Tejiendo sueños de paz

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La Delegación de Benposta-Colombia durante una intervención en un Instituto de Secundaria de Madrid. /A. M.

“Los fuertes abajo, los débiles arriba y el niño en la cumbre siempre”

Lema del Circo de los Muchachos

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Hoy se firma en Bogotá el segundo Acuerdo de paz en Colombia. Cuando se está jugando un match-point entre la paz y la guerra, se encuentra en Madrid una delegación de Benposta Nación de Muchachos de Colombia. En ella vienen un niño de 12 años, líder del movimiento de Manos Rojas contra el uso y reclutamiento de niños en la guerra, y una joven de 18 años, desvinculada de la guerrilla, acompañados de activistas sociales por la infancia y la paz. Están explicando su experiencia personal en institutos públicos y universidades y qué es la Red de Entornos Protectores para la prevención y protección de la infancia en el marco del conflicto armado en Colombia. Explican que desarrollar un entorno protector es fortalecer espacios que permitan en lo educativo aportar, a los niños que han padecido la violencia del conflicto armado, una formación para la integración productiva en nuevas formas de convivencia; y en lo político-social, garantizar el goce de sus derechos básicos (alimentación, sanidad, educación, juego…) sin que su vida corra peligro.

Uno de estos entornos es Benposta-Colombia, que se fundó para recoger a los gamines colombianos que viven en contextos difíciles por dificultades económicas, por sufrir violencia sexual, por estar en la calle sin ninguna expectativa o en zonas de conflicto y verse amenazados por diferentes grupos armados. Es una extensión de la Ciudad de los Muchachos fundada por el padre Silva en los años sesenta en Orense. Aquella experiencia recogía a niños y niñas pobres que se autogestionaban con un modelo asambleario basado en la pedagogía de Antón Makárenko y que llevaba por todo el mundo un mensaje de paz con su circo. Era un espacio de protección de niños e, incluso, de refugio de algunos perseguidos políticos que recalamos por allí. Como bien se refleja en la delegación, eso mismo sigue siendo Benposta-Colombia, una entidad que lleva trabajando más de cuarenta años con miles de niños, niñas y adolescentes en un país con unas difíciles condiciones.

Colombia vive aún una guerra que dura sesenta años, que ha tenido 265.000 muertos, un coste económico equivalente a medio PIB actual, el desplazamiento y el expolio de sus tierras de siete millones de campesinos y que ha convertido en víctimas a dos millones y medio de menores. Hay que recordar que cerca de 6.000 niños se han desvinculado de grupos armados en los últimos años, según los datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. De ahí la urgencia de alcanzar la paz y la necesidad de proteger a la población, especialmente a los menores.

José Luis Campo “Pequeno, presidente de Benposta-Colombia y miembro del Consejo Nacional de Paz, nos dice que por primera vez el tema de los niños y las niñas es abordado en una mesa de negociación, partiendo del principio de que son víctimas. La firma en mayo del Acuerdo número 70 establece una mesa técnica con el mandato de construir un Patronato para la salida de los niños y niñas y un programa de inserción social para los menores de 18 años. Es reconocer al niño a partir de su dignidad, que se priorice su integración comunitaria, que los niños no sean judicializados y que sean sujetos de derecho. Benposta participa en COALICO (Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia) y en una Comisión para el Plan Transitorio de Acogida de dentro del programa de Restitución de Derechos del Niño Desvinculados del Conflicto.

Pero las cosas no son fáciles. Por un lado, porque ha habido mucho sufrimiento y quedan muchas heridas. Pero es esperanzador saber que se han abierto caminos hacia la reconciliación como el emocionante encuentro con abrazos, lágrimas y petición de perdón por las FARC a la población de Bojayá, que sufrió una masacre de 117 muertos en el marco del enfrentamiento entre la guerrilla y los paramilitares. Un hecho histórico que demuestra que los que se oponen a la paz no son las víctimas.

Por otro, porque las fuerzas del 'no', encabezadas por el expresidente Uribe, siguen oponiéndose a la dinámica de paz. La consulta del 2 de octubre fue un revés al ganar el 'no' con una baja participación (votó 'no' el 50,2% frente al 49,7%, con una abstención de más del 60%). La voluntad política de acuerdo, las manifestaciones populares posteriores, la acampada permanente en la Plaza Bolívar de Bogotá y la exigencia de paz de 114 organizaciones han obligado al presidente Juan Manuel Santos y al jefe guerrillero de las FARC-EP, Rodrigo Londoño “Timochenko” a renegociar el Acuerdo para alcanzar el máximo consenso parlamentario y social posible.

El nuevo Acuerdo recoge, según Enrique Santiago, uno de los asesores de las negociaciones, “más de cien propuestas de los defensores del 'no'”. Pero Uribe encabeza el grupo de halcones y se vuelve a oponer al segundo Acuerdo y utilizará que se refrende por el Congreso de la República, pero sin consulta, como munición electoral de futuro. No tienen interés en que la paz cristalice y avance, porque para algunos es garantía de negocio y de mantenimiento del poder y privilegios para las élites a costa de profundas desigualdades sociales.

El mensaje esperanzado de estos niños, a los que les cuesta creer que la paz es posible porque nunca la han conocido, es fundamental para que la dinámica histórica sea irreversible. Las actuaciones del Circo de los Muchachos acababan con una torre de cinco o seis pisos de niños a la que se encaramaba un niñito más pequeño que soltaba una paloma como símbolo de paz y de apuesta por los derechos de los más pequeños. Ojalá logren dejar atrás la guerra como cotidianeidad, porque sin paz no hay futuro ni esperanza, porque la convivencia es la condición necesaria para asegurar la libertad y el bienestar de las personas. Por ello la paz debe ir unida a la justicia con garantía de derechos, porque también se trata de construir un nuevo país que garantice el respeto a los derechos, porque el poder debe de estar al servicio del pueblo. Como dice José Luis Campo “Pequeno”: "Hay mucho que construir y lo que planteamos es que los niños y niñas no son una sala de espera, no se preparan para el mañana, sino que hay que garantizarles el presente y éste tiene que ver con su proyecto de vida y con el proyecto de país”Rescatando niños y tejiendo sueños de paz, de eso se trata.

Jean Paul Simard Godoy (YouTube)

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