Seis lecciones del 26J

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Alberto Garzón y Pablo Iglesias, en una imagen de archivo. / Efe
Alberto Garzón y Pablo Iglesias, en una imagen de archivo. / Efe

“Cuando alguien está defendiendo a quien le explota,
a los ‘mercados’ o a la clase política corrupta,
ha llegado al nivel más bajo al que puede llegar un ser humano:
bendecir la porra que le golpea, besar las botas que lo pisan.”
(Julio Anguita sobre la moral del esclavo)

La sensación en la izquierda tras las elecciones del 26-J es parecida a la que se produjo hace 30 años con el referéndum de la OTAN.  Cuesta creer los datos, porque no salen las cuentas.  Y con ello se extiende la sospecha de que el poder de verdad ante las grandes cuestiones está dispuesto a todo. Pasar de acariciar con la punta de los dedos una victoria histórica a una quiebra de expectativas conduce a la melancolía y al reproche. Es lo más peligroso, lo que hay que evitar a toda costa para seguir resistiendo a la barbarie del neoliberalismo y de la austeridad. Pero dejemos el duelo y analicemos los hechos para intentar explicarnos lo sucedido.

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1. No habrá cambio sin movilización social.

Creo que esta es la principal razón por la que no se ha producido una victoria electoral. Desde hace dos años la movilización ha caído en picado y sin ella es muy difícil ganar en las urnas. No han ocupado masivamente las plazas y las calles las mareas sectoriales y ciudadanas, ni las marchas de la Dignidad, ni el rechazo al TTIP o la solidaridad con los refugiados, ni un movimiento sindical anestesiado (salvo honrosas luchas como la de los trabajadores de Coca Cola y alguna otra) que no ha sido capaz de movilizarse en solidaridad con los trabajadores franceses que luchan por ellos y por nosotros. Bien es verdad que muchos colectivos han seguido peleando a diario, como las PAH por salvar a familias concretas de los desahucios. Pero el cambio político no llegará si no es sobre los hombros de la movilización obrera y ciudadana.

2. La eficacia de la campaña del miedo.

De todos los miedos juntos y debidamente agitados: Grecia, Venezuela, el 'Brexit', la unidad de España… El miedo siempre hace carambola. Por una parte, el que tienen las élites económicas y políticas a la pérdida de privilegios; por otro, el de sectores de la población ante la incertidumbre por el cambio que pudiera producirse. Avergüenza a cualquiera la zafia campaña de Rajoy que parecía dirigida a niños de siete años, como cuando hablaba de “los malos”, por no decir los “rojos”. Pero es eficaz si un elector vota con una emoción tan poderosa que es capaz de perdonar la corrupción y los recortes. A ella se une la agresividad y el anticomunismo del PSOE. obsesionado con evitar el avance de la izquierda o la brutal campaña de medios como El País, que todos los días, incluido el 26-J, atacaba a Unidos Podemos reflejando su falta de ética periodística y su temor al cambio.

La demonización del líder de la coalición Unidos Podemos, Pablo Iglesias, consiguió inducir un nivel de rechazo equivalente al del peor presidente de gobierno que ha tenido este país. Algo que no tiene ninguna lógica, pero que manifiesta el poder de los medios y la dureza de la campaña desde el primer momento.  Era algo tan evidente que, sin ser de Podemos, escribí hace mucho tiempo un artículo titulado 'Podemos somos todos', porque tenía muy presente la campaña del poder contra Julio Anguita. Lo cierto es que el PP ha quedado primero y recupera votos y diputados, el PSOE desciende pero evita el cantado sorpasso, y el bipartidismo se alivia. Quizá la izquierda ha pecado de ingenuidad. Hay que tomar conciencia de que el poder económico y político va a resistirse con uñas y dientes para no ser asaltado por ninguna fuerza que intente mirar por el bien común y por la mayoría de la población.

3. La derecha gana cuando la izquierda se abstiene.

Así lo indica un recorrido por la historia reciente y menos reciente de este país. Así lo confirman los datos comparativos entre las elecciones del 20-D y las del 26-J: Unidos Podemos pierde 1.089.760 votos y el PSOE 120.606 votos, lo que da un total de 1.210.366 votos progresistas menos. Mientras, el PP recuperó 669.220 votos, por la mayor unidad y disciplina de su electorado, que, esta vez, ha preferido votar al original y no a la copia de Ciudadanos (C's) que también baja 390.759 votos. La pérdida de votos de la izquierda es el gran misterio de estas elecciones y seguramente tiene muchas causas que tendrán que analizar las fuerzas afectadas. Pero es evidente que la derecha ha sido capaz de movilizar a su tropa, mientras que una parte de la izquierda dolida o enojada se negaba a votar ya el 20-D  y otra parte se quedaba en casa poco ilusionada, confundida por los discursos o por el miedo.

