Se vende el ‘Hotel España’. Razón: Avenida de Bruselas s/n

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Francisco Serra

Imagen de las protestas del pasado 29S junto al Congreso de los Diputados. / Efe

La hija de un profesor de Derecho Constitucional quería ir a un hotel. Habían pasado una temporada en un local muy cómodo, en La Granja, hacía algunos meses, y la niña se había quedado maravillada de que hubiera tantas personas dispuestas a satisfacer todos sus caprichos. Durante el siglo pasado muchos literatos e intelectuales habían residido largas temporadas en modestos hospedajes o, si se lo permitían sus rentas, en establecimientos más lujosos.

Un conocido escritor francés, al recibir el premio Goncourt, había afirmado que vivía en Francia como en un hotel, del que podía marcharse en el momento en el que no le resultara grato permanecer allí. Frente a la “comunidades de cultura”, que para algunos conforman las naciones, o las “comunidades de ciudadanos”, propias de los Estados herederos de la Revolución francesa, hay algunos que han empezado a considerar que no existen más que las “comunidades de individuos”, a los que tan solo el azar o la conveniencia ligan temporalmente a un territorio.

Así entendidos, los Estados modernos serían como hoteles, en los que estamos siempre de paso, incluso aunque a veces lleguemos a morir en ellos o sea el lugar en que se consumen los amores furtivos. Todos estaríamos siempre con las maletas preparadas para mudarnos a otro hostal, extranjeros de nosotros mismos, porque hoy, como siempre, el capital no tiene patria y, si la patria no tiene capital, podremos buscar otro alojamiento.

En las antiguas casas de huéspedes se admitían viajeros y estables, que llegaban a formar, en muchas ocasiones, una especie de familia. En los modernos hoteles los clientes apenas tienen contacto entre ellos; además, en la economía globalizada del presente la mayoría de los locales se agrupan en grandes grupos hosteleros, con sucursales en muchos lugares diferentes.

El “hotel” España, un antiguo recinto poco adaptado a las necesidades de la vida actual, fue casi completamente “reformado” hace unos años. Aunque muchos eran partidarios de tirarlo abajo y volverlo a construir, se prefirió mantener la misma “estructura”, mas dotándolo de una decoración algo más vistosa. Pasado un tiempo, la dirección, muy reacia a consultar a los clientes, no consiguió ponerse de acuerdo en la mejor forma de afrontar las necesarias obras de mantenimiento y fue demorando la ya urgente rehabilitación del local.

Poco después, el “hotel” se integró en una cadena de establecimientos europeos y, urgido por ellos, llevó a cabo ligeros retoques en la fachada, pero sin atender a las demandas de los que vivían en él y empezaban a padecer los inconvenientes de habitar en una residencia tan poco funcional y ya nada confortable. Habían aparecido grietas en el ala este y los clientes de esa zona estaban pensando crear su propia sucursal dentro de la misma firma continental. En el ala norte, ya antes de que se iniciara la nueva etapa, había algunos cuartos en los que habían surgido tales goteras que se volvió difícil permanecer allí y algunos decidieron irse a vivir a otra parte del edificio; dentro de unos años, también la dirección de esa parte estaría considerando la posibilidad de fundar un negocio propio.

Ante el creciente deterioro de la “estructura” del edificio, algunos de los empleados estaban pensando proponer a todos los alojados en él una profunda “reforma”, aunque la mayoría recordaba que cuando formaban parte de la dirección no fueron capaces de emprender ninguna mejora apreciable. En realidad, el “hotel” España ya no parecía viable sin la ayuda de la gran cadena hostelera y se esperaba que, en cuanto lo solicitara la gerencia, llegaran técnicos europeos para apuntalar el edificio que amenazaba ruina.

Unos días antes un miembro del actual equipo directivo había afirmado, durante una conferencia, que esa intervención no era necesaria, mientras algunos jóvenes “iracundos” mostraban grandes pancartas en las que podía leerse que el “hotel” España estaba en venta (Spain for sale), a precio de saldo, porque así lo habían decidido los propietarios del grupo.

La vida en el “hotel” España se está volviendo cada vez “más” difícil, pensó el profesor y metió un euro en la hucha de su hija, que estaba ahorrando para comprar un patinete, quién sabe si para huir más rápido, en cuanto pudiera, a otro alojamiento.

1 Comment
  1. Jara says

    olé,olé,olé

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