OPINIÓN

En el interregno

  • "Las elecciones de Catalunya del 14F muy probablemente no van a dar respuesta a ninguno de los grandes problemas que tenemos como país"
  • "La irrupción de Vox, con 11 diputados, deja al PP al borde del extra-parlamentarismo en Catalunya y a Casado tocado de gravedad"
  • "Seguiremos en el interregno, probablemente con la repetición de la coalición de gobierno en la Generalitat, esta vez con Pere Aragonés de President"

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Hèctor Sánchez Mira, secretario general de Comunistes de Catalunya 

Las elecciones al Parlament de Catalunya del 14F se han saldado con significativos cambios, aunque muy probablemente no van a dar respuesta a ninguno de los grandes problemas que tenemos como país. El PSC gana las elecciones y recupera centralidad en la política catalana, y ERC alcanza al fin la victoria sobre Junts. Pero a pesar de los movimientos que se producen dentro de los bloques, el escenario lo sigue determinando la confrontación entre el bloque independentista y el bloque constitucional. Y la disputa se resuelve de nuevo con la victoria del bloque independentista.

El independentismo ha demostrado, una vez más, que no será derrotado judicialmente. Ha ganado las elecciones cuando la participación ha sido muy alta, en momentos con menor movilización, y ahora también con una participación muy baja, en unas circunstancias excepcionales y con un electorado que emitía claros síntomas de agotamiento. Y es en este último escenario cuando ha logrado por fin superar la barrera del 50% de los votos emitidos.

Se puede afirmar, por tanto, que la operación de Estado para derrotar al independentismo ha fracasado. Pero eso no se traduce en una derrota del PSOE-PSC y su ministro-candidato en Catalunya. El PSC gana las elecciones al Parlament por primera vez desde 2003 y se convierte, sin ninguna duda, en la principal referencia del bloque constitucional. Las declaraciones de Illa insistiendo en que se va a presentar a la investidura (cosa que no depende de él, sino de la futura Presidenta o del futuro Presidente del Parlament) obedecen fundamentalmente a ese objetivo de posicionarse como alternativa al más que probable gobierno independentista. Del mismo modo, que al día siguiente de las elecciones la fiscalía recorriera el tercer grado de los presos políticos es una demostración más de que el “tripartito de izquierdas” nunca ha sido una opción.

En efecto, el PSOE ha tensado mucho las relaciones con ERC y eso debilita la mayoría de la investidura en el Congreso. Pero es precisamente esa tensión la que le ha permitido dejar a Ciudadanos tocado de muerte en su lugar de origen, facilitando las relaciones con su grupo en el Congreso y estabilizando de nuevo el Gobierno. Así mismo, el PSC va a tener mucha más capacidad de movimiento en el Parlament de la que tuvo Arrimadas con sus 37 diputados gracias a su posición como partido central, conectado con las diferentes estructuras de poder del Estado, capaz de gestionar y la idea de que se trata de un “aliado de izquierdas” que insisten en repetir los comuns. Finalmente, la irrupción de Vox, con 11 diputados, deja al PP al borde del extra-parlamentarismo en Catalunya y a Casado tocado de gravedad, augurando una dura guerra por la hegemonía en la derecha española. Con todo, el PSOE gana centralidad en la política catalana pero especialmente en la española y demuestra de nuevo ser el partido más funcional al régimen del ‘78 y, sin duda, el más en forma.

En el bloque independentista, ERC obtiene la tan esperada y trabajada, aunque ajustada, victoria sobre Junts que, añadida al crecimiento de las izquierdas en el Parlament, deja claro que el escenario ha cambiado. El soberanismo interpreta de forma mayoritaria que ha llegado el momento de mirar hacia la izquierda. ERC lleva tiempo hablando de la “Via Àmplia”, es decir de incorporar a la CUP y a los comuns a un gobierno de amplio espectro, con centralidad republicana y claramente más a la izquierda que el anterior. Hay quien habla incluso del “tripartito imposible” (ERC-CUP-Comuns). Estamos en un punto de inflexión, pero creo que aún estamos lejos de poder hablar de cambio de ciclo: los cambios van a ser lentos y con muchas dificultades.

