Sindicalismo necesario, o barbarie

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Francisco Javier López *

“Nosotros somos socialistas, somos enemigos del sistema económico capitalista actual porque explota al que es débil desde el punto de vista económico, con sus salarios desiguales, con su evaluación indecente de un ser humano según tenga riqueza o no la tenga, en vez de evaluar la responsabilidad y la actuación de la persona, y estamos decididos a destruir este sistema capitalista en todos sus aspectos”. Se admiten apuestas sobre la autoría de esta frase que firmarían sin pestañear muchos, en una situación como la que atraviesa nuestro país y otros muchos países de la Unión Europea.

Allá va otra cita: “El movimiento sindical ha dejado de servir a sus objetivos iniciales. Año tras año, va cayendo cada vez más en el radio de acción de la política socialista (y comunista, añadiría yo), para ser sólo utilizado como un ariete en la lucha de clases. Le corresponde por lo tanto la función de destruir, a fuerza de golpes, el campo económico de la nación, para así poder demoler más fácilmente el edificio estatal, después de haber minado sus bases económicas”.

Tras años de ataques continuados al sindicalismo, no serían tampoco escasos los que coincidirían con estas afirmaciones.

Tras dos consideraciones como las reseñadas anteriormente, cabe una nueva cita. Una conclusión aparentemente lógica: “El trabajador debe saber que la prosperidad de la economía nacional significa su propia felicidad material. Por su parte el empresario debe estar persuadido de que la felicidad y el contento de sus trabajadores son condición previa para la existencia y el incremento de su propia capacidad económica. Ambos, trabajadores y empresarios, son los representantes y administradores del conjunto de la comunidad nacional”.

Tengo que alertar al lector de dos pequeñas trampas, advertido sobre las cuales puede acercarse al conocido personaje histórico, autor de los textos. La primera argucia consiste en haber formulado en presente la segunda de las citas cuando figura en pasado en el original. La segunda consiste en haber traducido la tercera cita convirtiendo en “trabajador” y “empresario” lo que en el original figura como “obrero nacionalsocialista” y “patrón nacionalsocialista”.

Dicho esto no hace falta decir que las citas corresponden al Gran Dictador, Adolfo Hitler.

La primera cita forma parte de su discurso del 1º de Mayo de 1927, cuando aún nada hacía presagiar el ascenso del pequeño partido nazi al poder absoluto.

La segunda y la tercera están escritas en 1924, en la fortaleza de Landsberf, la cárcel donde cumplía condena de 5 años, tras un intento de golpe de estado fracasado. Sólo cumplió 9 meses y salió de allí con un libro escrito, el Mein Kampf (Mi Lucha). Su capítulo 12 está dedicado a “El problema de los sindicatos”.

No puedo dejar de pensar en este siniestro personaje cuando día tras día me enfrento a las páginas de algunos periódicos como ABC, La Gaceta, o La Razón. Cuando escucho a los tertulianos en Telemadrid, en 13 Televisión, en Intereconomía y hasta en Tele Berlusconi. Cuando leo a opinadores como Luis María Ansón, el inefable Hermann Tertsch, o Carlos Cuesta, por poner sólo algunos ejemplos.

Son medios, opinadores, tertulianos, que se embolsan cientos y hasta miles de euros al día, por recitar consignas que parecen sacadas de un recetario recibido por correo electrónico cada mañana. Hasta tal punto coinciden en sus temas y obsesiones diarias, entre las que nunca falta el sindicalismo.

Los sindicatos son organizaciones sociales, como otras muchas. Reciben el voto de millones de trabajadores y trabajadoras en las elecciones sindicales, donde se eligen centenares de miles de representantes sindicales.

