Las hermanas Úriz: las comunistas navarras que desafiaron a Franco y a Hitler

  • El periodista Manuel Martorell recuerda la historia de Josefa y Elisa Úriz en el libro ‘Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi’

El periodista y colaborador de cuartopoder.es Manuel Martorell es especialista en buscar historias lejanas, ya sea en otras latitudes (es experto en Oriente Medio), o en otras cronologías, como en el siglo XX español. Buceando en la biografía de Jesús Monzón, miembro clave del PCE y de la historia de los maquis, se topó con los nombres de Josefa y Elisa Úriz, que aparecían como “contacto para coordinar las acciones con el núcleo de la resistencia en París”. De la “corazonada” que tuvo al ver el apellido nació luego una investigación que primero tomó forma de exposición y ahora de un libro titulado ‘Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi’ (Txalaparta, 2018). En sus páginas, rescata, junto con la ayuda de los expertos en Historia de la Educación María del Carmen Agulló Díaz y Salomó Marquès, la travesía vital de estas dos comunistas navarras que fueron precursoras en todo: en su compromiso político con el antifascismo, en la lucha por los derechos de las mujeres y en la difusión de métodos pedagógicos que aún hoy son minoritarios en las escuelas españolas.

‘Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi’
Portada del libro ‘Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi’, de Manuel Martorell.

A Josefa (Badostáin,1883-Berlín, 1958) y a Elisa (Tafalla,1893 –Berlín,1979) el siglo XX les pasó por encima. Lucharon contra el fascismo allí donde se encontraron: ya fuera en España, Francia o Alemania. Formaron parte activa de la resistencia francesa después de exiliarse cuando la Guerra Civil se encaminaba ya hacia la victoria del dictador Francisco Franco. Ambas nacieron en Navarra y murieron en Berlín Oriental y, aunque no fueron deliberadamente olvidadas, sus nombres pasaron a ocupar un espacio secundario en los documentos historiográficos o en el callejero de Lleida, donde Pepita Úriz tiene una calle.

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En el exilio, ambas hermanas ya no pudieron reconstruir su vida familiar. Elisa había perdido a su marido, Antonio Sesé, secretario general de UGT Catalunya, cuando lo asesinaron en 1937 los anarquistas, aunque su autoría exacta no quedó clara.  Nunca volvieron a España, a pesar de que Elisa lo intentó en los años 60 aprovechando una medida de gracia del gobierno franquista que, sin embargo, no le aseguraba no ser detenida.

Cuando la democracia llegó a España, Josefa llevaba muerta 20 años y Elisa ya tenía 85, demasiado mayor para volver a su tierra. “Cuando ella murió lo hizo pensando que había cumplido con su deber, con su vocación y con su forma de pensar. No se arrepintió nunca de lo que había hecho”, explica Martorell, que para su investigación contactó con la mujer que cuidó a Elisa durante sus últimos días, la doctora Olga García Domínguez, su vecina en Berlín.  

Las maestras, transformadoras sociales

Las Úriz eran motor de cambio allí donde iban. Hijas de un capitán de Infantería que las educó en un ambiente liberal, las dos estudiaron magisterio y participaron en misiones pedagógicas durante la II República española, en el caso de Pepita dirigiendo las que se llevaron a cabo en el pirineo leridano entre 1932 y 1934: “Hablaban de una educación igualitaria y rompieron todos los moldes de la época. Pepita no utilizaba libros de texto y aplicaba los métodos de Freinet o de Montessori, que hoy siguen siendo minoritarios en España”, explica Martorell.

Además de extender pedagogías que se oponían al memorismo y favorecían el trabajo en equipo, su función siempre iba más allá de las cuatro paredes del aula. Pepita apoyó el grupo Batec, surgido de las tertulias pedagógicas en el Café Express de Lleida y ambas impulsaron la FETE-UGT en Cataluña, de la que Josefa fue presidenta.

Piezas clave del antifascismo

Ambas fueron piezas clave en la lucha contra el autoritarismo y la República Democrática de Alemania así se lo reconoció a Elisa Úriz, a quien concedió la Medalla de la lucha contra el fascismo.

En plena guerra civil trabajaron en la Ayuda Infantil de Retaguardia, que llegaron a dar hasta a 100.000 menús infantiles al día. Tras salir de España, formaron parte de los primeros grupos de la Resistencia Francesa y gestionaron la evacuación de cientos de familias hacia América Latina hasta “cuatro días antes de que las tropas alemanas iniciaran su ofensiva sobre Bélgica y Francia”, recuerda Martorell.

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial y parecía que podrían ejercer sus actividades en París con libertad y tranquilidad, las hermanas se toparon con una de las operaciones que Martorell describe como “uno de los puntos más oscuros de la historia de Francia”: la operación a Bolero-Paprika. La Guerra Fría había comenzado y los comunistas, antiguos aliados contra el nazismo, se volvían a convertir en sospechosos. En abril de 1951, las hermanas recibieron su orden de expulsión y recayeron en Alemania Oriental.

Pepita con el parche negro que le caracterizaba y detrás suya, con gafas, Elisa en una reunión con La Pasionaria –centro- y otras dirigentes comunistas europeas.
Pepita con el parche negro que le caracterizaba y detrás suya, con gafas, Elisa en una reunión con La Pasionaria –centro- y otras dirigentes comunistas europeas.

Organizadas y combativas

Pero los métodos importados del resto de Europa de estas “maestras de maestras” no fueron el único campo donde fueron pioneras. Ambas hermanas impulsaron la asociación Mujeres Antifascistas Españolas (MAE) en 1934 y después formaron parte de la Unión de Mujeres Españolas (UME), fundada en 1946 en París.

Elisa jugó un papel destacado en la dirección ejecutiva de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), de la que salió también la Declaración Universal de los Derechos de la Infancia y la creación del Día Internacional del Niño, que después instauró la ONU en 1954.

En 2019, inmersos en la cuarta ola feminista, el libro también es una buena ocasión para mirar hacia atrás y ver lo que hicieron las mujeres españolas que precedieron a la actual generación. Se replanteaban todo: “Los grupos feministas podían ser más radicales que en la actualidad porque tenían más barreras que romper. Ponían en cuestión la unidad familiar, y no solo de la familia heterosexual”, explica Martorell, describiendo un clima en el que también se discutía sobre “amor libre” o prácticas más abiertas a la incuestionable monogamia actual.

En primer plano, Pepita, y detrás suya Elisa, junto a un grupo de exiliados en Francia antes de su expulsión. / Cedida.

El viaje de la memoria: de Badostáin a Madrid

La exposición que precedió al libro (“De Badostáin a Berlín Oriental. Historia y compromiso de las hermanas Úriz”) comenzó con una colaboración entre el Ayuntamiento navarro del Valle de Egüés y el Concejo de Badostáin, la localidad donde nacieron. Ahora ya se muestra en cuatro versiones (castellano, castellano-euskera, catalán y alemán-castellano) y ha visitado decenas de localidades en País Vasco, Navarra y Catalunya, además de seis ciudades de Alemania.

Desde el día 11 de marzo se puede ver también en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, pero habrá que esperar hasta el día 22 para poder charlar con el autor en ese mismo espacio, en el que presentará el libro a las 12.30 del mediodía. Para los que se queden con las ganas, a las 19.30 estará también en el Ateneo Republicano de Vallecas.