En torno al aniversario de la legalización del PCE

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José Luis Centella*

Cuando el 9 de abril de hace ahora cuarenta se producía la legalización del PCE, atrás quedaban años de sufrimientos, de fusilamientos, de cárcel, pero sobre todo de lucha por la libertad y la defensa de los más débiles. Eran momentos de euforia, de esperanza en poder cambiar muchas cosas, conseguir una sociedad plenamente democrática que terminara con los privilegios de quienes habían dominado la economía, la política y la vida de la gente durante más de cuarenta años.

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La realidad es que a la muerte del dictador las fuerzas del sistema y los aparatos del régimen franquista como el Ejercito, la Policía y los jueces disponían de una amplísima hegemonía para garantizar el consenso social sobre la reforma del régimen político y para excluir su ruptura.

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Dicho esto hay que reconocer que la España de hoy se parece en poco a la España de 1997, pero si se parece en algo esta España “democrática” a la España franquista es en que la economía sigue estando dominada por los mismos poderes, y si nos apuran, en muchos casos, por las mismas familias, y que la justicia sigue con los mismo esquemas que tenía en el régimen anterior, produciendo situaciones tan dramáticas como las vividas por las condenas de sindicalistas o los ataques a la libertad de expresión.

Una cosa si debería quedar clara en estos tiempos en los que se trata de reescribir tantas historias: la legalidad fue conquistada a pulso por un Partido que no se resignó a ser apartado de un proceso electoral que ya estaba en marcha y que había sido aceptado por el PSOE sin poner condiciones, por eso cuando ahora se trata de “vender” que el PCE se ganó esta legalidad, dando muestras de capacidad de organización y de contención en el entierro de los Abogados de Atocha, asesinados por pistoleros fascistas con la complicidad del aparato represor del franquismo, no solo se está faltando a la verdad sino que se está lanzando un mensaje con una clara intencionalidad de señalar que solo cabía en “ese” sistema democrático un partido que se contuviese en sus afanes rupturistas.

Pues bien, no es verdad que el PCE se ganase la legalidad a golpe de moderación, porque entre final de Enero y Marzo el Partido Comunista de España se ganó la legalidad en la calle, con decena de actos y movilizaciones, con entregas públicas de carnés, con la renuncia a presentarse a las elecciones “vestido de lagarterana” o en candidaturas independientes y con la determinación de poner mesas en las puertas de los colegios electorales para provocar centenares de detenciones que hubieran deslegitimado cualquier proceso electoral, por mucho que en él hubiera participado el PSOE.

No hay que negar la influencia de la negociación de la dirección del Partido con el Gobierno, e incluso con la más alta magistratura del Estado, pero también hay que poner de manifiesto que estas presionaban utilizando incluso intermediarios internacionales como el presidente de Rumania para tratar de que se aceptara aplazar la legalización hasta después de las elecciones, a lo que el Partido se negó en rotundo.

Por lo tanto, este 9 de abril hay que poner sobre la mesa la verdad, que la legalización del PCE fue fruto de la determinación de su dirección y de la capacidad de movilización de su militancia. Es importante dejar las cosas claras porque, como decía, esta interpretación no es neutra y nos lleva a situar que en cualquier sistema los cambios no se consiguen con la negociación palaciega, sino con la determinación y la lucha social.

Desde esta afirmación es necesario dejar claro que al PCE no hay que agradecerle los servicios prestados para facilitar la transición con su moderación, sino que al PCE hay que agradecerle su lucha por las libertades, su resistencia a la dictadura, su capacidad para plantear una salida democrática sin exclusiones y su lucha por los derechos sociales, ya que detrás de gran parte de los avances sociales, vecinales y de todo tipo que se consiguieron en aquellos años siempre estaba la militancia comunista que con otras muchas personas plantaban cara a las injusticias laborales, a la especulación y la marginación, porque detrás de este intento de agradecer los servicios prestado al PCE se esconde el intento de esconderlo en una bonita estantería como una pieza de museo, y nada más lejos de la realidad. El PCE, con toda modestia, pero con toda la determinación del mundo, está decidido a seguir siendo parte activa de la lucha por conquistar una sociedad realmente justa y democrática.

De esta manera, el PCE trata de analizar la experiencia para aprender que el objetivo no puede ser alcanzar sólo una democracia política, sino que también es imprescindible una democracia económica y social, incompatible con mantener intocable el sistema económico, cuestiones que deben plantearse como inseparables, ya que, no será posible construir una sociedad democracia desde la desigualdad social sin conseguir la igualdad de derechos y de deberes, objetivos que el PCE de 2017 se plantea en lo que hemos denominado estrategia de Ruptura Democrática y Social.

(*) José Luis Centella es secretario general del PCE.
6 Comments
  1. luis says

    HUBO SU FALLO Y MUCHOS ACIERTOS UN SALUDO A LA MILITANCIA COMUNISTA

  2. pat says

    Anteojeras de la transición y cháchara vacía. Entre los Llamazares, Frutos y Centellas y los Garzón, Anguita y Monereos sabemos distinguir dónde hay pensamiento y acción y dónde pesebre e inanidad intelectual.

  3. pat says

    O por ordenarlo respectivamente: Anteojeras de la transición y cháchara vacía. Entre los Llamazares, Frutos y Centellas y los Garzón, Anguita y Monereos sabemos distinguir dónde hay pesebre e inanidad intelectua y dónde pensamiento y acción.

  4. Demócrata. says

    ¡Que barbaridad! Encima de que a los que colaboraban con brazaletes rojos en las mesas electorales quedaban estigmatizados por una sociedad fundamentalmente anticomunista en su inmensa gran parte, a aquellos nilitantes, muchachos en su mayor parte (muchos de ellos menores de edad), se les exponía por el PCE a ser encarcelados. Es decir, si alguno de ellos pensaba que detrás había un partido dispuesto a batirse el cobre por los camaradas, ahora vemos como se va esclareciendo otro de los tristes capítulos de la historia del PCE: la distribución de carnés y credenciales a unos jóvenes idealistas, para que sirvieran como carne de cañón frente al enemigo. Mientras algunos dirigentes salían de las cárceles con el decreto de amnistía, recibiendo el trato de imprescindibles en la reconstrucción del partido, a los jóvenes comunistas de reemplazo se les reservaba un futuro carcelario. ¡Grande Centella!

  5. Araceli says

    Inquietante el grado de ignorancia y desconocimiento de los procesos históricos objetivos, del que hace gala un «demócrata»…»¡Para que sirvieran como carne de cañón!..se les reservaba un futuro carcelario». En fin, sin comentario.
    Está todo por hacer. Se necesitan comunistas.

  6. Demócrata says

    Sra. Araceli, inquietante su grado de lectura, al atribuirme como afirmaciones mías unas conclusiones que se infieren de las consideraciones expuestas por Centella.
    No he planteado mis conclusiones como algo que pretende ser definitivo, sino como aclaratorio de aquellos hechos valorados con orgullo, cuando en su momento dejaron mucho que desear.

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