Ahora que España sí que va bien, mimémosla

  • El ruido sobre una supuesta jornada de caos y violencia en Cataluña que nunca se produjo eclipsó las medidas aprobadas el 21 de diciembre

En los últimos dos Consejos de Ministros del 2018 ha subido el SMI a 900€, los salarios de los funcionarios aumentan un 2,25% como mínimo y las pensiones entre un 1,6% y un 3%. Son importantes avances de lo que podría suceder si se aprueban los Presupuestos acordados por el Gobierno y Unidos Podemos; y son consecuencias directas de la moción de censura que desalojó al Gobierno de PP y Ciudadanos de La Moncloa.

El mismo 21 de diciembre en que se aumentaba el SMI y los salarios de los funcionarios el Ayuntamiento de Madrid aprobaba su presupuesto para 2019 en el que los servicios y promoción social crecen en un 20% alcanzando un incremento del gasto social del 70% en esta legislatura. Por comparar, el mismo 28 de diciembre en que aumentaban las pensiones, el Tribunal de Cuentas condenaba al gobierno municipal anterior del PP a devolver 25 millones de euros por haber vendido a precio de amigo viviendas sociales de las familias madrileñas a fondos buitres extranjeros.

Sin embargo el ruido sobre una supuesta jornada de caos y violencia en Cataluña que nunca se produjo eclipsó las medidas aprobadas el 21 de diciembre; el acuerdo de Ciudadanos y PP con los ultras en Andalucía tapó casi tanto las medidas aprobadas el 28 como el escándalo madrileño del PP. La sensación de crisis de régimen y la respuesta antidemocrática que sugieren los resultados andaluces pesan como una losa en un momento de esperanzas ciertas en que España tiene un horizonte al que agarrarse para lograr grandes avances económicos, sociales y políticos.

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España vive un momento objetivamente dulce y subjetivamente catastrófico.

La recuperación de derechos sociales es, sin duda, más lenta de lo necesaria y sigue teniendo obstáculos. El decreto-ley sobre el alquiler contiene avances objetivos a los que no deberíamos renunciar pero se topó parcialmente con esa sumisión a los poderes económicos y financieros que tiene a la tradición socialdemócrata europea agonizando. Los ayuntamientos de las principales ciudades de España están siendo un motor de recuperación de derechos sociales y medioambientales con los límites que tiene una insuficiente descentralización local, una herencia muchas veces ruinosa y, sobre todo, una oposición desleal con los habitantes de las ciudades y que no dudó en usar al propio Ministerio de Hacienda (Montoro) y a las Comunidades Autónomas que controla el PP para obstaculizar los avances de para los ciudadanos: en el caso de la ciudad de Madrid estos obstáculos son especialmente evidentes.

Por supuesto que tenemos ansiedad por avanzar más rápido. Pero una ojeada a Europa permite entender que España es, con Portugal, el gran ejemplo de recuperación de derechos y bienestar tras una década de ataques y recortes con la excusa de la crisis económica. Las llamados ciudades del cambio no sólo han demostrado que es posible poner a nuestras ciudades en la vanguardia europea de una movilidad moderna, por ejemplo, sino que han vuelto a poner los municipios en el centro de las políticas sociales (muchas veces por encima de sus competencias), de la lucha contra el machismo y de la lucha contra la corrupción, entre muchos ejemplos.

Con todas las dificultades que generan los contratos heredados, las continuas querellas falsas del Partido Popular y la rígida e injusta legislación de estos años de crisis, los ayuntamientos del cambio han remunicipalizado servicios demostrando en todos los casos que es más rentable, más eficaz y se ofrece un mejor servicio. Sólo la ciudad de Madrid ha protagonizado la mayor oleada de remunicipalizaciones desde la recuperación de ayuntamientos democráticos: desde Funeraria a Bicimad, pasando por el Teleférico o diversos parkings, por ejemplo, con la vista puesta en los grandes contratos cuyos plazos vayan cumpliendo.

