La fuerza de Carmen, el legado de Chacón

Ion Antolín Llorente (*)

Me citaron una mañana de sábado. Fue alguien de tu máxima confianza. Os había hablado de que tenía ciertas capacidades y experiencia en Comunicación y que tampoco me era ajena la política, sus costumbres y entresijos. Ya me tenías sin necesidad de esa reunión. Sabía que la propuesta era para integrarme en tu equipo al máximo nivel, y aunque muchos años atrás me prometí no volver a la política ni sus aledaños, siempre supe que solo lo haría por una persona: eras tú.

España necesitaba una mujer al frente del gobierno y te observaba desde hacía años con esa esperanza. Por eso no necesitaba reuniones ni propuestas para darte el sí. A mí no me tenían que convencer. Tras aquello descubrí a una persona con unas convicciones tan fuertes como testaruda y segura de sí misma. No te arrugabas. Sinceramente, jamás comprendí para qué necesitabas asesores. Eras bastante más inteligente y creativa que la mayoría de los que te acompañamos en algún momento de tu vida. Y además tenías una tendencia que nos ponía de los nervios, que básicamente consistía en tomar tus propias decisiones. En tiempos oscuros de candidatos creados en reuniones de marketing, de ideologías de conveniencia y si no te gustan mis principios dame dos minutos que me escriben otros, tú eras la definición de lo auténtico. Pura fuerza. Una vocación de servicio a los demás que abrumaba, propia de la que tiene tanto dentro por aportar a su país que no darle las herramientas para hacerlo sería delito.

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Recuerdo una dura decisión que tomaste hace pocos años. Nos escuchaste a todos con atención y actuaste como creíste oportuno con toda esa información. Mi opinión era minoritaria, solitaria entre los que te rodeábamos esa tarde en tu casa, la misma en la que te nos has ido para siempre. Con el tiempo, conversando con los que estábamos allí y otros que conocían los detalles, me dijeron que tras muchas consultas no encontraste a nadie que lograse rebatir mis argumentos. Al menos como para convencerte. Yo creo que quizá querías haber hecho otra cosa, aunque nunca me lo dijiste. Con el tiempo vimos que fue lo acertado, pero para asumir la tesis de un recién llegado y hacerla tuya contra el criterio de tantos grandes y viejos conocedores de la política había que tenerlos bien puestos. Esa eras tú en estado puro.

Cuando me contaban estas cosas, debo confesar que yo era todo orgullo. Hoy lo recuerdo y soy todo lágrimas. No puedo dejar de pensar en qué madre, qué política, qué mujer, qué gran amiga ha perdido este país. Que huérfanos se quedan el PSOE y el PSC de la garra que otorgan los principios firmes y el valor de enfrentarse a la adversidad.

Otro día Carmen, porque hoy no puedo ni me sale, tendré un rato para esos que siempre esperaban tu fracaso con champán barato que no pagaban ellos. Los que no te perdonaron ser mujer y ponerlos en su sitio. Una vez, y las que hicieran falta. A esos los cogeré otro día, y habrá para todos. Hoy, y mañana también Carmen, solo vamos a llorarte. Y a recordarte en la plenitud que vivías durante los últimos tiempos. Con ese Instragram tuyo que le cantaba a la vida a la menor oportunidad. En los amaneceres y los atardeceres, volando sobre el océano en tu última foto en esa red social, en la que nos contabas que tenías tantas ganas de ver a tu hijo…

Te nos has ido, Carmen, y nos queda tu fuerza. Además, el legado de Chacón deberá ser honrado por aquellos que fuimos tus compañeros. Por dos partidos políticos que bien harán en enseñar a las nuevas hornadas de jóvenes lo que era hacer política con pasión. Hoy nos vemos muy solos, pero con el paso de los días nos daremos cuenta de hasta qué punto Carme Chacón cambió muchas cosas para siempre en nuestro país. Te quiero amiga. Hacías nuestra vida mejor.

(*) Ion Antolín es periodista especializado en comunicación corporativa y política.