4.  La unidad no ha perjudicado a Unidos Podemos.

Aunque es difícil saber exactamente cómo ha influido, la tendencia de Podemos antes de alcanzarse el acuerdo de unidad era a la baja, poco más del 15% en abril de 2016. IU, con su 6%, tampoco hubiera sacado mucha representación. El 21,1% alcanzado el 26-J, es bastante más que salvar los muebles: es consolidar una fuerza política de izquierdas que es votada por uno de cada cinco electores y eso no había pasado nunca en el actual periodo democrático. En el electorado de IU había más reticencias a la unidad quizá por no verse representado en parte del discurso o por la forma de abordarse conflictos como el de Madrid, que ha dejado a valiosos militantes fuera de la organización. Pero también había un electorado de baja intensidad y demasiado emocional que no estaba consolidado. Es verdad que no ha habido sorpasso, pero nunca ha estado más cerca de él la izquierda transformadora tanto en votos como en diputados. La izquierda no se puede sentir derrotada por expectativas no cumplidas ni debe sacar conclusiones precipitadas, porque es muy probable que de haber concurrido por separado no hubiera alcanzado 71 escaños.

5. Habría que desahuciar las encuestas de opinión.

Todos, absolutamente todos los sondeos electorales han fallado con sus predicciones. Las previas y las de a pie de urna, las del CIS y las de Metroscopia, Sigma Dos, etc. No han acertado ni el reintegro. Las explicaciones que están dando las propias empresas de opinión no son nada convincentes e indican que no tenían ni idea. Pero lo más grave de lo sucedido está en que sectores importantes de la población puedan llegar siquiera a pensar en la posibilidad de pucherazo. Que en 24 horas se hayan recogido 100.000 firmas pidiendo una auditoría internacional indica un serio deterioro de la credibilidad de la democracia. Algo que no pasaría si no tuviéramos un ministro del Interior bajo todas las sospechas como un amoral y manipulador sin límites. O por otro tipo de “pucherazo” –este sí real- con el voto rogado-robado de dos millones de españoles que están fuera del país y que no pueden ejercerlo, según la Marea Granate .

6. Aún queda mucho partido por jugar y la izquierda tiene una base muy sólida.

El PP no puede ser investido si no es con la complicidad de terceros. Y ahí es donde se le ponen las cosas complicadas al PSOE, que entrará en crisis, no puede reeditar su acuerdo con C's (tendría ahora menos escaños) y que sigue rechazando el gobierno de progreso que no quiso tras el 20-D. Después de que Pedro Sánchez calificase a Rajoy de "indecente", parece inevitable que el PSOE acabará permitiendo el gobierno del PP, algo que no quisieron desvelar en la campaña. Susana Díaz ha tardado solo 48 horas en hablar de abstención ante un gobierno de Rajoy, con la excusa de que “el PSOE debe pasar a la oposición”. Pero Rajoy no tiene fácil gobernar y sacar adelante leyes obligadas como los PGE, aunque podrá bloquear en el Senado los intentos de derogación de nefastas leyes de la anterior legislatura (LOMCE, 'ley mordaza', reforma laboral…). Estamos, pues, ante una legislatura muy breve.

El gobierno de la derecha que se forme, bajo la presión de la Troika y a pesar de su precariedad, va a seguir con la austeridad (8.000 millones de recortes), las privatizaciones, el ataque a  los derechos de los trabajadores, a las pensiones y el desmantelamiento del débil Estado de Bienestar. Urge analizar lo sucedido, ser autocríticos, pero reforzar la unidad, tomarse en serio la regeneración del sindicalismo, fortalecer a los movimientos sociales y la participación ciudadana para reconstruir espacios de resistencia. La unidad de la izquierda, con mayor integración y creando organización, es la condición necesaria para la victoria. Pero la condición suficiente para el cambio político real es recuperar la movilización y la confluencia con los movimientos sociales frente a los recortes que vienen y al endurecimiento de la política neoliberal. Y sobre todo ser capaces de formular una alternativa creíble de país que nos saque de la degradación y la mediocridad. Hay dos años para hacerlo.

