Por qué elecciones

  • "Pedro Sánchez quiere unas nuevas elecciones. Y Pablo Iglesias también. Así es que no es extraño que no hayan firmado un acuerdo"
  • "El objetivo primordial no es conservar los 42 escaños, sino impedir el surgimiento de una nueva opción electoral de izquierdas a nivel estatal"

Pedro Sánchez quiere unas nuevas elecciones. Y Pablo Iglesias también. Así es que no es extraño que no hayan firmado un acuerdo, pese a que sus votantes se lo hayan pedido clamorosamente a los dos.

Por su parte, Pedro Sánchez no hace más que ser coherente con lo que el PSOE ha intentado (y casi conseguido) desde la Transición: destruir cualquier posible voz a su izquierda. En nada se ha ocupado tanto como en ello, mucho más que en perseguir banqueros o defender trabajadores. Había que sembrar de sal cualquier espacio a su izquierda y así se emplearon a conciencia cuando, en los años ochenta, Anguita logró arraigar ahí un poco de poder parlamentario. Movilizaron entonces toneladas de propaganda mediática, con el diario El País a la cabeza, recurriendo a toda suerte de campañas de desprestigio cercanas a la calumnia. Había que machacar a IU costase lo que costase; era la única manera de poder seguir haciendo pasar sus políticas neoliberales por políticas de izquierda. Lo importante es que no hubiese testigos del fraude por el lado de la izquierda.

El surgimiento de Podemos les llenó de espanto. Se llegó incluso a temer un posible sorpasso desde la izquierda; ni en la peor de sus pesadillas habían imaginado algo así. Pero les salvó la campana, y Pedro Sánchez, mintiendo como un bellaco a sus propias bases, logró volver a asentar en el PSOE el centro gravitacional de la izquierda. La nefasta estrategia de Podemos, mientras tanto, logró que todo volviera, más o menos, a la normalidad bipartidista.

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Ahora, el PSOE ve claro que puede rematar la faena. Unas nuevas elecciones probablemente le hagan ganar algunos escaños, pero, lo que es más importante, seguro que dañarán de gravedad a lo que queda de Unidas Podemos. Si se les reduce a 30 diputados, estaremos ya cerca del tope anguitista y todo volverá a ser como dios manda. Por semejante jugada, merece la pena correr cualquier riesgo, incluso el de que acabe por gobernar algún Suma España de extrema derecha.

Hay que tener en cuenta que los votos de Unidas Podemos en las últimas lecciones fueron votos prestados por una emergencia nacional. Muchísima gente desencantada e incluso asqueada de Podemos les votó porque había que frenar a la derecha y la ultraderecha. Pero seguramente no lo volverán hacer si se convocan de nuevo elecciones, porque el cabreo de la población es mayúsculo y muchos optarán por la abstención.

Nadie duda de que Unidas Podemos se estrellará. Y, sin embargo, Pablo Iglesias y la dirección de UP prefiere que haya elecciones. Seguramente han hecho ya un cálculo que muchos tenemos en la cabeza. Un gobierno de coalición con Pedro Sánchez no duraría mucho, quizás dos años, todo lo más. El tiempo suficiente para que la izquierda se recomponga en una nueva opción electoral que sorpase a Unidas Podemos, lo mismo que ha ocurrido en la Comunidad de Madrid, donde les han casi triplicado los votos. Esto es lo que teme la dirección de Unidas Podemos, mucho más que la sangría de escaños que se avecina, mucho más aún que al peligro de que pueda llegar a gobernar la derecha.

Si se repiten las elecciones, Unidas Podemos saldrá muy dañada, sin duda, pero no tendrá que sufrir la humillación de ver a la izquierda renacer a sus espaldas, con todos los mimbres de aquellos que fueron expulsados, marginados, silenciados o purgados. El objetivo primordial no es conservar los 42 escaños, sino impedir el surgimiento de una nueva opción electoral de izquierdas a nivel estatal. Si se repiten las elecciones, no hay tiempo para eso. Y lo que se trata es de ganar tiempo para conjurar esa amenaza. Mejor que la izquierda muera conmigo a que renazca sin mí.

Y la izquierda tiene que volver a presentar batalla. Que la va a volver a presentar no cabe duda, porque eso nunca muere. Que la “gente” ya no confía en nada que tenga que ver con Podemos es también una evidencia, a la luz del imparable declive electoral. Podemos apostó por convertirse en un nueva IU y está bien que asuma ese papel. Ahora hace falta volver a crear Podemos.