La izquierda, ausente en los debates de la pandemia

  • "Hasta ahora ha sido una oportunidad perdida para la izquierda en la tarea de hacer una crítica al modelo insostenible de producción, relaciones sociales y consumo"
  • "El gobierno de coalición no ha podido dar una respuesta política a la ofensiva a los retos de fondo que plantea la pandemia para la izquierda"
  • "La derecha ha ido por delante y a la ofensiva, intentando capitalizar cada etapa de la pandemia y de las contradicciones de la izquierda, otra cosa es que lo haya logrado"

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Una crisis global como lo es una pandemia, pone a prueba, no solo nuestra capacidad de cooperación y el liderazgo político, sino también nos interroga como sociedad sobre aquello que considerábamos sólido y no lo era tanto, y al tiempo nos empuja en favor del cambio. Sin embargo, hasta ahora ha sido una oportunidad perdida para la izquierda en la tarea de hacer una crítica al actual modelo insostenible de producción, relaciones sociales y consumo y para marcar nuestras propias líneas de futuro.

No habrá izquierda post-covid hasta que ésta no recupere su capacidad para entender y pensar sobre la complejidad de la sociedad democrática.

En el haber de la izquierda en el gobierno está, sobre todo, que a diferencia de la derecha, ha aplicado una salida social a la profunda crisis socioeconómica provocada por la pandemia, con iniciativas potentes como los ERTEs y de futuro como el ingreso mínimo vital, también que ha consolidado la coalición y la mayoría de investidura y asimismo ha logrado sacar adelante leyes importantes como la de educación y que ahora ha pasado el Rubicón de los presupuestos de 2021, paso necesario para incorporar los fondos europeos de reconstrucción, en los que también ha tenido mucho que ver entre otros el gobierno español. No es poco, pero ni mucho menos es todo lo posible, sobre todo en el ámbito de la izquierda transformadora.

Porque el gobierno de coalición no ha podido dar una respuesta política a la ofensiva a los retos de fondo que plantea la pandemia para la izquierda y se ha quedado en una respuesta a la defensiva, básicamente tecnocrática, evitando el debate político y refugiándose las más de las veces tras los expertos, como principal estrategia de comunicación, cuando es evidente que las decisiones de un gobierno son ante todo políticas. Una estrategia contraproducente que solo ha servido para que los expertos se sientan ahora marginados (si nos atenemos a una encuesta europea reciente ) y se desmarquen de cualquier responsabilidad, pidiendo una evaluación urgente de la gestión de sus colegas funcionarios y de los responsables políticos, y para que más recientemente el Consejo de transparencia exija al gobierno Sánchez la publicación de los componentes de la ya famosa comisión de expertos. Un arma de doble filo si nos fijamos en los precedentes de acoso a los científicos por parte de los extremistas del negacionismo.

Por otra parte, con una política de comunicación sobreactuada, de eslóganes como son: el de 'no dejar nadie atrás', al final con más de cuarenta y cinco mil fallecidos y más de setenta y cinco mil de exceso de mortalidad, o 'saldremos más fuertes' con una crisis de caballo y la total inseguridad sobre la recuperación, o la que anuncia permanentemente una 'nueva normalidad' que no acaba de llegar, lo que en su conjunto añade a la incertidumbre una sensación de frustración y hastío ante la reiteración de una propaganda de tan baja calidad. Un poder ejercido de forma populista, que se alimenta de la confrontación polarizada, no podrá ir más allá del día a día mediático ni incidirá en la estructura de las cosas ni, por supuesto, será capaz de transformar la injusticia social.

La derecha ha pasado de apuntarse a la estrategia de deslegitimación del resultado electoral y de la mayoría de investidura a utilizar la larga y dura crisis de la pandemia como ariete contra el gobierno, con acusaciones de todo tipo, desde la más habitual de la tardanza y la mala gestión de la izquierda, al trazo grueso que han ido desde la falsa acusación de una intencionalidad autoritaria en la declaración de estado de alarma, hasta la atribución delirante de una responsabilidad criminal al gobierno por parte de la extrema derecha y también por sectores de la derecha.