La coalición de gobierno Junts-ERC se ha demostrado completamente disfuncional en la pasada legislatura, amortizada, con un final agónico. Pero las inercias del “procés” son muy fuertes aún. Inercias que explican, por ejemplo, porqué ERC se vio arrastrada a firmar un manifiesto promovido por una entidad muy minoritaria comprometiéndose a no llegar a ningún acuerdo con el PSC, cuando era algo que ya había expresado por activa y por pasiva en los últimos meses y que, por otro lado, resultaba evidente. El miedo a la acusación de traición, de no ser suficientemente puro, siempre sobrevuela. Esa será muy probablemente la táctica de Junts: ceder la iniciativa a ERC para que busque la investidura de Pere Aragonès, para luego poner todas las dificultades que pueda por la vía de acusarlos de poco rupturistas, de no ser suficientemente combativos con el gobierno del Estado, de no estar dispuestos a hacer efectivo “el mandato de las urnas” ahora que se ha superado el 50% de voto a partidos independentistas. Es esperable que Junts tense la cuerda al máximo (sobretodo si consigue de un modo u otro la complicidad de la CUP en su táctica) y, por supuesto, que ni siquiera se plantee cualquier pacto en el que faciliten una investidura sin formar parte del nuevo Govern.

Por su lado, la CUP llega a este escenario sin haber solucionado importantes debates de fondo. Durante la campaña se han explicitado dos pulsiones enfrentadas en la organización (respecto a asumir responsabilidades o no en un nuevo ejecutivo) que probablemente se resuelvan en favor de apoyar una investidura independentista pero no entrar en el Govern, fiscalizando la acción de gobierno desde fuera. La CUP también ha manifestado que es el momento de un giro a la izquierda del “procés”, pero habrá que ver en qué se traduce eso en lo estratégico. Hasta el momento, la CUP ha mantenido siempre el horizonte de la unidad de acción independentista, pero en cambio ha chocado fuertemente con ERC por el modelo social, y sin duda situarán propuestas muy ambiciosas sobre la mesa, especialmente si se les plantea asumir responsabilidades en el futuro Govern. Del mismo modo, la CUP y ERC han sostenido planteamientos muy distintos en el Congreso de los Diputados, y la estrategia frente al gobierno del Estado será también un escollo importante. Parece difícil que la CUP participe activamente de un planteamiento que no implique el choque duro, y eso la sitúa a las antípodas de los comuns. Como decía, la CUP se enfrenta a debates complejos, especialmente para una organización asamblearia y con el escaso tiempo y las limitaciones que la pandemia impone. Finalmente, habrá que ver qué lectura estratégica hace de su resultado electoral: en un contexto muy difícil y con mucha más abstención mantienen los votos de 2017 y obtienen más del doble de escaños, en lo que sin duda no es nada mal resultado, pero que entraña el riesgo de tapar debates abiertos y dificultar procesos de apertura y suma en un futuro.

Por su lado, los Comuns no van a tomar la iniciativa. Hace tiempo que operan con la hipótesis de que hacer gestos hacia el soberanismo erosiona su base electoral federalista y se mantendrán en su propuesta de “tripartito de izquierdas” (con el PSC, no con la CUP), pese a que se trate de una propuesta sin ningún futuro. El relato de presentarse a sí mismos como una fuerza de gobierno, muy impregnado de la coalición gubernamental en el Estado, pone de manifiesto que siguen emocionalmente anclados en la Catalunya de 2015, en el “momento 15M”, y eso ya no existe. Los resultados del 14F se acercan mucho más a lo que es Catalunya hoy y los comuns pierden más de 130.000 votos, bajando del 7,46% al 6,87%. Sin una propuesta creíble para el debate nacional (que ha sido, es y seguirá siendo central en la política catalana), poco pueden aportar a la resolución del conflicto y menos si no se hace la debida autocrítica. Y puede parecer anecdótico, pero en el Parlament con mayor porcentaje de mujeres de la historia, el grupo de ECP tendrá menos de un 40% de mujeres, tan solo “superado” por VOX. No deja de ser sorprendente para un partido que hacía de la feminización de la política su bandera.

