismo. Es el pueblo de la Comunidad y de la ciudad de Madrid quien es el verdadero protagonista. Es el pueblo quien puede, no “Podemos”. Aquí lo importante no son las siglas. “Más Madrid”, “Unidos Podemos”, “Ahora Madrid”, “Adelante Andalucía” o “Podemos a secas” no son ataduras fetichistas, sino el nombre que en cada caso recibe la fuerza de los votantes y la gente que quiere organizarse para cambiar las cosas. Y quienes pueden cambiar las cosas en la Comunidad y seguir cambiándolas en la ciudad de Madrid son Manuela Carmena e Iñigo Errejón.

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Podemos no nació para ser siervo de unas siglas, nació más bien contra ellas. Se trata de dar la voz a la gente, no de someterla a ninguna disciplina de partido. Aquí nadie se debe ni a líderes ni a disciplinas. Aquí no hay otro compromiso que con la ciudadanía de la Comunidad de Madrid, que en estos momentos es la patria que hay que defender. Hay un tercio de niños que viven en Madrid por debajo del umbral de la pobreza. Eso sí que es un compromiso, y no los despachos, las siglas y la burocracia interna de los partidos. El patriotismo es con la gente, no con los partidos.

Hay que estar muy ciego para no ver que la única posibilidad de que la derecha PP-C’s-Vox no arrase en Madrid es una alianza entre Carmena y Errejón. Errejón, por otro lado, no hace más que lo que se le había encomendado: ganar Madrid, un mandato que refrendó la militancia antes del verano, aceptando la condición de tener vía libre para decidir los términos de las campañas, las alianzas y las siglas.

A Manuela Carmena la convirtió en alcaldesa una marea popular, en la que participaron decenas de millares de voluntarios, movidos por una inmensa ilusión y sin ligarse a ninguna sigla. Eso mismo es lo único que nos puede salvar de la derecha en Madrid. Y no ya, simplemente, la derecha, sino una derecha envalentonada por los ultras crecidos en Andalucía. Me gustaría saber quién tiene una idea mejor. Cualquier otra idea no sólo nos cubrirá de ridículo, sino que será el fin de Podemos a nivel estatal y el auge imparable de la ultraderecha. Lo acabo de leer en un acertado tuit: aquí no hay más que dos opciones, “Más Madrid o Menos Madrid”.

Me parece obvio que Podemos se inclinará por sumarse a este apasionante proyecto. Por otra parte no tiene opción: o se suma con un entusiasmo activo y eficaz, o tendrá que presentarse contra Manuela Carmena y contra Iñigo Errejón. Esto último sería una enorme irresponsabilidad que solo debilitaría a la actual dirección de Podemos. Incluso en esas circunstancias la alianza de Íñigo y Manuela serviría para sacar de la orfandad a muchos ciudadanos que al margen de las dinámicas de los partidos seguimos confiando en que la mayoría de nuestro país no se parece a esa extrema derecha que hoy está llamando a las puertas. Tenemos ante nosotros una oportunidad única (quizá una última bala en este ciclo) para recuperar el pulso perdido. Y no podemos desaprovecharla, porque de nosotros depende el destino de este país y el mejor ejemplo que podría seguir Europa frente a la extrema derecha.