Además de la gestión de la pandemia, que por otra parte no ha sido muy diferente entre los distintos gobiernos, salvo la divergencia total entre la mayoría que han escuchado a la ciencia y la minoría con posturas negacionista.Las diferencias han sido de gestión entre la mayor o menor anticipación o el grado de radicalidad en las medidas restrictivas de la movilidad. Sin embargo la izquierda en el gobierno ha dejado de lado o tratado muy superficialmente, en general, la oportunidad perdida que el origen, la trasmisión y las implicaciones sanitarias, sociales y económicas de todo tipo ha podido representar la pandemia actual para hacer el análisis, la crítica y sobre todo apuntar las posibles alternativas. Tampoco la izquierda de oposición ha ido más allá de devolverle la crítica, más o menos contundente, a la gestión de las derechas en las CCAA que gobierna.

Entre los debates de fondo están el origen de esta nueva pandemia- y de las que ya se vislumbran el en próximo futuro- en el modelo neoliberal de exploración del territorio, de producción y de consumo alimentario, y por tanto la urgencia de un cambio de paradigma en la relación del ser humano y la naturaleza, que hoy pasa por cumplir los compromisos de emergencia frente al cambio climático. Para la derecha, por el contrario, ha bastado con la alusión a su origen Chino para volver a la maldad intrínseca de las dictaduras comunistas.

Está también el modelo de globalización económica sin regulación social o ambiental y sus consecuencias en la hipermovilidad, el consumo masivo y el turismo insostenible, y por tanto la necesidad de un cambio para un modelo productivo y de consumo más equilibrado y racional. También en la desigualdad y los desequilibrios sociales y territoriales, y la recuperación de un nuevo contrato social y ambiental. Mientras tanto, para la derecha es solo cuestión de la mala gestión endémica de la izquierda.

Otro de los temas de fondo es la marginación de la salud pública y su gobernanza nacional e internacional. Nadie ha recordado el retraso y posterior bloqueo de la ley general de salud pública española ni el papel dependiente y secundario de la OMS y el ECDC con respecto no solo a los Estados sino a los lobbis farmacéutico y tecnológico. Por contra, la derecha se ha permitido incluso explotar las contadas contradicciones del gobierno español con los organismos internacionales.

Por otro lado, la fragilidad y el colapso del modelo sanitario y de servicios sociales no han provocado un debate político, al menos al nivel de la gravedad dramática de lo ocurrido, con los sectores conservadores y sus gobiernos en las CCAA, salvo las críticas a los recortes, a las privatizaciones y a la falta de control del sector social concertado, ni por tanto de posibles medidas con suficiente proyección que apunten una alternativa de modelo. Para la reorientación del modelo sanitario hacia la prevención, la salud pública y la atención comunitaria y para un modelo residencial muy distinto del actual modelo de negocio que incorpore la urgencia de la coordinación sociosanitaria. Entre tanto, para la derecha la respuesta es simple: solo es cosa de relanzar la economía y para ello de nuevas infraestructuras hospitalarias para la atención a los enfermos, pero sobre todo para promover el negocio de las empresas constructoras.

Los retos que la pandemia ha planteado al modelo de estado autonómico, tampoco se ha aprovechado para una experiencia de gobernanza federal de la crisis, yendo por contra en zigzag del mando único central a situarse a medio camino entre el mando autonómico y la coordinación o la cogobernanza. Para la derecha siempre es cosa de la incompetencia del gobierno en el mando único y después de la descoordinación del modelo autonómico, para volver a incidir en la nostalgia del centralismo.

Quizá lo más llamativo es que la izquierda no haya sido capaz siquiera de abrir el debate del acceso universal a las vacunas, y con ello del papel fundamental de lo público en la investigación de medicamentos y la rentabilidad de las compañías multinacionales farmacéuticas, en un nuevo ejemplo paradigmático de socialización de pérdidas mientras se privatizan los beneficios. Y mucho menos con respecto a los derechos a la propiedad intelectual y su posible suspensión en tiempos de pandemia. Muy al contrario, el gobierno se ha parapetado en el proyecto COVAX ya en marcha al objeto de compartir vacunas con los países empobrecidos, para así bloquear la iniciativa de algunos países como India y Surafrica. A la derecha le basta sin embargo con reprochar al gobierno que no ha hecho suficiente acopio de vacunas o que hace propaganda con la presentación de la estrategia de vacunación antes de que éstas estén aprobadas por las Agencias del Medicamento. En definitiva, un conjunto de debates esenciales, que han surgido al calor de la pandemia, que sin embargo en nueve meses de esta larga pandemia la izquierda ha desaprovechado.