Además las ciudades del cambio han puesto sobre la mesa una realidad que cuatro décadas de hegemonía neoliberal habían borrado de nuestras intuiciones pese a la evidencia empírica: los modelos económicos expansivos de corte social son mucho más eficaces que los ruinosos dogmas de la ortodoxia liberal. Basta comparar cualquier indicador macroeconómico del Ayuntamiento de Madrid (Manuela Carmena) con la Comunidad de Madrid (PP-Ciudadanos): mientras la primera reduce la monstruosa deuda heredada del PP, los segundos no paran de incrementarla. Y por el camino la ciudad de Madrid atrae tejido económico, vuelve a recuperar población y mejora (de forma mucho más lenta de lo necesario, sin duda) los datos de empleo.

Lo mismo sucede con Portugal y no ha dado tiempo a constatarlo en España. El gobierno portugués, análogo al de España en cuanto a composición y apoyos, ha conseguido recuperar la tasa de empleo previa a la crisis, sigue creando empleo a cierta velocidad, ha llevado el déficit a tasas mínimas en los últimos 40 años y ha recuperado la soberanía presupuestaria. El aumento en un 9% de la inversión, el crecimiento de salarios y la reducción de la precariedad junto al aumento de la cualificación de la población han hecho que la economía portuguesa incremente rápidamente su crecimiento económico y sobre todo la confianza internacional en su economía. Los datos de la economía portuguesa con el gobierno de progreso son incuestionables: quizás por eso nos los cuentan tan poco.

No ha dado tiempo a que el gobierno de la moción de censura ponga a prueba el giro social. El colapso de la situación política y judicial de Cataluña dificulta (y al menos retrasa) el primer presupuesto del cambio económico. Además, el bloqueo de PP y Ciudadanos de la senda de déficit más expansiva que permitía la Unión Europea hará que el presupuesto que se pueda aprobar sea, en su caso, menos ambicioso de lo que podría ser. Y ello se traducirá en menos bienestar material para los españoles (agradezcamos a PP y Ciudadanos que los españoles tendremos 6.000 millones de euros en gasto social menos por su bloqueo en el Senado) y su consecuencia será un impacto menos positivo en la economía del que podríamos obtener. Esta vez no le echemos la culpa a Europa: la austeridad la imponen Ciudadanos y PP y castigará a los españoles.

Hay importantes nubarrones sobre España. Es innegable. El giro ultra de las tres derechas aznaristas es seriamente preocupante. La engañosa sensación generada en Andalucía de que los españoles acompañan ese giro puede convertirse en una profecía autocumplida. El colapso territorial supone un bloqueo político y un deterioro del Estado de Derecho y de las libertades al que acompañan el desprestigio de la monarquía, de la justicia y el inacabable goteo de casos de corrupción. Y esta vez nadie asegura que la crisis de régimen no tenga una salida… a peor.

Precisamente por eso los elementos de esperanza que ahora mismo tiene España merecen que nos esforcemos al máximo por mimar esas conquistas pero sobre todo su futuro. 2019 será el año en el que los ayuntamientos del cambio se sometan a elecciones y las elecciones generales serán a finales del año o a principios del siguiente. Ese mimo exige cierta flexibilidad y comprensión. También exige alguna generosidad incluso en condiciones precarias. Necesitamos que el PSOE apueste con fuerza en las ciudades: es evidente la quiebra moral que supondría su entrega a la hidra aznarista; necesitamos que la dirección de Podemos apueste en las generales más por el país que por sí misma; y necesitamos que la diversidad de partidos nacionalistas e independentistas entienda las consecuencias que tendría para su tierra y para su gente debilitar este gobierno y facilitar uno de Casado, Rivera y Abascal

Los nubarrones dificultan la visión de un momento en el que sí hay mimbres para que España, en toda su pluralidad nacional, protagonice una salida social y democrática a la crisis frente a la amenaza elitista, antidemocrática, uniformadora y antisocial que crece en Europa y amenaza desde Andalucía. Hay mimbres para la esperanza, y necesitan mucho mimo, generosidad, audacia e inteligencia. Y es una esperanza para nuestra futuro, para la vida de nuestra gente e incluso para una Europa que necesita que el ejemplo de Portugal y España sea un éxito.

Se sigue pudiendo. Pero hay que seguir queriendo.