Lo extraordinario de la lucha feminista

Clara Alonso Jiménez *

Clara-AlonsoEspaña, 23 de septiembre de 2014: El movimiento feminista hace dimitir al ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, tras la retirada de la ley de aborto. El mayor pinchazo político de la legislatura.

Polonia, 6 de octubre de 2016: 60.000 mujeres vestidas de negro fuerzan al Parlamento polaco a rechazar la prohibición del aborto, que lo pretendía castigar con penas de cárcel.

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Argentina, 19 de octubre de 2016: Decenas de miles de mujeres realizan un paro histórico y marchan en las principales ciudades de Argentina contra los feminicidios. Aquel año, una mujer era asesinada en el país cada 30 horas por violencia machista.

¿Qué conecta estas noticias entre sí? Este extraño vínculo tiene un nombre: Feminismo. Un movimiento cuyo símbolo es una alianza internacional que sostiene “la idea radical de que las mujeres son personas”, como explica Angela Davis.

Este movimiento, que solo busca una vida digna para las mujeres, ha sido denigrado, atacado y caricaturizado en un país como el nuestro, en el que algunos siguen sacando pecho por unas políticas de igualdad que hace ya demasiado tiempo fueron referencia.

El feminismo tiene algo de extraordinario. Hace un año, la manifestación del 8 de marzo sorprendió, en un momento de desmovilización: miles de mujeres ocupaban de nuevo el Paseo del Prado, con sus pancartas moradas, sus disfraces hechos en casa y unas ganas de lucha que llevábamos tiempo sin ver. Recuerdo la conversación con una compañera. Comentábamos que el feminismo tenía algo que no tenían el resto de movimientos. Esa capacidad de tejer por abajo, de conectar mujeres y de construir comunidad más allá de las agendas. Esa capacidad de llenar siempre la calle con su marcha morada.

Este 2017 el feminismo vuelve a dejarnos con la boca abierta, haciendo algo innovador y absolutamente novedoso, para lo que no encontramos precedentes. Haciendo algo de nuevo, extraordinario. El feminismo decide dar un paso más y convoca un Paro Internacional de Mujeres, que ya ha sido secundado en más de 50 países, y que movilizará a millones de mujeres este 8 de marzo.

¿Qué conecta a todas estas mujeres? ¿Qué les hace hablar el mismo idioma en varios idiomas distintos? Por un lado, sus opresiones compartidas. Las organizaciones feministas se unen para denunciar tanto el desigual reparto del empleo, trabajo de cuidados y de la riqueza, como para exigir el fin de las violencias machistas. Por otro, su capacidad de alianza: juntas tejen un nuevo internacionalismo que reclama su derecho a decidir quienes son, a quienes desean, cuales son sus proyectos de vida y como quieren llevarlos a cabo.

El movimiento feminista en España, ese que tumba ministros, ha convocado el paro en nuestro país. Nos llaman a parar en el trabajo y en el estudio de 12.00 a 12.30 horas y a no cuidar ni consumir a lo largo de todo el día. El lema que han elegido lo dice todo: ‘Juntas y fuertes, feministas siempre’.

Puede que algunos medios se centren en cubrir el grado del seguimiento del paro. Puede que esa sea la noticia. Para muchas mujeres la noticia será otra: el feminismo de nuevo se pone al frente de las protestas, al frente de los movimientos por la emancipación. En todo el mundo es, de nuevo, la punta de lanza en la defensa de los derechos humanos, que buscan mejorar la vida, no solo de las mujeres, sino de todas las personas.

Tal vez tengamos ante nosotros al mejor antídoto contra la extrema derecha. La primera respuesta que recupera el ‘Otro mundo es posible’ desde un lugar distinto al que marcan las agendas políticas racistas, sexistas y extremadamente peligrosas del nuevo fascismo internacional. Tal vez sea eso, y como otras tanta veces, no seamos capaces de verlo.

Las feministas, como cada 8 de marzo, seguirán sorprendiendo, haciendo cosas extraordinarias. Nancy Fraser explica que el capitalismo es cada vez más incompatible con la vida, por esa tensión permanente entre la necesidad de las actividades de reproducción social externas a él y esa lógica suya de acumulación ilimitada que mercantiliza todo. También explica que la clave para acabar con estas contradicciones es buscar una nueva alianza entre las luchas por la emancipación y las luchas por la protección social. De esto nos habla también este feminismo, profundamente anticapitalista, que pone el grito en el cielo por vidas dignas y vivibles para todas las mujeres.

Este 8 de marzo convoca una huelga mundial de mujeres, inspirándose en la lucha de las islandesas que en 1975 consiguieron que pararan el 90% de las mujeres de su país. Es lo que tienen las cosas extraordinarias.

(*) Clara Alonso Jiménez es responsable de Comunicación de Izquierda Unida.