CUARTOPODER | Publicado: - Actualizado: 16/5/2017 22:50

Jesús Cuadrado *

Jesús-Cuadrado1Con los espectáculos de luz y sonido ocurre que, si no hay nada más, al desconectar la corriente sólo queda la sensación de vacío. Así vi la Conferencia, como un cervantino “retablo de las maravillas” para vender ficción como realidad. Eso explica el recurso a mensajes etéreos, indescifrables, en los que nos dicen que han vuelto, que estaban desconectados, pero que se van a conectar, que van a pasar a emitir en tecnicolor, que van a recuperar la calle. La sensación que me produjo, porque se trataba de eso, supongo, de producir sensaciones, es que se proporcionaba un brebaje para hacer olvidar la cruda realidad que viven los militantes socialistas, la de un partido ausente, desprestigiado, aislado, desconectado, a la deriva. ¿Estos “placebos” tienen algún efecto curativo? No lo creo. Sólo parecen un braceo desesperado de quienes confunden un partido político con un iPad, con el montaje de un “retablo de las maravillas”.

Lo cierto es que si antes de la Conferencia el PSOE tenía un serio problema de liderazgo, pasado el evento, esa dificultad sigue intacta, esa y todas las demás. Si el deseo de recuperar el aprecio de la gente se cumple, se verá, aunque existe la dificultad de que sean los responsables de la desconexión los que anuncian la nueva sintonización, pero, el anuncio de la buena nueva de la unidad va a ser difícil que cuele. La gente quiere, sí, partidos fuertes y unidos, pero, si hay algo que tiene más rechazo que la imagen de desunión es la escenificación teatral de unidad, y de eso hubo un exceso en la Conferencia. Y es que para construir liderazgo y unidad se necesita mucho más tiempo que para escenificar debates o una escena del café para los fotógrafos, hacen falta procesos políticos reales que no admiten sucedáneos. El Partido Socialista tiene un serio problema de motor y no, como han pretendido hacer creer los organizadores de la Conferencia, un simple desperfecto de chapa que se repara con unas horas de taller.

Cuando le preguntan a Rubalcaba por el problema de liderazgo en el PSOE, como en la entrevista de El País del domingo, contesta que hay una crisis de liderazgo generalizada, en España, en Europa y en el mundo. Olvida que, en las mismas condiciones, quienes sucedieron a Brown en Reino Unido y a Sócrates en Portugal, también socialdemócratas y en la oposición después de perder el gobierno con la crisis, no han cargado a sus partidos con el lastre de un liderazgo que provoca la desconfianza casi unánime de todos los electores, incluidos los propios. Así, mientras en todos los estudios de opinión los socialistas portugueses y los laboristas británicos aventajan ampliamente a los partidos de gobierno, el PSOE ni remonta ni supera a un PP desgastado en todos los frentes. Desde que Rubalcaba y su equipo dirigen el PSOE, el crédito electoral no dejó de caer; el CIS le daba al Partido Socialista una intención de voto del 36% en julio de 2011 y ahora todas las encuestas le sitúan muy lejos de esa previsión. En fin, que la recuperación de credibilidad del PSOE es imposible con su actual dirección es un hecho, y eso no hay Conferencia que lo arregle, menos aún si la organizan quienes están tan interesados  en evitar un cambio de rumbo.

Muchos se preguntan por qué los socialistas no se deciden a parar esta deriva tan parecida a un suicidio. En mi opinión, la causa hay que buscarla en el acuerdo de 2011 entre Rubalcaba, con el apoyo de todo el felipismo activo, y José Blanco con el grupo que le acompañaba en Ferraz, con Oscar López y Elena Valenciano al frente. De aquello nace una hoja de ruta que tiene su primera estación en el adelanto de las elecciones y la supresión de las primarias para el 20N. Tiene su continuidad en el congreso de Sevilla con un calendario y una alternativa de recambio, representada por Patxi López, que ahora el hundimiento inevitable de Rubalcaba pone en peligro. Lo que quieren salvar Rubalcaba, Valenciano y Oscar López es lo que queda de esa hoja de ruta; les va todo en ello. Lo tendrán difícil si hasta Felipe González le ha señalado la salida a la “mejor cabeza del país”, aunque, en una contradicción incomprensible según él, no valorada por el público. Entretanto, el partido que ha representado hasta ahora la socialdemocracia en España se descompone a toda velocidad.

