La trampa de que las mujeres gestionan mejor

  • "Afirmar que las mujeres gestionan mejor la crisis sanitaria del coronavirus es un error y una trampa que perjudica gravemente la lucha por la igualdad"
  • "La igualdad en política no se limita a que haya mujeres en el ámbito público sino que el esfuerzo y los costes que tengan que hacer hombres y mujeres sea el mismo"
  • "Valdría la pena explorar si la buena gestión de la crisis tiene más que ver con el desarrollo de las políticas públicas que con lo que tienen debajo de las bragas"

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Afirmar que las mujeres gestionan mejor la crisis sanitaria del coronavirus es un error y una trampa que perjudica gravemente la lucha por la igualdad. En las últimas semanas, diversas publicaciones en prensa extranjera vincularon la buena gestión de la crisis sanitaria de países como Nueva Zelanda, Dinamarca, Taiwan, Islandia o Finlandia a que estaban liderados por mujeres. Esta tesis ha sido comprada con facilidad en las tertulias políticas por aquello de que el feminismo está de moda (sic). Sin embargo, destrozar este argumento es tan fácil como nombrar a Isabel Díaz Ayuso pero voy a intentar ir un poco más allá.

Por un lado, es un error atribuir capacidades distintas a hombres y mujeres más allá de las estrictamente reproductivas que vienen determinadas por la biología. Sin embargo, se suele asignar erróneamente capacidades y habilidades para la política a las mujeres por el hecho de ser mujer. Se dice que son más conciliadoras o que escuchan más. Sin duda, hay parlamentarias y gestoras públicas extraordinarias en el sentido literal del término pero, sin duda, tiene más que ver con el nivel de exigencia que soportan las mujeres que con sus cromosomas. Las mujeres del mundo lo único que tenemos en común es la desigualdad que sufrimos por haber nacido mujer. Esto no es poca cosa pero claramente no define la ideología, las capacidades o habilidades necesarias para la excelencia política.

Por otro lado, es una trampa decir que las mujeres gestionan mejor porque el discurso de la excelencia -que no solo se utiliza en el ámbito político- es tan dañino como los discursos misóginos que sitúan a las mujeres en posiciones de inferioridad. Esperar de las mujeres comportamientos brillantes en política o que sean excelentes gestoras públicas es una trampa. Fundamentalmente porque es muy injusto y pero también porque esas excepciones que se den serán utilizadas para dibujarnos un espejismo de igualdad: si algunas han llegado es porque no hay discriminación y si no llegan más es porque no están lo suficientemente preparadas. La igualdad en política no se limita a que haya mujeres en el ámbito público sino que el esfuerzo y los costes que tengan que hacer hombres y mujeres sea el mismo. De manera más clara, le escuché a Amelia Valcárcel que conseguiremos la paridad en política cuando mujeres mediocres lleguen donde han llegado tantos hombres mediocres.

Por si no fueran suficientes los argumentos, no parece un detalle menor hablando de política y gestión pública, señalar que las presidentas de Nueva Zelanda, Dinamarca, Taiwan, Islandia y Finlandia son Jacinta Ardern, Mette Frederiksen, Tsai Ing-wen, Katrín Jakobsdóttir y Sanna Marin. Todas ellas son jefas de partidos socialdemócratas y progresistas. Valdría la pena explorar si la buena gestión de la crisis del coronovirus por parte de estas mujeres tiene más que ver con el desarrollo de las políticas públicas que realizan que con lo que tienen debajo de las bragas. Hablar de las mujeres en política como un sujeto uniforme es muy perjudicial para la igualdad porque nos presenta como seres intercambiables las unas por las otras. Sin valor propio. Y en la valoración de los resultados políticos de las mujeres parecerá más importante que su ideología, su definición de prioridades políticas o su inteligencia eso que es fruto del azar, nuestro sexo.

1 Comment
  1. Rebeca Torada Mañez says

    Estando de acuerdo que no es cuestión de dotes o capacidades inherentes al sexo, y que detrás hay políticas públicas desde paradigmas progresistas, no estoy de acuerdo con el enfoque general. La posición de discriminación que nos une a las mujeres -único rasgo tal como planteas- es lo que da lugar al feminismo, como proyecto emancipador que pretende poner todo patas arriba. Entonces, tanto la posición como las condiciones de vida de las mujeres como el feminismo resultante sí marca estilos y estrategias diferentes frente a las políticas tradicionalmente masculinas. Con esto no pretendo decir que las dirigentes de esos países sean todas feministas (que igual sí) pero la meritocracia con independencia del sexo que sostienes en el artículo olvida las bases transformadoras del feminismo y nos sitúa en una demanda de igualdad aséptica. Saludos

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