Muerte de un dictador

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Portadas de los principales periódicos argentinos con la noticia, el pasado sábado, de la muerte del dictador argentino Jorge Rafael Videla. / David Fernández (Efe).

El dictador argentino Jorge Rafael Videla murió como consecuencia de un golpe en la cabeza que se dio al resbalar en la ducha de la prisión de Marcos Paz, donde cumplía cadena perpetua por delitos de lesa humanidad. En La Razón aseguran que “El exdictador argentino no recibirá ‘ningún honor militar’ durante su entierro”. En ABC publican las últimas fotografías “del exgolpista en la cárcel bonaerense de Campo de Mayo”, con un crucifijo detrás. Y aseguran que murió “por casusas naturales sin expresar remordimientos por sus excesos como dictador”.

¿Exdictador? ¿Exgolpista? ¿Excesos como dictador? ¿Acaso existen los dictadores comedidos, prudentes? El pasado viernes, cuando murió, Videla tenía 87 años y llevaba diez en la cárcel. Su currículo se puede resumir en una docena de palabras: hizo desaparecer a treinta mil personas y robó más de cuatrocientos bebés. Su epitafio admite muchas más: golpista, dictador, asesino, ladrón, torturador, mediocre…

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Me sorprende que La Razón le defina como exdictador y el ABC como exgolpista. Pero quizá no debería. Según el diccionario, “ex” es una “preposición que, antepuesta a nombres de persona, de sus cargos o cualidades, denota que los tuvo y ya no los tiene la persona de quien se habla”. Está claro lo que quieren decir los dos periódicos: que los tuvo y ya no los tenía. Los cargos o cualidades. Es decir, que fue dictador y golpista, de acuerdo, pero que ya nada de nada. Es decir, que un sátrapa se puede despojar de su pasado con la misma facilidad con que usted cuelga el abrigo en la percha cuando entra en su casa. En este caso, me falta información: ¿Cuándo un golpista deja de serlo? ¿Acaso cuando, una vez vulnerada la legitimidad institucional, se convierte en dictador? Y en este supuesto, ¿Cuándo deja de ser dictador? ¿Quizá en los momentos de relax, cuándo deja de torturar y matar para fumarse un cigarrillo o rezar un rosario? ¿O quizá solo cuando le arrancan el uniforme militar, le calzan el de rayas, y se convierte en recluso? Yo creo que ni siquiera cuando está dos metros bajo tierra.

No se le pueden quitar las manchas a un leopardo. Un dictador, como un diamante de sangre, es para siempre.

En cualquier caso, no quieran ver en este post la más pequeña crítica a La Razón o ABC. A estos adalides de la democracia no les cuesta ningún esfuerzo referirse a Videla como el tirano que es, que fue. Otra cosa sería hablar de Franco. Otra cosa sería reconocer que aún no se ha juzgado a ningún criminal de nuestra dictadura, la franquista, o que el Estado español aún no ha buscado con auténtica dedicación a los desaparecidos, o que no se realizan grandes esfuerzos para identificar a los niños robados por los fascistas a sus verdaderas familias. Que se haga justicia, de acuerdo, pero en Argentina.