Guillem Martínez: “Este juicio despejará si la magistratura quiere acercarse a Europa o Turquía”

  • Entrevista al escritor y periodista de 'Ctxt'
  • Repaso por el juicio al procés en el Tribunal Supremo

Ha sido guionista de Polònia, el mítico programa humorístico de TV3. También ha escrito en Interviú o en El País. Desde 2015, nos cuenta desde Ctxt el procés catalán. Cronista de lo más selecto de lo que ha ido ocurriendo en Catalunya estos últimos años, compagina el gran conocimiento de su tierra y la sociedad catalana con un ácido sentido del humor, mordacidad hacia la clase política y una independencia loable en unos momentos en los que es complicado no situarse en ninguno de los dos bandos: procesismo y ultraconstitucionalismo. Ahora, deambula por Madrid y se instala en la sala de prensa del Tribunal Supremo para narrar el macrojuicio contra los dirigentes independentistas que está a punto de ser visto para sentencia. 

Guillem Martínez (Cerdanyola del Vallès, 1965) es escritor y periodista. Ha publicado distintos libros, entre los que destacamos sus últimos: La gran ilusión: mito y realidad del proceso indepe (Debate, 2016) y 57 días en Piolín (Lengua de Trapo, 2018). Llega tarde al Café Comercial, glorieta de Bilbao, Madrid. «Me he perdido», explica. «Madrid es más difícil para orientarse que Barcelona», añade. Pide café solo italiano y agua con gas, que no hay, la cambia por agua natural. En la terraza, fuma mientras desenmascara sus percepciones sobre el juicio que puede marcar un antes y un después en la democracia española. Glups.

— ¿Había sido periodista de tribunales antes? 

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— Había ido a tribunales alguna vez. Había cubierto algún juicio, siempre abreviado. Nunca a escala 1:1 como este.

— ¿Qué tal la experiencia?

— He tenido que aprender a leerlo. Ha sido una experiencia aburrida para mí. Espero que no tanto para el lector. La lectura es importante, pero es un objeto imposible de leer hasta que haya sentencia. Percibo indicios, hay cosas que parece que huelen mal, hablo de la justicia española. No puedes decir nada hasta la sentencia. Cuando alguien dice que está escrita la sentencia, yo no sé si está escrita, creo que quien afirma eso se está exponiendo a un futurible.

La causa ha ido bien, con algunos mosqueos importantes. Lo preocupante es que haya habido causa. Es un poco absurdo para la justicia española. Por otro lado, el procés no ha aportado ningún dato, todos lo sabíamos. Ha aportado tres datos y los tres relacionados con Mossos. Es un juicio un tanto absurdo. No se enjuicia la desobedencia del 6 y 7. Se enjuician las fotos que, además, habíamos visto todos: el 1-O y el 20-S.

El Estado va a ganar, es impepinable, juega en casa. Pero tiene mucho que perder, no lo perderá ahora, lo perderá en años y en sucesivas crisis. Todo arranca del discurso del rey, me parece que es una reinterpretación de la democracia española y de la forma de hacer política por parte de la monarquía. Sabemos que el rey tomó la iniciativa propia y que el gobierno no le pudo hacer ninguna corrección, cuando el gobierno, en ese momento, quería exponer todo lo contrario, quería rebajar el suflé. Fiscalía puede decir misa en sus conclusiones, porque es el tribunal el que decide. Lo que me parece dramático es que se aluda al discurso del rey.

«El discurso del rey es una reinterpretación de la democracia española»

— Hablaremos de todas las partes en el juicio. En primer lugar, le quería preguntar por los periodistas de tribunales. ¿Qué le ha llamado la atención? ¿Existe esa polarización que se ve en la política?

— No existe tal polarización. La polarización es un objeto de poder. Estoy sentado al lado de dos medios progresistas y son grandes compañeros. Saben un huevo y me han ayudado un puñado. Me han orientado mucho. Hay algún caso aislado de ultraprocesistas y ultraconstitucionalistas.

Recuerdo un artículo de uno de estos últimos que se chivaba de que los acusados utilizaban el móvil de sus abogados. En mi colegio, chivarse era lo último. La gente que se chiva es gente que en mi cole no duraría ni 20 segundos si la tuviéramos que soportar como grandes figuras del periodismo español. Pero son casos puntuales. Todo el mundo tiene su posicionamiento, su cosmovisión, pero existe la empatía, la objetividad y la posibilidad de discutirnos lo que vemos de forma diferente.