Una oportunidad perdida para hacer una crítica a la ofensiva al actual modelo insostenible de producción, relaciones sociales y consumo, marcando sus propias líneas de futuro. Un debate además con posibles aliados políticos, sociales e incluso internacionales inexplorados, o que incluso se han sentido menospreciados como ha ocurrido con una parte de los expertos.

Desde el punto de vista partidario la izquierda ha estado paralizada al margen de la gestión de gobierno. Solo ha sido noticia por sus congresos telemáticos, sus direcciones elegidas a la búlgara como guardia de corps de su líder, sus líos internos y sus sanciones preventivas frente a posibles competidores. La última explicación a las legítimas diferencias políticas en el PSOE como una cuestión generacional, en vez de destacar los contenidos de cambio del presupuesto y el valor de las alianzas, muestran también un debate político aún anclado en el ya viejo populismo y estancado bajo mínimos.

Por eso la izquierda necesita dotarse de una gran capacidad de pensamiento crítico, plural y colectivo imprescindible para desplegar una estrategia eficaz de transformación de una realidad que es compleja. El simplismo populista no puede desplegar un pensamiento analítico sobre el futuro a medio y largo plazo, todo lo contrario, propicia que los partidos amputen sus instrumentos de análisis para ser sólo máquinas para la consecución y mantenimiento del poder institucional para sus liderazgos.

De nosotros depende quedar anclados en este simplismo populista que inertiza todo lo que toca o ser de nuevo una fuerza de impulso de la modernidad y la dignidad social. Hasta entonces permaneceremos estáticos en el pensamiento pre-covid y no habremos aprendido nada de este enorme drama social y humano.

Mientras tanto, la derecha ha ido por delante y a la ofensiva, intentando capitalizar cada una de las etapas de la pandemia y de las contradicciones de la izquierda, otra cosa es que lo haya logrado. Lo que sí ha conseguido es evitar los debates ideológicos de fondo que mirarían su modelo. A ver si aprendemos.

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1 Comment
  1. Florentino says

    …La sociedad en su conjunto es la que debe de tomar conciencia, de ¿qué es una pandemia?. Entrar en «banderizos»… y ¡tú más!. Señor Llamazares, deje la burra suelta que tiene hambre. No la quiera atar en el «fango» ultra populista.Cómo es usted tan responsable, (nada populista), muy de izquierdas, y con un partido lleno de energía dispuesto a Actuar… y hacer de «correveidile» para los medios «mediáticos», quedando con sus recetas la mar de bien. Ya vemos, oímos y sentimos todas esas luchas en «solitario» benefactor «SuperMan»; las lecciones oníricas para esa «izquierda populista»… les pide que bajen al barro, de la bandera xxxxxL que envuelve el «ideario ultra», y de paso meternos en una «trifulca»… con usted de moderador!.
    Le preveía otra manera de encarar los «insultos», la radicalidad ultra, para la connivencia social de unos medios mediáticos, que ¡quieren sangre!… ¡anulando la voluntad «popular» (que no Populista) de un Gobierno salido de las urnas y trenzado para seguir más allá de la legislatura!.
    Hay presupuestos, con una diversidad real, efectiva y sobretodo «pluri política», cultural, de progreso y plurinacional. Los ultra «negacionistas» enquistados en los «resortes» judiciales, amenazan de muerte y su «jefe» de todos los ejércitos de España… espera el momento débil de la cena de «Nochebuena», para hacer tabla rasa y que la justicia (si fuese justa) es igual para todos.
    Los «reyes» son mentira, pero con una verdad eterna, nos robaron, expoliaron y evadieron nuestro «sudor». Como republicano les deseo un retiro digno, que el Pueblo «Soberano», sea magnánimo y camine 80 años después hacia la plena libertad sin «tutelas» militares ni reyes en «b»!

    Guevara: «El aconsejar es un oficio tan común, que lo usan muchos y lo saben hacer muy pocos».

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