La rana Mon Toro

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La rana toro (Lithobates catesbeianus) es un anfibio originario del este de Norteamérica que puede llegar a pesar un kilo y medir hasta 40 centímetros. Un cacho rana, que diría el castizo. Con unos pedazos de ancas, una boca como un buzón de correos y un apetito francamente descomunal. Cuando está en su tierra, y se conforma comiendo los peces, pájaros y lombrices de la zona, no ocasiona mayor daño que el que pueda causar a las víctimas puntuales de su enorme gazuza. Pero cuando algún desalmado saca al bicho en cuestión de su hábitat, y lo deposita en otro lejano y desconocido, como ha sucedido en España, la rana se convierte en todo un problema: para saciar su tremenda gusa, proporcional a su tamaño, se zampa a una fauna autóctona que no está ni mentalizada ni preparada para escapar de semejante monstruosidad.

Parece mentira que un bicho tan insignificante pueda hacer tanto daño, ¿verdad? Pues ahí tiene a la rana Mon Toro (Rhisitas defraudadoris), seguramente el resultado de una espeluznante mutación de la rana toro en humano. En este caso el batracio tiene las ancas cortas y finas, una sonrisa cínica e inadecuada, gran voracidad para con los pequeños y repelente mansedumbre con los poderosos, y un croar entre hipócrita y ridículo. De la rana toro original solo conserva la mirada inteligente. El único ejemplar en manos de la ciencia de la rana Mon Toro, bautizado por los investigadores como Cristóbal, es a la política española lo que la rana toro al Delta del Ebro: un infiltrado capaz de acabar con nuestro hábitat. “La mayoría no sobreviven, pero si se adaptan pueden llegar a ser un grave problema para los ecosistemas donde se instalan”, advierten los biólogos.

Cristóbal no solo sobrevivió como ministro de Aznar, sino que con Rajoy ha regresado en una versión ampliada y mejorada. Recuerde esas grandes fauces que le convierten, inevitablemente, en un bocazas: “Que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”, dijo en 2010 este patriota de húmedo y resbaladizo pellejo.

Y siguió rajando, croa que te croa: “No hay dinero en las arcas públicas para pagar servicios”; “No sé a lo que llaman grandes fortunas”; “Si el IVA se pagara más, no habría que subirlo tanto”. “Si no sube la recaudación, el pago de nóminas del sector público está en riesgo”.

La rana Mon Toro está sembrando el pánico en las Administraciones Públicas. No está solo, le acompaña una pandilla de depredadores invasores dispuestos a acabar con la estabilidad social y el equilibrio natural de esta charca nuestra, cada vez más enfangada y pestilente. Parece mentira que bichos tan insignificantes puedan ser tan dañinos, ¿verdad? Deberíamos hacer algo, antes de que sea demasiado tarde. ¿Los hombres de negro? No, los hombres de verde, una patrulla ecológico-política al servicio de los ciudadanos, encargada de acabar con todos estos repugnantes renacuajos.

6 Comments
  1. inteligibilidad says

    Es que la pobre rana es alérgica a la mentira: cuando suelta una se le escapa una sonrisa (o risa, depende del tamaño de la trola…)

  2. Mecacholo says

    A miles de personas les encanta su sonrisa, estoy seguro. Y le votarían aunque fuera una rana o un chimpancé. Basta con que su partido le ponga ahí delante para salir elegido. Pura democracia, esta España.

  3. Ramon says

    ¡Precioso artículo! Llevaba días buscando el bicho gangoso del de «no hay dinero, señorías» y era la rana Mon Toro. ¡Clavadito! Gracias, Albeniz

  4. Neo says

    Albéñiz, hoy te has lucido y te lo pienso compartir en las RR.SS … que lo sepas …

  5. COHAL says

    Sublíme Boss

    Enhorabuena

  6. Abubilla says

    Sublime

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