— En Catalunya, se sigue contando el juicio, el día a día, con mayor profundidad. En el resto del Estado, empezó muy fuerte y poco a poco el seguimiento mediático se fue deshinchando. 

— Son dos relatos. En España existe el relato agotamiento. Si quieres que se termine algo, retransmítelo a escala 1/1. En el caso de Catalunya, se ha mentido mucho, eso llevará a otra frustración cuando llegue la sentencia. Se ha narrado otro procés y, en ocasiones, gente que decía cosas en el tribunal, allí decía otras. Hay una ausencia de control del poder absoluto. Como siempre, vamos, la situación en España es lamentable, pero Catalunya ya empieza a ser una originalidad europea.

«Rebelión no hay. Si hay sedición será de arte y ensayo»

— Hablaba de la Fiscalía. Ha hecho mención a la referencia al discurso del rey. ¿Queda en tela de juicio la credibilidad de la Fiscalía? Poco se ha movido, en las conclusiones, tras el desarrollo del juicio, de su escrito de posición provisional.

— La Fiscalía alude al discurso del rey en la cronología de los hechos, y lo marca como punto de partida de los resortes del Estado para defender la democracia… Desde que se judicializa todo esto, se han visto puntos negros en la justicia española. Uno es Fiscalía. La Fiscalía es un ente estatal, responde a una ideología del Estado que está más suelta cuando manda un determinado partido. ¿Es ilegal? No, Fiscalía es el Estado, pero sorprende que se quiera limitar la democracia en base al Estado y no defender la democracia frente al Estado, la sociedad frente al Estado. Fiscalía asume que ese no es su papel, el sello son las conclusiones.

Estas conclusiones, en otras culturas, asustarían. Insisto, puede no tener recorrido todo lo que dice Fiscalía, pero asusta que Fiscalía no se remita al juicio para exponer sus conclusiones, sino a un punto inicial, anterior al juicio. Delito de rebelión se ha visto que no hay. Sedición, si la hay, será de arte y ensayo. Hay desobediencia. Si se quiere abordar, hay desórdenes públicos. Montar este circo por desobediencia y desórdenes públicos, apaga y vámonos. Rebelión ha quedado descartado, si no queda descartado, sería un escándalo mundial.

— ¿La Abogacía del Estado?

— Son cosas que no entendemos. El tema era que en las negociaciones que estaba haciendo esta gente con los presupuestos, el procesismo quería algún gesto. Abro un paréntesis, la deriva autoritaria y de cuestionamiento de la separación de poderes del procesismo empieza a ser llamativo. ¡Pedían la libertad de los presos al ejecutivo! El ejecutivo no puede hacer nada en esto desde Montesquieu. El Gobierno hizo un gesto de influir sobre la Abogacía del Estado y no lo consiguió. La Abogacía rechazó rebelión y apostó por sedición. La Abogacía del Estado no ha tenido una presencia personal en el juicio, no ha abordado nada por su parte. Ha sido uno de los estorbos del juicio. Ha consumido tiempo para nada.

— La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía alerta sobre las violaciones de derechos humanos en este juicio. Dicen que este juicio es un precedente peligroso para la ciudadanía. ¿Se abre una etapa de mayor restricción de derechos y libertades?

— El juicio, en sí, no ha abierto una etapa. Es una dinámica que no es nueva, es escandalosa, pero no nueva. Lo que puede ser nueva es la sentencia, si atañe a los derechos de manifestación y reunión. Aún así, tampoco sería nueva del todo.

— ¿Qué valoración hace de las defensas? ¿Han sido defensas políticas?

«Melero ha sido la defensa más efectiva»

— Defensas políticas no ha habido. Se me ocurren dos tipos de defensas políticas: negar la autoridad al tribunal y pirarte. Se está haciendo lo que hacía ETA, los acusados no reconocían y los abogados hacían una muy buena defensa jurídica, poniendo contra la pared al fiscal.

Melero ha sido la defensa más efectiva y la que influenciará más en la sentencia. Ha hecho una defensa muy técnica, operativa y, diría, cachonda. Ha partido de una cosa que me pone, no compartir los ejes del procesismo, que son identitarios y propagandísticos. Las demás defensas han trabajado mucho para que lleguen temas Europa pero tienen peligro de que el Tribunal Europeo no cambie nada. Yo creo que o invalida todo el proceso o no tocará un ápice de la sentencia. En Catalunya se ha vendido que sí.

La sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de la semana pasada me parece muy importante. Reconoce el derecho a luchar por la autodeterminación, le llaman así, no derecho a decidir como esta gente. Pero, al mismo tiempo, plantea el carácter autoritario del Parlament. No tenemos para muchos gobiernos autoritarios en este país, otro más da pereza.

— ¿Ha habido alguna prueba presentada que le haya sorprendido, después de haber relatado lo que ocurrió en 2017?

«Me ha sorprendido que todo el juicio vaya sobre dos días: el 20-S y el 1-O»

— Me ha sorprendido que todo este juicio vaya sobre dos días: el 20-S y el 1-O. Esto me invita a pensar que las actitudes policiales de aquellos días buscaban un delito de rebelión. Algunas fotos pueden parecer un delito de rebelión, si estabas allá y viviste todo el contexto, sabes que no había rebelión. Si se centra todo sobre esos dos días, el resto de pruebas rechazadas no han tenido un argumento jurídico. Había un informe pagado por las defensas, lo cual le quita crédito, a Scotland Yard que analizaba las maniobras policiales del 1-O y demostraban que no tenían sentido. Los antidisturbios no cumplieron sus funciones.

Me ha sorprendido la ausencia de careo entre la autoridad policial, Pérez de los Cobos, y un mosso, que estaban en contradicción. No sé cuál es el tema del juicio si se remite a esos dos días. Ha quedado claro que el día 1-O no se cumplieron las órdenes judiciales, esos porrazos se pueden entender como no obedecer las órdenes judiciales o ignorarlas, no fueron transmitidas esas órdenes por los mandos. No sé de qué va el juicio. Estamos juzgando una rebelión que, por lo visto, sucede en dos momentos. Rebelión en dos tiempos.

Otra cosa, la ruptura de la causa. Esta causa está rota. Debe ser una garantía judicial el no romper las causas. Está rota entre la Audiencia Nacional, el Supremo, el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y el Juzgado número 13 de Barcelona. Entre todas estas salas, no están todos los implicados siendo juzgados. Para mí, no estarían implicados en ningún caso de rebelión, sino de trilerismo. El trilerismo no supone perdón, debería suponer descalificativo por parte de la sociedad. Se tomaron decisiones fuera del organigrama democrático, por no electos, y no aparecen. Esto es síntoma de que la respuesta del Estado es tan caótica como el procés, con mayor arsenal, pero igual de caótica. Lo que implica que estamos gobernados por psicópatas.

— ¿Cómo calificaría la acusación popular de Vox?

«Vox solo ha aportado una cosa, el cargo de organización criminal»

— Me ha sorprendido su bajo perfil. Si haces un acto propagandístico como este, lo has de mantener y no lo han mantenido. En las primeras semanas hubieron intentos de copar el espacio para el público por Vox, no lo consiguieron, la gente se aburría. Después de la primera semana, todo el mundo podía ir de público, estaba vacío.

Además, no han aportado nada, no han sido funcionales. Solo han aportado una cosa, ya veremos si tiene chicha en la sentencia, un cargo. El cargo de organización criminal. Fue apuntado por la Audiencia Nacional y ahora se ha apuntado. Vox ha sido otra pérdida de tiempo y así han sido tratados por el tribunal.

— Se ha criticado por ciertos sectores del independentismo al juez Marchena. ¿Cree que ha actuado con ecuanimidad?

— En general, diría que ha sido ecuánime. Ha hecho cosas raras que restan ecuanimidad. Ha sido ecuánime porque sabe que esto se juega en Estrasburgo, en un juicio normal, no existe tanta buena educación. Ha habido cambios de procedimiento que sorprenden. Lo más llamativo ha sido con los testigos, los testigos policiales tuvieron un margen de autoverbalización mayor que los de la defensa. Aquí entran varias cosas, también el directo, que ese día se ha levantado mal, que el testigo lleve un peinado que no le guste, entran circunstancias ideológicas y anecdóticas. No soy capaz de hacer una valoración de todo lo que ha pasado hasta que no haya sentencia.

— ¿Le ha parecido que los distintos jueces del tribunal han recibido la información durante el juicio de distinta manera?

