8-M

Una historia épica del 8M o cómo las feministas conquistaron las calles de Madrid

  • Era 1977 cuando se celebró por primera vez en Madrid el 8M. Fue un acto en el Pozo del Tío Raimundo bajo el lema “ni una mujer en la cárcel, ni una mujer sin trabajo”
  • “Estas primeras manifestaciones fueron de una épica tremenda. Era un momento en el que las calles estaban en disputa y no era fácil para las feministas ocuparlas”

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Era 1977 cuando se celebró por primera vez en Madrid el 8M, Día Internacional de la Mujer. Un acto en el Pozo del Tío Raimundo, en Entrevías, reunió a las feministas bajo el lema “ni una mujer en la cárcel, ni una mujer sin trabajo”. El oscurantismo del franquismo se desvanecía mientras irrumpía un movimiento feminista que bullía en los barrios, las fábricas, las universidades y los institutos. Ese día las feministas pidieron amnistía por los delitos de opinión y expresión, también para las mujeres presas condenadas por adulterio, aborto o prostitución.

La jornada contaba con antecedentes. A mediados de enero de 1976 unas 2.000 mujeres bajaron por la calle Goya con el lema 'Mujer, lucha por tu liberación'. Justa Montero, activista y miembro de la Asamblea Feminista de Madrid, recuerda aquellos días históricos. “Esa manifestación fue solo de mujeres y fue muy emocionante. Había gente que nos aplaudía, otra que nos insultaba”, explica a cuartopoder. A pesar de que la manifestación se saldó con cargas policiales, un grupo de mujeres logró llegar hasta la Castellana, 3 y entregar su manifiesto nada menos que al Gobierno de Arias Navarro.

Entonces las feministas se coordinaban a través de la Plataforma unitaria de organizaciones feministas de Madrid, que integraban asociaciones tan variadas como las amas de casa, las vocalías de las asociaciones vecinales o las que se dedicaban a los estudios de la mujer. Otra movilización histórica que organizaron estas mujeres tuvo lugar el 24 de noviembre de 1976. La marcha, sin autorización gubernamental, trascurrió de Quevedo a Bilbao bajo el lema ‘Derechos de la mujer', según recuerda la hemeroteca de El País, y pedía la legalización de anticonceptivos, la supresión del delito de adulterio y la igualdad de salario para el trabajo. Las mujeres fueron disueltas a golpe de porrazos, botes de humo y detenciones.

En el albor democrático las feministas aumentaron la intensidad de una lucha que ya habían comenzado a finales de la dictadura. Durante esa época más represiva realizaban 'saltos', pequeñas y breves acciones en las que paraban el tráfico, gritaban sus consignas y huían antes de que llegara la Policía. Así lo cuenta Luisi Acevedo, histórica feminista de la Asamblea Feminista que a día de hoy sigue participando en la organización del 8M. “Nos juntábamos 30 o 40 mujeres en una calle del centro, gritábamos y en seguida nos íbamos. Siempre íbamos con el miedo en el cuerpo, aunque nos cuidábamos entre todas. No hace tantos años que se me pasó el miedo a la Policía”, relata.

La primera manifestación del 8M

La primera manifestación del 8 de marzo se celebró en numerosas ciudades españolas y contó con el apoyo de los sindicatos. Las mujeres pidieron amnistía, puestos de trabajo para las mujeres, anticonceptivos y aborto libre y gratuito. En Madrid fue relegada a un sitio hostil, el Paseo Rosales, y aun así la prensa recogió la asistencia de 8.000 personas, todo un éxito para el movimiento feminista de aquel momento. La alegría duró hasta que irrumpieron los fascistas y los 'grises' disolvieron “con golpes y porrazos”, pero no contra ellos, sino contra las manifestantes, según se narra en el libro Lugares de la memoria feminista de Madrid (2017), del colectivo Candelas Feministas.

En aquel momento convulso España gestaba su primer texto constitucional después de una larga dictadura y aquellas feministas tuvieron claro que era el momento de luchar para incorporar sus demandas como los derechos sexuales y reproductivos, según recuerda Justa Montero. La lucha era ardua porque dentro de la izquierda el feminismo también estaba cuestionado. Mientras leían textos traducidos del francés, del inglés, debatían entre ellas para tener argumentos contra un sistema que las oprimía. Comenzaron a escribir. A una velocidad de vértigo el feminismo se consolidaba en España: las primeras jornadas feministas estatales fueron en diciembre de 1975, después llegaron las de Euskadi y las de Catalunya en el 76. El segundo encuentro estatal fue en Granada en el 1978.

Estas primeras manifestaciones fueron de una épica tremenda. Era un momento en el que las calles estaban en disputa y no era fácil para las feministas ocuparlas”, recuerda Justa Montero. “Era un momento histórico, se definía la sociedad que se quería después de la dictadura y estaba todo por construir. Queríamos una sociedad feminista, un cambio en las estructuras económicas y la familia”, añade. Y de esa pelea se gestó un movimiento feminista que no ha hecho más que crecer hasta nuestros días. “Han sido muy importantes todas las batallas de las mujeres, muchas de ellas en soledad. Somos porque fuimos antes”, resume Luisi Acevedo.

Un recorrido hasta la actualidad del 8M

Siempre en constante cambio y con reclamaciones que se adaptaban al contexto, el movimiento feminista siguió avanzando. Las protestas fueron primero en el Paseo de Rosales, la calle Menéndez Pelayo y otros barrios como Vallecas, Latina o el Paseo de Extremadura. A partir de los años 80 la cita se trasladó al centro, a la Plaza Jacinto Benavente, desde donde bajaba hasta Atocha. Pero en la década de 2010 se avecina un cambio importante.

Con el ciclo del 15M, a través de la comisión “Feminismos-Sol”, las nuevas generaciones se incorporaron al movimiento feminista. Recuerdan las mayores que temían la falta de relevo generacional y que entonces se presentó la solución. En un momento de gran movilización social, con las huelgas generales de 2010 y 2012, el movimiento se repensaba con la generación más joven. El 2013, por el miedo que había a que la protesta del 8M se “institucionalizara” y perdiera su carácter combativo, se pasó a a espacios más grandes como el Paseo del Prado, la Gran Vía, y la Comisión 8 de Marzo realizó una reflexión colectiva.

Después vinieron las huelgas feministas de 2018 y 2019, dos movilizaciones masivas que, en un contexto internacional favorable a la protesta feminista, lograron movilizar a cientos de miles de mujeres solo en Madrid. Las calles rebosantes reunieron a más mujeres que nunca y, solo en el último año, 6 millones de personas se sumaron a una huelga laboral respaldada por los sindicatos. Este 8M no hay huelga feminista, pero se camina hacia adelante. Algunas de las reivindicaciones que ya clamaban las feministas en los 70 y otras nuevas están de vuelta en las calles de centenares de ciudades.

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