Pensionistas con futuro

Miles de jubilados cortan el acceso al Congreso de los Diputados para reclamar pensiones dignas
Miles de jubilados, exigiendo un sistema público y sano de pensiones, cortaron ayer la Carrera de San Jerónimo frente al Congreso de los Diputados. / Jesús Narvaiza (Efe)

El 15-M comenzó con un movimiento autodenominado Juventud sin Futuro. Casi una década después, regresa con Pensionistas con Futuro. Más que nada porque tienen el futuro de este país en sus manos. Y exactamente por las mismas razones que hace siete años. Cuando se escuchó la voz de Juventud sin Futuro, muchos periodistas siguieron el juego sobre todo porque les hizo gracia. Eran unos muchachos con un lenguaje desconcertantemente conservador. En lugar de pedir lo imposible o de gritar “la imaginación al poder”, esos chiquillos reivindicaban su derecho a un futuro normal: una escuela pública, una sanidad decente, un salario digno para poder fundar una familia, para poder tener hijos, para no tener que emigrar siguiendo las demandas de trabajo de un mercado laboral demente y suicida. Pedían, incluso -cuántos periodistas se rieron de ellos con magnánima sorna- una pensión. ¿Ya estáis pensando en una pensión y tenéis dieciocho años?, se les preguntaba en algunos debates de televisión.  Eran unos jóvenes muy extraños. Por aquél entonces nadie esperaba que este pintoresco asunto iba a tambalear el espectro político del bipartidismo, transformarse en setenta y un inesperados diputados y que iba a conseguir ganar los ayuntamientos de Madrid, Cádiz y Barcelona. Fue el milagro político más sorprendente que ha vivido este país desde la Transición.

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Muchos venían anunciando un declive imparable de tanto entusiasmo. Pero, ayer, Juventud Sin Futuro se transformó en Pensionistas para el futuro. No es posible minusvalorar lo que está empezando a ocurrir.  Los pensionistas que ayer, 22-F, cortaron la Carrera de San Jerónimo y “rodearon el Congreso” –lo mismo que los que salieron a la calle en Bilbao, Sevilla, A Coruña, Barcelona, Valladolid, etcétera–  tienen la llave del futuro mucho más aún que los jóvenes que lo intentaron estos años atrás bajo el lema “Rodea el Congreso” y que fueron tan violentamente reprimidos. Habría que estar ciego para no verlo:

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1. La pirámide de población del 2018 habla por sí sola. Son mayoría y aún son jóvenes, muchos entre sesenta y setenta años. De todos modos, no será muy presentable empezar a abrirles la cabeza a porrazos.
2. No tienen miedo, todos conocen el franquismo (esto les parece merde). Y además de no tener miedo, tampoco tienen Twitter ni redes sociales (lo que también les parece merde). Y paradójicamente, esto es una gran ventaja: no van a luchar en su muro de Facebook, sino en las calles.
3. No sólo es por sus pensiones por lo que han estallado, es por sus hij@s y sus niet@s, es decir, todos nosotr@s, a los que están manteniendo con una pensión (esta vez sí, de mierda).
4. Una parte importante de esa franja de edad es la que más ha sostenido al PP en las últimas convocatorias electorales. Si los jubilados de este país, empiezan a perder la paciencia, el PP está perdido.
5. Aquí no son necesarias vanguardias ni complejidades ideológicas, el sentido común canta por sí solo: una pensión de 600 euros es una broma de mal gusto y nadie puede pretender que es posible sobrevivir con ella, manteniendo, además, a todos los parados de la familia.

El nuevo 15-M comenzó ayer y renacerá de esta lucha. En 2019 se va a revisar el plan de viabilidad de las pensiones (dentro del pacto de Toledo), con tendencia a la baja. No es poca broma: la situación es ya insostenible en centenares de millares de hogares; para tocar fondo, puede bastar con una mínima subida en la factura de la luz. No llegar a fin de mes: este sí que es un tema “transversal” donde los haya.

Desde el año 2008, cuando comenzó la crisis, este país se ha transformado en una olla a presión a punto de estallar. Es de lo más razonable que estalle por un asunto razonable  y que todo el mundo pueda entender al primer vistazo. Del futuro de las pensiones, en estos momentos, depende el presente de una mayoría de la población en todas las franjas de edad.

«Hay que golpear dentro y fuera del Parlamento. Así se demostrará que estamos en muchas mejores condiciones para luchar que en 2011»

Hay reivindicaciones a las que les basta ser discutidas en público para tener ganada la batalla. Si el problema de las pensiones se llega a discutir en serio en el Congreso, lo que no ocurrirá sin una fuerte presión en las calles, toda la estupidez criminal de este sistema económico saldrá a la luz y será imposible cerrar los ojos. Ahora tenemos esa posibilidad en nuestras manos. Hay que golpear dentro y fuera del Parlamento al mismo tiempo. Así se demostrará que estamos en muchas mejores condiciones para luchar que en el año 2011, cuando todas las plazas de este país se llenaron de indignados, mientras el Congreso estaba habitado por una pandilla de sinvergüenzas y de presuntos delincuentes, tantos de ellos ahora ya imputados. Se demostrará lo mucho que hemos ganado desde entonces.

Los pensionistas son ahora el nuevo 15-M. Vayamos todos con ellos.