En nuestra Constitución, los partidos políticos y las organizaciones empresariales y sindicales aparecen en los artículos 6 y 7, como vertebradores de la voluntad política, los primeros, y como legítimos representantes de los intereses de empresarios y trabajadores, los segundos. No seré yo quien niegue que toda organización política o social, sea un partido, un sindicato, una organización vecinal, una asociación cultural, una parroquia, o una comunidad de vecinos, está compuesta por personas. Personas buenas que dan un paso adelante para organizarse y defender ideas, proyectos, intereses, valores. Pero también de personas que recalan allí para defender sus propios intereses y algunas se corrompen.

Llevo muchos años en CCOO. Desde 1985. He conocido a miles de esas buenas personas que luchan durante toda la vida. He conocido algunas que se han apoltronado y unas pocas que lo han dejado para dedicarse a sus propios negocios. Entre 1.200.000 afiliados y afiliadas, no he visto corruptos sentados en banquillos por enriquecerse, por defraudar, por robar. Hay dos cosas que penalizamos sin clemencia en CCOO: el ejercicio de la violencia y la mala utilización de lo que es de todos. La expulsión es siempre la condena que aplicamos en ambos casos. Es más, siempre exigimos que si hay indicios de delito debe haber imputación, juicio y, en su caso, condena.

De los sindicatos se podría decir lo que en la película La Vida de Brian, cuando se denigra al Imperio Romano. Sin sindicatos no habría convenio colectivo, salario regulado, contrato de trabajo, pensiones, prestaciones por desempleo, sanidad pública, vacaciones anuales, permisos de maternidad, formación profesional, subsidio de desempleo, rentas mínimas, atención a la dependencia, salud laboral y otros muchos derechos laborales.

Entonces, ¿cuál es la causa de la saña de la derechona mediática con los sindicatos? ¿A qué obedece que sin imputación alguna se condene mediáticamente con dureza a un sindicato, cuando no se hace lo mismo con corruptos y defraudadores, imputados de todo tipo que pululan por el país?

Para entenderlo tal vez haya que volver al autor de las citas en su camino para cumplir su programa de destrucción de los derechos democráticos y abrir las puertas al nazismo.

Tras su llegada al poder en 1933, tras el incendio del Reichstag, del que culpó a los comunistas, el siguiente objetivo fueron los sindicatos, que habían parado en seco el golpe de estado de la derecha en 1920.

Tras organizar grandes demostraciones de fuerza, el 1 de mayo de 1933 -declarándolo festivo, y proclamando el “Honor, trabajo y respeto para el trabajador”-, el 2 de mayo disolvió los sindicatos, los fusionó en el Frente Alemán del Trabajo. Dejó funcionar a los sindicatos católicos durante dos meses y luego los “coordinó” en la nueva organización, el sindicato único.

Los sindicalistas fueron sometidos a “custodia protectora”, o sea, campo de concentración, incluidos los católicos. Fin del derecho de huelga y de las elecciones sindicales. Tras los sindicalistas fueron los políticos, los periodistas, los judíos, los gitanos, los católicos, los demócratas. El partido nazi lo asimiló todo bajo la dictadura total.

Hoy corren malos tiempos de gran depresión, de larga crisis, de alto paro, de fractura social.

Tiempos en los que hay que exigir compromiso, regeneración democrática, defensa del empleo y de los derechos sociales básicos. Tiempos en los que hay que combatir la corrupción sin taparse los ojos, ni callar la boca.

Pero tiempos en los que no conviene caer en el vale todo y contra todos. En los que hay que recordar que la bestia negra, la bestia parda, el populismo de ideas simples y violencia a flor de piel, siguen aguardando su oportunidad, porque nunca se encuentran definitivamente conjurados.

Es la hora de poner en valor la democracia y las instituciones democráticas, la participación social en el futuro que queremos.

Esa es la apuesta de los sindicatos y lo seguirá siendo, por más que algunos se empeñen en llevarnos a terrenos y tentaciones en las que no caeremos. Por más que los ataques no cesen y cada día intenten enfangar nuestro trabajo.

El sindicalismo es hoy más necesario que nunca. O sindicalismo o barbarie.