«La magistratura, durante los años de ETA, tenía síndrome de Estocolmo»

— Ha trascendido que para una decisión sobre Jordi Sànchez hubo división en el tribunal. Espero que también la haya para la sentencia. Quien diga que la justicia española es polaca, húngara o turca o quien diga que es europea… Creo que no tienen razón ninguno de los dos. Tenemos ese punto medio, la inflexión es este juicio. La magistratura, durante los años de ETA, tenía síndrome de Estocolmo, el gobierno les escoltaba. Ahora que se ha acabado el asunto, quieren volver a ser adultos. Además, los jueces mantienen un contencioso con el gobierno muy fuerte. Los jueces tienen ganas de independencia, la prueba está en Gúrtel, en juzgar a un integrante del cártel de la Familia Real…

Luego hay otras cosas que se enfrían cuando nos acercamos al campo semántico ‘patria’ o al campo semántico ‘Ibex 35’. Ahí está el caso de las hipotecas. Luego está el caso de Alsasua, cómo una pelea de bar con la persona no apropiada te puede arruinar la vida, no tiene nombre. Es un incógnita si habrá divergencias en el tribunal. Como base, la magistratura siempre es conservadora, de las chabolas salen pocos jueces. Este juicio será importante para saber si la magistratura tiene vocación de acercarse a Europa o a Turquía.

— Un órgano consultivo en materia de derechos humanos de la ONU han criticado la prisión preventiva de los Jordis. El Gobierno de España ha llegado a poner en duda ese órgano.

«La preventiva es una mancha sobre el sistema español»

— De aquí han de salir medios internacionales que nos expliquen si la sentencia es justa o no. Uno de ellos es esto de la ONU. Este informe, que lo podría firmar yo, dice la prisión provisional es abusiva. La preventiva es una mancha sobre el sistema español que demuestra que la justicia está para contener la pobreza. Gente que no tiene para comerse los mocos y roba, entra en preventiva.

Lo que pasa es que ese informe es un borrador y fue difundido por el Govern cuando sale la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el Parlament. Es otra instrumentalización de la realidad por parte del procesismo. Esto quita, para mí, verosimilitud a lo que pueda decir el informe. El engranaje de medios del procesismo está más engrasado que el del PSOE, con un Estado.

Por otro lado, el Gobierno español se quejó de la filtración, de que no se hubiera comunicado de la manera en la que un organismo dependiente de la ONU debe hacer. Hizo bien en quejarse de esto, pero hizo mal en pedir el ERE de unos componentes de este órgano. Eso está fuera de lugar y con estética terrible, de no respetar criterios opuestos a Fiscalía-Estado.

De toda esta media, nos vale las aportaciones externas, pues no tenemos un periodismo local, ni en Catalunya ni en España. Podríamos tener tres aportaciones externas y tenemos dos. La tercera podría haber sido esta. Las otras dos son la sentencia alemana, que fija que esto no es una amenaza para la Constitución, y la segunda es la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que explica que lo del Parlament tampoco es una trayectoria democrática. A raíz de estas aportaciones podríamos llegar incluso a un acuerdo social. Ya veremos lo que nos dicen fuera de la sentencia.

—  ¿Cómo han afectado estos meses de juicio a la política catalana? Hemos visto distintos resultados en diferentes eleccciones…

«Este juicio nunca se tendría que haber celebrado»

— Este juicio nunca se tendría que haber celebrado. No ha habido rebelión. Ha habido cosas graves, pero no penales, cosas graves que tiene que solventar la sociedad catalana. Solo solventándolas socialmente se puede hacer frente a un Estado que no es la panacea. Se puede llegar a la independencia o a la autodeterminación por dos vías: por una mayoría absoluta de la sociedad que puede desobedecer o por un sistema de pactos. El procesismo no es ni una cosa ni la otra, no es una mayoría absoluta y se lo ha llegado a creer. Eso es muy grave. Han sido unos incapaces. Eso no es hablar bien del Estado, al Estado no hace falta presentarlo.

Dicho lo cual, el electorado catalán es muy inestable, muy sometido a mitos. En España se habla mucho sin entender la presencia continua de medios cotidianos en Catalunya para sostener todo esto: una crispación absoluta y la ausencia de voces discrepantes en los medios populares de Catalunya. Las voces discrepantes en los medios populares catalanes son las mismas voces discrepantes que hay en los medios españoles. Son gente que no está muy para allá. Con esto se solventa un sistema de cuotas, pero es gente que no tiene dos dedos de frente. Es un paripé asombroso.

Se ha beneficiado ERC, de una forma lenta. Hubiera sido más ético, rápido y democrático si se hubiera dicho la verdad. Es verdad que el Estado les ha dado la razón. Si los procesistas han usado triquiñuelas, un estado democrático debería dar una respuesta democrática y no usar, también, triquiñuelas. Ahora les vacila con las actas de diputados europeos, no le veo nada raro en darle un acta a un diputado…