En definitiva, no hay opciones reales para un gobierno ERC-CUP-Comuns. Por ahora es poco más que una idea que expresa una necesidad de país y que cada vez más voces defienden. En este sentido, se han planteado debates programáticos para acercar posiciones entre las distintas fuerzas; pero el escollo insalvable no es programático sino estratégico, pues se parte de proyectos muy distintos y de una concepción muy alejada respecto a las mayorías sociales que hay que articular para llevarlos a cabo. Para empezar, es imposible construir un acuerdo sin poner en el centro una propuesta de autodeterminación concreta, que inevitablemente pase por la amnistía de todas las personas represaliadas y un referéndum efectivo de autodeterminación con un calendario creíble. Hasta que no se resuelva este debate estratégico y se avance en la construcción de las herramientas políticas y sociales necesarias para articular en un proyecto político de emancipación social y nacional a la mayoría social de izquierdas y soberanista que ya existe en Catalunya, será muy difícil dar respuesta a las necesidades del país. Mientras tanto, seguiremos en el interregno, probablemente con la repetición de la coalición de gobierno en la Generalitat, esta vez con Pere Aragonés de President.

Efectivamente, es el momento de un giro a la izquierda, de un cambio en el liderazgo del “procés”, de dejar atrás el legitimismo estéril y la confrontación simbólica que sólo ha facilitado la represión del Estado y las batallas internas en el independentismo. Pero va a ser un proceso lento y lleno de escollos. El primero, la dificultad que tendrá ERC para incorporar al Govern a más actores políticos. Por más ganas de gobernar que tengan los Comuns, no pueden compartir ejecutivo con Junts. A su vez, la CUP debe decidir si asume responsabilidades de gobierno o facilita la investidura y trata de condicionar desde fuera; no es un debate sencillo, porque una vez configurado un Govern ERC-Junts va a ser muy lento salir de la dinámica actual, y la falta de una alternativa limita mucho la fuerza real que pueda ejercer la CUP desde la oposición.

En cualquier caso, la convivencia de ERC y Junts será difícil. El mundo postconvergente ha gobernado Catalunya durante muchísimo tiempo, es un partido para el poder, y no va a ceder el liderazgo fácilmente. Habrá que ver también cómo resuelven sus propias tensiones internas, y en este sentido me parece especialmente importante el papel que termine jugando Jordi Sànchez.

Para terminar, aunque no vayan a tener un papel relevante en la investidura y la configuración del futuro Govern, no se puede minimizar la gravedad de la irrupción de VOX en el Parlament, que se convierte en cuarta fuerza por delante delante de la CUP y los comuns. El fenómeno de la extrema derecha merece una reflexión y análisis sosegado que va mucho más allá de una valoración electoral, pero sí quiero apuntar algunos elementos. En primer lugar, que se ha menospreciado la fuerza del fascismo en Catalunya, y este es ya una dolorosa realidad. En segundo lugar, el gravísimo error del PSC normalizando a la extrema derecha dejando abierta la posibilidad de aceptar sus votos en una hipotética investidura de Salvador Illa; un error que pagaremos como sociedad. Y por último creo que es también un gravísimo error, especialmente desde la izquierda, la crítica a las acciones antifascistas o los planteamientos que proponen ignorar a la extrema derecha. El fascismo no es una opinión, es un crimen. Y debemos combatirlo con todas nuestras fuerzas. En las tribunas, con argumentos y datos, desmontando sus falacias y su discurso de odio. Y en la calle, sin cederles el menor espacio.

2 Comments
  1. walletjc says

    Gracias a este medio por mejorar la pluraridad.

    1. walletjc says

      En chino pluralidad.

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