8 Comments
  1. Trampantojo says

    Yo creo que ser autocomplacientes no conduce a nada. Bueno sí: a fracaso tras fracaso. Podría ser más bien que, tanto Podemos como Ciudadanos, que a tan alto aspiraban como alternativas al bipartidismo, han sido flor de un día. Se veía venir. En este país nuestro no cabe un tercero en los enfrentamientos cainitas de derecha e izquierda. Barcelona o Madrid, Sevilla o Betis, Madrid o Atlético, Macarena o Esperanza de Triana, etc. Se puede argumentar un larguísimo etcétera que nos acabará convenciendo de eso. Los resultados, tras el momento de cabreo generalizado de diciembre, demuestran lo atinado de este argumento. Cuando se pasa la «moda» de los partidos emergentes la gente vuelve a sus querencias: PSOE o PP. La caída de Ciudadanos y la amortiguada de Podemos contribuyen a esta explicación. ¿Que el pueblo es tonto por votar al PP? No lo creo, además de que pensar así denota un cierto aire de prepotencia y autoritarismo impropio de la izquierda. Y ya metidos en harina, hablemos de otras cosas impropias de la izquierda que han devenido en errores garrafales durante la campaña.
    El primero es ese juego con la derecha más reaccionaria que representan los partidos nacionalistas. ¿Desde cuándo ser nacionalista es ser progresista? ¿Desde cuándo ese auténtico cáncer que está en el origen de todas las guerras de los dos últimos siglos va de la mano de los movimientos obreros? ¿Se nos ha olvidado que la esencia de la izquierda es, precisamente, su carácter internacionalista? ¿Hemos olvidado aquello de «obreros del mundo uníos»? ¡¡Hay que leer más a Marx!! Sólo así dejaremos de coquetear con los herederos de la rancia burguesía catalana o vasca.
    ¿De verdad cree alguien que un obrero que no se olvida de sus orígenes va a salir a votar a un partido que se declara socialdemócrata? Pues no. Para eso votamos al PSOE, que ya sabe de estas cosas mucho más. Pero como resulta que el líder de ese partido no parece tampoco saber cómo va esto, ofuscado con presentar un programa con sólo dos puntos: que no gobierne Rajoy y Pablo vótame, pues tampoco se le vota. Me quedo en casa y ya está.
    Los votos perdidos por Ciudadanos, probablemente, han ido a parar al original: el PP. Pero los votos perdidos por Podemos e Izquierda Unida no han ido a parar al PSOE, por la falta de liderazgo ilusionante de Pedro Sánchez. Se han quedado en casa.
    En definitiva, el vivero de votos del PP o el PSOE varía poco. Ambos tienen un suelo electoral muy compactado y si gana uno u otro es por el grupo de indecisos que en diciembre decidió experimentar otras cosas pero que, visto lo visto, vuelve a lo malo conocido antes de aventurarse en lo bueno por conocer. Sobre todo cuando eso por conocer está aún deshojando la margarita para ver cómo se presentan al electorado y lo más revolucionario que hacen se refiere a «las magas de oriente», ser muy guays besándose en el Congreso y tonterías de marketing de ese jaez, para goce de la prensa de derechas. Me imagino al abuelo pensionista que ha militado toda su vida en el «verdadero» partido de izquierdas cuando le dicen que en eso consiste ahora ser de izquierdas. De pena.
    Una sugerencia para terminar, que tiene el escaso valor de una predicción: si seguimos por esa línea, el batacazo en las próximas elecciones (municipales, autonómicas, generales o europeas) va a ser de órdago. Especialmente si el PSOE se recompone con un líder que sea algo más que «un guapo a secas» (P. Sánchez dixit), como ya se ve venir.
    Saludos.

  2. Carlos says

    Creo que el contexto internacional no ayudo, en un momento de auge de la extrema derecha en Europa, el ataque imperialista contra el «progresismo» en A. Latina y el brexit, pero lo fundamental fueron los errores interno.
    Unidos Podemos no tenía programa claro, le centraron la campaña en estos ultimos seis meses y se olvidaron de lo que significan las políticas neoliberales, tender la mano al PSOE grave error y declararse socialdemócrata, bueno en el fondo keynesiano, no ilusiona. ¿Como solucionan el problema de Europa y su única aceptación de políticas de austeridad? ¿Gobernando con el PSOE?
    No habia proyecto estratégico y muchos que llevamos tiempo en el voto en blanco, votamos «tapándonos la nariz», para ayudar al sorpasso.

  3. Sebastián Vegas Cuadrado says

    Agustin.
    Me parece acertadisimo tu análisis así como tus propuestas para desarrollar la alternativa.
    sebastian.vegasc@gmail.com

  4. francisco porras lópez says

    En medio del desastre, sin nada que ver de Frente Popular, aquel de su carácter transformador y republicano, eran otros tiempos y el grado de conciencia revolucionaria, en la escena se encontraban José Diaz, Pasionaria. Hoy la escena está empalagosamente de reformistas e eurocomunistas (así está el PCE), nada que ver con una izquierda que no tiene referente marxistas y revolucionari@s…Gramsci, Lenín Lubumba, Rosa Luxemburg. El Ché, Fidel, además este tandem Syrizedo son anti história y su luchas proletarias… así no irá con los análisis de buenismo que uno lee en el plan B de reformar la UE y darle una oportunidad al capitalismo redimido. Las leyes españolas están hechas por la burguesia-oligarca

  5. Beturio says

    ategórica la posibilidad de pucherazo cuando hay múltiples indicios de que lo ha habido

  6. Beturio says

    Completo el comentario que ha resutado defectuoso.Creo que el autor niega de forma categórica la posibilidad de pucherazo cuando hay múltiples indicios de que lo ha habido

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