La vivienda no es un privilegio

vivienda
Hablar únicamente de personas sin hogar es hablar de las víctimas de este fenómeno en el que se mezcla la desigualdad económica, la exclusión social extrema y la invisibilidad. / josemdelaa (Pixabay)

En España hay 31.000 personas sin hogar. A este problema social lo llamamos ‘sinhogarismo’. Aproximarnos a la realidad social de una manera distinta necesita de nuevas palabras, de nuevas miradas. Hablar de ‘sinhogarismo’ en lugar de hablar de personas sin hogar supone tener una mirada más amplia no solo del problema sino, sobre todo, de sus causas. Significa tener en cuenta otros factores que influyen de manera determinante para que una persona llegue a situación de calle, como son las ridículas políticas sociales de vivienda y un mercado laboral feroz y agresivo. Hablar únicamente de personas sin hogar es hablar de las víctimas de este fenómeno en el que se mezcla la desigualdad económica, la exclusión social extrema y la invisibilidad, es hablar de la situación de las personas, pero invisibilizando las causas que la provocan. El concepto de ‘sinhogarismo’, por tanto, lo que nos ofrece es una mirada más amplia de un problema social que es necesario si queremos erradicarlo y no únicamente parchearlo. Nombrar el ‘sinhogarismo’ supone dejar de hablar de situaciones particulares de las personas que lo sufren para nombrar un fenómeno social que se caracteriza, sobre todo, por una brutal vulneración de derechos humanos en nuestras calles y plazas.

Publicidad

«Existe una construcción social de las personas sin hogar que por un lado las culpabiliza de su situación, y por otro, se las considera posibles delincuentes»

Publicidad

Este enfoque más amplio que ofrece el concepto de ‘sinhogarismo’ facilita romper con los estereotipos que hay sobre las personas sin hogar. En la actualidad, existe una construcción social de las personas sin hogar que por un lado las culpabiliza de su situación (“si no van a los albergues y están en la calle porque quieren”, “algo habrán hecho para estar así”, “son vagos y drogadictos”), y por otro, construye una representación social de las personas sin hogar como posibles delincuentes, por eso agarramos las mochilas cuando pasan a nuestro lado en una terraza o evitamos sacar dinero en un cajero en el que hay alguien durmiendo dentro o esquivamos los lugares en los que hay personas sin hogar.

Abordar el ‘sinhogarismo’ como un problema de vivienda conlleva replantearse los modelos de intervención social e implicar a otras áreas de intervención más allá de servicios sociales. Sin embargo, solo en raras ocasiones encontramos que los departamentos con competencias en política públicas de vivienda tengan entre sus objetivos que nadie viva en la calle. El ejemplo más reciente es la aprobación por parte del Gobierno de España, el pasado mes de marzo, del Plan de Vivienda (2018-2021), que destina 1.443 millones de euros para las políticas sociales de vivienda. Esta cifra supone un 0,03% del PIB. España es, junto con Chipre y Malta, uno de los países de la UE que menos invierte en ayudas para vivienda según datos de la OCDE. Parecería lógico que dentro del presupuesto del Plan Estatal de Vivienda se incluyeran medidas específicas para facilitar el acceso a una vivienda de aquel colectivo que, precisamente, definimos y nombramos por la ausencia de esta: las personas sin hogar. Sin embargo, el Gobierno de España descartó esta posibilidad a pesar de las propuestas que le llegaron de las organizaciones expertas.

«Vivir en la calle es una vulneración de Derechos Humanos que afecta a la salud, la seguridad y la vida diga que todo ser humano merece»

La crisis de vivienda que recorre Europa arrasa a su paso a miles de personas. Las personas sin hogar no son las únicas víctimas de está crisis, de hecho, solo un pequeño grupo de personas privilegiadas en España no sufre esta crisis que afecta a los precios de alquiler y de compra de vivienda. Pero es cierto que las personas sin hogar son las más olvidadas y las que sufren en mayor grado la violencia del mercado de la vivienda. Vivir en la calle es una vulneración de Derechos Humanos que afecta a la salud, la seguridad y la vida diga que todo ser humano merece. Situar a las personas sin hogar al margen de la ciudadanía pone en cuestión los pilares básicos de una sociedad democrática que aspira al Estado del Bienestar. Ninguna sociedad democrática puede asumir que una persona muera cada 6 días mientras vive en la calle como sucede en España.

Necesitamos hablar del ‘sinhogarismo’ como un problema de vivienda, como una vulneración de Derechos Humanos y necesitamos que las Administraciones públicas asuman la obligación de garantizar el derecho a una vivienda digna y adecuada a toda la ciudadanía. Es urgente comprender que la carencia de un hogar no es solo la ausencia de un recurso material, sino que tiene enormes implicaciones sociales que no se resuelven en el sistema tradicional de atención a personas sin hogar. Hablar de ‘sinhogarismo’ como un problema de vivienda facilita que podamos ver a las personas sin hogar no como objetos en las calles o como personas irrecuperables para la sociedad, sino como ciudadanos y ciudadanas titulares de derechos con una brutal capacidad para sobrevivir en la vida. Hogar, sí.

RAIS. Hogar, Sí (YouTube)

(*) Cristina Hernández es Responsable de Incidencia en RAIS.