Se trataba de ver, pues, si para curar esto había un bálsamo de serpiente llamado Conferencia y se citó para la ocasión a los magos de la tribu, a los habituales expertos en pirotecnia. Así, si las encuestas hacían daño, ahí va una con resultados espectaculares, la de la Fundación Sistema, dirigida por Alfonso Guerra, que, en contradicción con todas las demás, anuncia en vísperas del evento una espectacular remontada del Partido Socialista. El argumento demoscópico es inapelable por fantástico; puesto que España es un país de centroizquierda y el PSOE es el partido del centroizquierda, cómo no va a ganar el partido que dirige Rubalcaba. Luego, la publicación del barómetro del CIS obligó a una intensa brega de los magos del equipo sobre la cocina, la sal y la pimienta, esfuerzo anulado por otras encuestas aún más dañinas, como la de EL Confidencial o la de la cadena Ser. Y más pirotecnia: si Rubalcaba y su grupo habían mantenido con tenacidad que las primarias son sólo un instrumento táctico, por lo que debe mantenerse la fecha de su celebración en la sombra para no dar pistas al enemigo, en veinticuatro horas se produce un cambio radical, desde el “a mí en la calle no me preguntan por las primarias” a la urgencia de fijar una fecha porque “son lo más importante”. Tanto entusiasmo por ponerse al frente de la procesión regeneradora le lleva a Patxi López a equiparar la Conferencia de Oscar López con el congreso socialista de Suresnes, olvidando que, si fuera así, él está con el Llopis de ahora, con Rubalcaba, en la ejecutiva, y es candidato del aparato, por emplear el viejo lenguaje.

el discurso de un líder socialista que, al margen de  frases enlatadas sobre la calle y la gente, tantas veces repetidas, no puede librarse de un dato que en política es insuperable: no tiene la confianza de la gente, la calle no le reconoce auctoritas, y ese no es tanto su problema como el del Partido Socialista. Así, cuando Rubalcaba eleva la voz contra el machismo, cómo no recordar la historia del acosador de Ponferrada y a todas las “Nebenkas” del país. El PSOE tiene muchos problemas, pero uno es previo a todos: el aire que respira un partido de izquierdas es la auctoritas, es decir, si no te creen, estás perdido. Así que cuidado, porque no existe un voto cautivo del centroizquierda en España propiedad del Partido Socialista, estamos muy lejos ya del voto en familia, el voto de los nuestros. Hay que ganárselo con credibilidad, y no sirven artificieros subcontratados para, con pirotecnia y mucho texto académico, evitar el trabajo político serio de cada día. No hay retablo de las maravillas que regale la credibilidad en una feria, no se recrean realidades, como muestra Cervantes, con el simple artificio de las palabras, ese crédito no se consigue en un teatro de títeres, un espectáculo en el que sólo los cristianos viejos pueden ver las maravillas. Aunque a mí, lo confieso, los cristianos viejos me importan poco.

(*) Jesús Cuadrado es militante y exdiputado del PSOE.

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  • Carlos

    Buen análisis sobre quién está paralizando al psoe. qué tropa

  • Lukas

    Un artículo cabal sobre lo que está ocurriendo en el PSOE antes y después de la estupenda Conferencia.

  • Salvapor

    Más de lo mismo después de la conferencia de Madrid. Con estos mimbres no llegaremos muy lejos. Proyectos nuevos, gente joven para asumir responsabilidades, desocupar Ferraz de “ocupas”… Y algunas cosas más, es lo que necesita el PSOE. Y que nadie ponga palos en las ruedas de los jóvenes que quieren “mover la silla” y el cambiar el sueldos de los veteranos.

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