Supervivientes de trata: “Quien ha atendido a 15 hombres al día sabe que eso no es trabajo”

  • “El lobby proxeneta ha puesto su mirada en España para que la prostitución se legalice. Prostitución y trata son el mismo sistema", afirma Amelia Tiganus
  • Para Mickey Meji, activista sudafricana, la prostitución es “la violencia contra las mujeres más extrema” y el gran obstáculo para conseguir la igualdad de género

Ni la prostitución es algo diferenciado de la trata, ni puede ser considerada un trabajo. En esto coinciden las supervivientes abolicionistas de países como Sudáfrica, Filipinas, Colombia, Rumanía, Reino Unido, EEUU o Irlanda que han acudido a un congreso mundial en Madrid contra la explotación sexual de las mujeres. Ellas han sufrido “el infierno en la tierra” y conocen bien como funciona este lucrativo “negocio” cuyo engranaje son los cuerpos de las mujeres más pobres y vulnerables. Sus relatos a ratos parecen el mismo y por eso se agarran de la mano cuando el testimonio toma forma de nudo en la garganta. Han logrado huir de un mundo casi sin escapatoria y ahora luchan para acabar con él.

Fiona Broadfoot, que es de Reino Unido y fue prostituida desde los 15 años hasta los 26, solo puede indignarse cuando le hablan de quienes defienden, también dentro del feminismo, que la prostitución pase a contemplarse como “trabajo sexual”. “No tienen ni idea de lo que supone atender a quince hombres al día. Ninguna mujer que haya vivido esto lo llamaría así”, afirma tajante.

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Tanto ella como Amelia Tiganus, activista rumana que fue explotada sexualmente en España durante cinco años, advierten que esta idea apuntala a los explotadores. “El lobby proxeneta ha puesto su mirada en España para que la prostitución se legalice. Aunque muchos piensan que prostitución y trata son cosas diferentes estamos hablando de un mismo sistema que prostituye a algunas mujeres, a las que proceden de países del sur y de situaciones de extrema violencia y pobreza”, subraya.

El 72% de las víctimas de trata son mujeres. Cuando hablamos de trata con fines de explotación sexual el 94% son mujeres, según la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC). Y todas las víctimas son captadas porque existen una “clientela” voraz en determinados países como el nuestro. España se ha convertido en el país con mayor demanda de sexo pagado en toda Europa, según alertó el experto canadiense Richard Poulin en el año 2017 y recoge la Coalición contra la trata de mujeres (CATW) y la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, organizadoras de este congreso.

Las organizaciones españolas encuentran difícil llegar a las víctimas de trata y ofrecerles ayuda. “No sabemos si en España hay 50.000 o 100.000 mujeres que se prostituyen, pero por cada mujer prostituida hay al menos cuatro o cinco puteros. Son nuestros hermanos, padres, médicos, fiscales… En los pisos o prostíbulos los hombres dejan de lado todas las diferencias y son hermanos. Entienden que la existencia del patriarcado depende de ello”, explica Tiganus. Por otro lado, los asesinatos en este contexto “ni siquiera se reconocen como crímenes machistas”, aunque Feminicidio.net ha recopilado 44 casos de feminicidio por prostitución desde el año 2010.

“Yo no soñaba con ser puta”

“El sistema prostitucional” crea las condiciones para que las mujeres se vean abocadas a la prostitución, pero ésta nunca es deseada por las mujeres, según las supervivientes. “Han inventado el sistema ideal para meternos en prostitución”, quieren “putas felices” y a las adolescentes les dicen “no seas tonta, hazte puta”, explica Tiganus, quien cuenta como ella misma cayó en la trampa.

“Yo no soñaba con ser puta. Nací en una familia de clase obrera y soñaba con ser médica o profesora. Un día al volver del colegio me metieron en un portal y me violaron entre cinco. Enmudecí por la vergüenza, el miedo y la culpa. Tenía un pánico tremendo de decírselo a mis padres y sentía que les había defraudado”, cuenta. A los 13 años abandonó el colegio y sus proxenetas fueron preparando el terreno: la apartaron del mundo en el que vivía y prepararon su traslado a España. Un 60% de las prostituidas en nuestro país, como Tiganus, proceden de Rumanía.

La historia de Broadfoot, 11 años ejerciendo la prostitución en Reino Unido, es la que nadie querría vivir. “Desde el principio supe que no era verdad que esto fuera un trabajo. He conocido a cientos de mujeres adictas a la droga, deprimidas y con trastornos mentales”, recuerda de aquellos años. Solo el asesinato de una amiga prostituida y el apoyo de una organización lograron darle el empuje para salir corriendo. “Ninguno de los hombres que me vendieron o compraron cuando era una niña fueron criminalizados, pero yo sí”. En su país las víctimas de explotación sexual acumulan antecedentes que les impiden encontrar otro trabajo o estudiar, algo que intenta combatir con su activismo. Su asociación, “Build a girl project”, trabaja con mujeres y niñas, víctimas o en riesgo de ser explotadas sexualmente.

Algo parecido cuenta Mickey Meji, activista sudafricana abolicionista que durante nueve años fue prostituida en las calles. “Nadie reconocía el sistema de prostitución como trabajo, sino que pedían un trabajo adecuado y decente”, recuerda de sus compañeras. En lugar de luchar por el sistema, su Gobierno ha intentado que “la prostitución sea más segura” o que “las personas no sean infectadas por el VIH”. Algo absurdo, opina, ya que “la razón por la que las personas se infectan es porque las mujeres no tienen capacidad de negociar con los hombres”. La prostitución para ella es “la violencia contra las mujeres más extrema que pueda haber” y el gran obstáculo para conseguir la igualdad de género. “Es imposible ser iguales a los hombres si dependemos de ellos”, simplifica.

El momento de las supervivientes

“La realidad es que los cuerpos de las mujeres son objeto de compra-venta para la explotación sexual. Ha llegado el momento de que las supervivientes nos aliemos para poder hablar en nuestro nombre”, manifesta Meji. Saben que detrás del negocio de la prostitución hay fuertes intereses y que sus propias vidas están en riesgo. “Ser prostituta en mi país tiene cierto estatus. Para mi gobierno no es importante ni urgente legislar para acabar con la prostitución. Al contrario, la compra-venta de mujeres es muy interesante para el fisco nacional”, esgrime Beatriz Rodríguez Rengifo, activista colombiana que fue “secuestrada” para prostituirse, según sus propias palabras, durante más de 20 años.

Ante las dificultades, las supervivientes han lanzado un llamamiento a la sororidad del movimiento feminista, también a académicas y fiscales. Quieren convencer de que “la trata no es un fin sino un medio para llegar a la explotación”, señala Tiganus. “Ninguna soñamos con jubilarnos de puta, sino con salir cuanto antes de ahí”, añade. Y a la hora de legislar para mejorar las prostituidas, en lugar de legalizar la prostitución como profesión, Tiganus pide “derechos de verdad” como “formación, terapia o protección”. “Todo lo demás son derechos para los proxenetas”, advierte.