Pedro Sánchez: el retorno

  • La sensación es de alivio, de alegría contenida y de expectativas positivas. No se puede hablar de esperanza, creo yo
  • La figura de Pedro Sánchez como gobernante va a ser construida frente a una feroz oposición de la derecha social, mediática y política

Lo que mejor comunica es el poder del gobierno

La sensación es de alivio, de alegría contenida y de expectativas positivas. No se puede hablar de esperanza, creo yo. Las gentes saben que se trata de una maniobra en el palacio y que la conexión con ellas y sus problemas son lejanas. En realidad, ha sido una moción de censura nada constructiva. Ha faltado programa, propuesta y ha prevalecido el rechazo. La tarea impostergable era expulsar a una fuerza política corrompida y corruptora que ha roto los pactos básicos de la transición y que condenaba a las mayorías sociales a la precariedad, la desigualdad y el autoritarismo.

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Hay muchas incógnitas, pocos compromisos y definiciones imprecisas; seguramente es el coste que se ha de pagar a la improvisación, a una mayoría heterogénea y conflictual y a las propias ambigüedades que han venido caracterizando la persona de Pedro Sánchez. Lo primero que hay que tener en cuenta es que Sánchez pretende gobernar un largo periodo electoral. El sistema de partidos está en crisis y debe afrontar un ciclo electoral completo donde todo es posible. El PSOE intenta gobernar el proceso con el objetivo evidente de convertirse en el eje de recomposición del sistema. Es una vieja añoranza volver al Felipe González del 82 e intentar protagonizar una enésima modernización del país. Tener el gobierno es tener mucho poder, sobre todo para dirigir una etapa política como la que viene.

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Una prioridad será saber gestionar la polarización política que se iniciará pronto. La figura de Pedro Sánchez como gobernante va a ser construida frente a una feroz oposición de la derecha social, mediática y política. Esta polarización define campos, construye alianzas y tiende a beneficiar a los dos grandes partidos del sistema, es decir, PSOE y PP. Sánchez tenderá a representar la moderación, la altura de miras en torno a propuestas de calado que consoliden una imagen de cambio posible y real. El PP, por su parte, tenderá a monopolizar la oposición parlamentaria y social en torno a sus viejos temas de siempre, cuestionando la legitimidad del gobierno y anulando, en la medida de lo posible, el papel de Ciudadanos. No se trata solo de un juego de estrategias sino de realidades que configurarán percepciones, que intervendrán en los imaginarios sociales y que, al final, tendrá consecuencias electorales.

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Hay una tercera cuestión que merece la pena destacar y que tiene que ver con el papel a jugar por Unidos Podemos. El esfuerzo de la formación que coordina Pablo Iglesias ha sido sostener una oposición clara y nítida al PP, ofrecerse para vehicularla y proponer sistemáticamente al Partido Socialista su disponibilidad para apoyar una moción de censura que tuviera como objetivo desalojar al PP. Se puede decir que hay una continuidad entre la moción de censura presentada por Pablo Iglesias y la presentada por el PSOE. El “sí se puede” desde la bancada de UP reflejaba esta continuidad y su predisposición para traducirla en una acción de gobierno que afronte los retos políticos, sociales y económicos que el país tiene por delante. El realismo obliga a ser prudentes. El candidato Pedro Sánchez se comprometió poco y asumió dos límites que hay que tener siempre en cuenta: la dependencia de las directrices de la Unión Europea y los presupuestos del PP recientemente aprobados.

La formación de gobierno dará algunas pistas y aún más la próxima aprobación del techo de gasto que hay que presentar en Bruselas. Lo que viene por delante, a mi juicio, es una gestión del ciclo electoral con un conjunto de medidas-estrella que emitan señales positivas a la población en un contexto de una oposición especialmente bronca de la derecha. El gobierno de Sánchez equilibrará medidas materiales y post materiales buscando acuerdos con los agentes sociales e intentando organizar una amplia alianza con las capas medias cultas y las clases trabajadoras. La modulación dependerá mucho, siempre, del momento electoral. Queda la incógnita de la baronesa del Sur que, cosas de la política, puede beneficiarse mucho del gobierno de su principal adversario político hasta el punto de adelantar al otoño las elecciones andaluzas. La fecha de las elecciones generales va a depender de los resultados del PSOE en el ciclo electoral, la oposición del PP y un contexto internacional con amenazas cada vez más visibles.

Conscientemente he dejado para el final hablar de Unidos Podemos y sus específicas relaciones con el nuevo gobierno del PSOE. Dos conceptos son definitorios y están relacionados: gobernar el ciclo electoral y gestionar la polarización política. Gobernar significará para el PSOE dirigir, organizar los tiempos, controlar la agenda y usar el poder del ejecutivo del Estado a fondo; gestionar significará para el PSOE sacar partido, forjar alianzas, definir imaginarios y construir posición política frente a una oposición dura de la derecha que, por ser real, se vivirá como un conflicto existencial que obligará a elegir en cada momento entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la oposición de Rivera y Rajoy. Entre la subalternidad y la autonomía hay un territorio significativo, pero esta minado. Unidos Podemos tiene un espacio político proprio forjado en condiciones especialmente difíciles, cuadros preparados y vinculaciones significativas con las mayorías sociales; tiene que estar ahí, disputando la hegemonía día a día, combinando talante unitario e iniciativa política, cooperación y autonomía; lucha social y trabajo institucional. No será fácil ¿Cuándo lo fue?

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