(*) Francisco Javier López Martín es presidente de la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo y secretario de Formación Confederal de CCOO.
10 Comments
  1. paco otero says

    SUPLICO, más voces con esta profunda seria y necesaria reflexión que hace usted en su articulo,para contrarrestar y desenmascarar a toda esas corruptas cínicas y perversas voces mediáticas de la caverna…
    mucho pedimos a los políticos y que poco a muchos medios de los llamados serios, ,que tristemente hablan de momento así como con miedo …también, de paso digo, que algunos llamados radicales de izquierdas se desmelenan sin necesidad y considero que con frecuencia les falta rigor histórico.

    gracias:Francisco Javier López Martín

  2. Manuel says

    Cuando atacan tanto es porque los temen, asi que aunque se necesiten cambios en los sindicatos -de clase-para adaptarse a los nuevos tiempos, siguen siendo impresindibles. Seguid/sigamos en la lucha.
    http://cercadelmediterraneo.wordpress.com/

  3. Next says

    La actividad de los sindicatos son los que han denigrado el concepto. Su corrupción interna y el defender al trabajador sólo si había dinero de por medio. Son parásitos de los trabajadores y para ello sólo basta con ver la cantidad de liberados que existía en nuestro país, los cuales ni aparecían en los sindicatos y mucho menos en los puestos de trabajo para ayudar al trabajador. Son figurantes en las movilizaciones ciudadanas, sólo para hacerse la foto. Hay que ser muy hipócrita decir que son de izquierdas contra el capitalismo, cuando viven de ello con su bolsillo lleno.

  4. zacarias says

    el movimiento anti politicos y afines que podria resumirse en todo el entramado indignado que personaliza el 15m por ejemplo, tambien ha disparado a destajo contra los sindicatos en varias ocasiones. de la caverna es de esperar. es muy importante hoy en dia saber desenmascarar e hilar fino, y para eso no todo el mundo esta preparado.

  5. Ronteky says

    Bien como siempre Javier Lopez. Pero en esta reflexión eleva el listón . Creo que los demócratas, no solo los de izquierdas, deberíamos pensar un poquito en el mensaje que da eb su reflexión ..

  6. mairesa says

    Falta gente comprometida con ganas de acabar con tanta corruptela,el sistema no funciona..las leyes no funcionan..,debemos empezar a cambiar la forma de vivir, hemos de cambiar el sistema.

  7. Altolaguirre says

    El uso de descontextualizaciones hace fácil -por supuesto- que Hitler y Stalin, José Antonio y Fidel Castro o Gramsci y Pol Pot posean argumentaciones similares. Mire, yo soy un falso autónomo trabajado desde hace veinte años para una cadena de comunicación, y sólo he conocido sindicalistas rentistas y ventajistas a los que -además- debo pagar. Pero en mi condición de autónomo no quieren saber nada de mí: «Te perjudicaríamos» o «no formas parte de la plantilla (aunque lleve el triple de tiempo). Por eso le regalo otra cita: Recela, que quien desea tu bien en nombre de dios o del socialismo, sólo quiere tu cartera. Por ejemplo cocos y ugetistas.

  8. miguel bornao says

    Que difícil es dejar la teta. Con todo el derroche y lo que habéis robado, no tendríamos déficit. De mis impuestos, ni un euro para vosotros

  9. luiscuenca says

    Ahí están los ERE de Andalucía, los contratos basura en UGT, los sindicalistas que no sueltan el sillón, los enfrentamientos entre distintos sectores… Podemos poner nombre y apellidos a algunos casos que afectan a sindicalistas… cursos que no se dan… Claro que siempre hay personas que valen la pena, por esos hay que seguir luchando, pero los que se perpetuan en las cúpulas, en los órganos de poder sindical…

  10. Javier says

    Agradezco cuantas ideas me habéis sugerido. El sindicalismo merece la pena y es hoy más necesario que nunca .

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