La venganza de los caciques

Ángel Luis Hernández García

Comienza el curso y no podré volver a las aulas; la venganza de los caciques se consuma. Finaliza el verano y el castigo arbitrario e ilegal sobre mi persona se confirma. La consejería de Educación de la Región de Murcia, en manos del PP y dirigida por Adela Martínez Cachá, no ha dado su brazo a torcer y me excluye de las listas de interinos y de la posibilidad de participar en los actos de adjudicación de vacantes de inicio de curso. Por primera vez en más de 12 años no podré trabajar.

Publicidad

¿La razón? Está clara: luchar, junto a mis compañeros y compañeras, por los derechos del colectivo docente interino y por una escuela pública de calidad.

¿La excusa? En las oposiciones recientemente celebradas fui excluido por motivos que no me han sido notificados. Presuntamente existió un error en la informatización de mi instancia de participación, a pesar de poseer en mi poder un justificante seriado y haber pagado las tasas de examen correspondientes. Pero en realidad los motivos los desconozco, ya que la administración no ha respondido a mis alegaciones. Tanto es así, que pude presentarme a realizar el primer examen al amparo de la propia justicia, pues existe un claro indicio de vulneración de mis derechos fundamentales. Será un proceso que debe continuar y lo voy a llevar adelante, caiga quien caiga; y a lo mejor hay gente que no podrá presentarse a las próximas elecciones si es imputada por ello. No me va a temblar el pulso.

Publicidad

Lo peor es la sensación de rabia e impotencia, sentir que nuestra vida está en manos de personas sin alma y sin corazón, que solo se dedican a medrar desde un cargo político. Son desalmados que dicen ocupar las instituciones para administrar a una ciudadanía a la que machacan y criminalizan, con el único objetivo de satisfacer sus egos, esconder sus propias frustraciones, y vivir a costa de los demás desde su mediocridad y su sectarismo.

Perdonadme si parezco duro o excesivo en mis afirmaciones, pero no es para menos. La política española está repleta de lamentables ejemplos de caciquismo e incompetencia; solo hay que ver un informativo. Es la dura realidad. Así nos va.

Como muchos sabéis este año había oposiciones de Secundaria y yo, como miles de docentes, las estaba preparando con la ilusión de conseguir plaza como funcionario de carrera. Desde 2010 no se convocaban plazas de una especialidad como Matemáticas, producto de los salvajes recortes en Educación que tanto hemos criticado y padecido en la red pública, mientras se ha estado beneficiando con dinero público los intereses afines de empresas privadas que han visto un filón de negocio en la Educación. Eso sí, un filón subvencionado y protegido por el conservadurismo más retrógrado desde el nacionalcatolicismo.

Han sido muchos meses de preparación, estudio y sacrificio. Ya había alcanzado experiencia suficiente, me había formado de manera continua, incluso alcanzando una habilitación para programas bilingües en inglés, y tengo puntuación por haber aprobado previamente otros procesos selectivos anteriormente. Con un poco de suerte, podría haber sido mi año. Seguro que muchos y muchas os sentís identificados con ello.

Pero los caciques no me lo han permitido…de momento, claro. Haber estado trabajando por mejorar las condiciones de precariedad de los docentes interinos desde una pequeña asociación como AIDMUR, al parecer, tiene un precio. Parece que no han asimilado bien que les hayamos ganado en el Tribunal Supremo la derogación de la práctica ilegal, fraudulenta y abusiva de despedir a los docentes en verano para volverlos a contratar en septiembre, discriminándolos en sus derechos a pesar de realizar el mismo trabajo que sus compañeros funcionarios de carrera. Sí, el mismo. Pues a pesar de haber sido vapuleados por el TS, aún no han salido a pedir perdón, ni tampoco han querido hablar con quienes iniciamos la batalla legal, a pesar de que AIDMUR ha sido la única parte recurrente.

Y tampoco son capaces de tolerar la crítica a los recortes o a un funcionamiento que, en ocasiones, es manifiestamente mejorable, poniendo en tela de juicio una gestión que podría ser más eficiente o más justa. Es que les molesta, incluso, que se les presenten propuestas de mejora, ya que todas ellas son rechazadas con displicencia. No admiten nada. Y eso es, también, un síntoma de caciquismo.

En otras muchas ocasiones lo que nos hemos encontrado ha sido, directamente, una mentira tras otra, la manipulación y la demagogia más ramplona. Utilizan muy bien una maquinaria propagandística a su servicio, aprovechando la debilidad de recursos financieros de los medios de comunicación que, con carácter muy extendido, viven de la publicidad institucional, graciosamente concedida. Entiendo la necesidad, pero no entiendo el servilismo.

Nuestra victoria en el Tribunal Supremo ha escocido, muchísimo. Tanto, que algunos han babeado de pura rabia y no podían permitir que esto quedara sin la oportuna venganza. Les ha dado igual personalizar su odio incontenible en mi persona y se puso en marcha la máquina del resentimiento. Y eso ha significado que me encuentre, hoy día, fuera de las listas de interinos, sin poder trabajar en mi vocación desde hace 12 años. Y lo más curioso es que no sé por qué. No han respondido a mis alegaciones y oficialmente no sé cuál es la razón de mi exclusión de las listas. Y tampoco han permitido la subsanación del posible error en mi instancia de participación. E insisto, poseo un documento de solicitud codificado y un justificante de pago de las tasas correspondientes. A fecha de hoy siguen sin responder a mis alegaciones, y tampoco han tenido en cuenta mi examen, ya que todo esto deberá resolverse ante la justicia; si bien puede tener graves implicaciones. Todo está en el juzgado e, incluso, lo he mostrado públicamente.

Evidentemente estamos ante una arbitrariedad, que es la forma habitual e inconfundible de actuación de los caciques. Esa es su seña de identidad.

Sigo pendiente de que la Justicia se pronuncie y sé que la razón me asiste; ya existe jurisprudencia al respecto, pero estoy convencido de que hay quien está disfrutando de todo esto, con mi propio sufrimiento. Esos son los peores, los que se regodean con el mal que ellos mismos infligen desde sus mal entendidos feudos de poder. Son capaces de utilizar las instituciones y la administración para el abuso y para la venganza personal, en vez de procurar mejorar el servicio debido a los ciudadanos, que somos quienes pagamos sus sueldos.

No me voy a dejar amedrentar, no voy a ceder, y llegaré hasta donde tenga que llegar. Los caciques no me producen miedo. El próximo lunes no podré examinar a mis alumnos y eso me apena, pero volveré a las aulas y seguiré luchando por mejorar la Educación. Y lo seguiré haciendo junto a mis compañeros y compañeras, con propuestas y desde la reafirmación en mis convicciones. Sé que no estoy solo, aunque os pido que esta infamia no quede en el olvido. La educación pública merece una dignidad que los caciques no pueden darle.

Ángel Luis Hernández García es Presidente de la Asociación de Interinos Docentes de la Región de Murcia (AIDMUR)