El fútbol es así

Imagen capturada de Jesús Gil en uno de sus programas en la cadena Tele 5. / YouTube

Me gusta el fútbol. A rabiar. Pero reconozco que en su versión más comercial y televisiva está haciendo un daño irreparable a nuestra sociedad. Transmite una imagen agresiva, sucia y empobrecedora del deporte. Es un ejemplo nefasto para los ciudadanos, sobre todo para los más pequeños. El fútbol sugiere que ganar lo justifica todo, y nos invita a ser tramposos, insolidarios, mezquinos, violentos. Nos hace peores personas. ¿No me cree? Entonces es que no vive el fútbol en toda su intensidad…Métase un dedo en el ojo y piense en Mourinho, el tipo que está cubriendo de mierda la supuesta inmaculada imagen del mejor club del mundo. Salga al balcón, grite “¡catalanes hijos de puta!”, y siéntase tan español como un niño frente al televisor de un bar. Péguele una patada en los testículos a su marido y pregúntele: ¿cariño, cómo ha quedado Osasuna? Y no olvide jamás que en España solo hay una imagen más repugnante que la del político corrupto, el constructor desalmado o el nuevo rico ignorante, despilfarrador y soberbio: la del presidente de un club de fútbol. Jesús Gil, el ciudadano que reunía las tres miserias en un solo corpachón, fue ejemplo perfecto.

El fútbol es tan peligroso, tan asocial, desde que abandonó las calles y se instaló en los despachos. Es decir, desde que mueve cantidades insultantes de dinero. El precio de una entrada, el sueldo de un futbolista, la deuda de los clubes, el mercadeo de las televisiones… El fútbol es el responsable de que dos empresas progresistas de comunicación, como dicen ser Prisa y Mediapro, hayan mantenido una fratricida batalla financiera, la guerra del fútbol, que casi destruye a ambas. Pobres.

Las ambiciones capitalistas de estos grupos de izquierdas ha calcinado el negocio del fútbol televisado. El pago por visión ha muerto. Todo lo que nos contaron hace meses era mentira: el sobredimensionado mercado del balompié se hunde, Roures y Cebrián se ahorcan con la misma cuerda, Gol TV y el PPV de Canal + son un pufo, aquello de los partidos a un euro era mentira, la TDT es un fracaso que ha hecho explotar la burbuja audiovisual, la mejor liga del mundo es una liga entre dos equipos…

Aquí no termina la crisis del fútbol en los medios. Las emisoras de radio españolas se han plantado ante la pretensión de la Liga de Fútbol Profesional de cobrarles un canon (el 20-25% de los beneficios) por dejarles entrar a los estadios para retransmitir los partidos. “Nos acogemos al derecho de información y a que los partidos son de interés público”, dicen los locutores en medio de un tsunami de cuñas publicitarias. ¿Derecho de información? Eso sería dar el resultado, las incidencias y la clasificación. Rellenar horas y horas de programación, saturadas de anuncios, retransmitiendo de manera gratuita un deporte que cuesta (y genera) millones, es un negocio francamente rentable para la SER, la COPE y compañía. Pero resulta una utopía en estos tiempos de neoliberalismo salvaje.

Los informadores alegan que fútbol y radio se benefician mutuamente, pero los dueños del balón (la LFP y las televisiones), no piensan lo mismo: “Los clubes quieren poner en valor su producto con todo el derecho. Y nosotros también”, ha declarado Jaume Roures, máximo responsable de Mediapro. “El fútbol puede vivir sin radio”, sentencia Roures.

El fútbol puede vivir sin radio, seguro. Es la sociedad la que debería aprender a vivir sin fútbol. Sin este fútbol depredador, maleducado y mercantilista.

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