El maestro

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Luis Goytisolo *

Luis _GoytisoloLa última vez que hablé con Josep María Castellet fue, hará ya 2 o 3 años, en Madrid, con motivo de unas jornadas patrocinadas por la Fundación Mapfre relativas al papel jugado por Barcelona en el ámbito de la cultura en los últimos años del franquismo y el comienzo de la Transición. Ni que decir tiene que su actividad personal, como la del resto de los participantes –Jorge Herralde, Ricardo Bofill, Esther Tusquets, Ana María Moix, etc- no se ha limitado a esa época y que, por razones de edad, empezó mucho antes, a mediados de los cincuenta. Pero esos años fueron especialmente significativos.

Yo le conocí por aquel entonces, ya que a raíz de un artículo publicado en la revista Laye sobre la novela norteamericana, me planté en su casa con uno de los relatos de mis tiempos de aprendizaje, recién llegado a la universidad. El relato se titulaba Las monedas, y a los pocos días de leerlo me anunció su intención de publicarlo en Laye. Si no llegó a ser así fue porque las autoridades acabaron con la revista, pero eso no quita que  Castellet fuera mi primer lector.

Nuestra relación más estrecha se desarrolló a partir de la publicación de un número especial dedicado a la izquierda, de gran repercusión en toda Europa. Castellet creó un pequeño grupo universitario que se reunía periódicamente a discutir cuestiones ideológicas; nosotros le llamábamos el Maestro. Y grande fue su sorpresa al saber que todos nosotros habíamos ingresado en el PSUC, lo que supuso el final de las reuniones. Eso no significaba que fuésemos comunistas; éramos simplemente antifranquistas y, en mi caso, como en el de la mayor parte de mis amigos, la militancia no alcanzó los dos años. Conocíamos la realidad y teníamos muy claro que si algún día el comunismo alcanzaba el poder en España, habría llegado el momento de largarse a París.

Algo parecida fue la experiencia de Castellet con los miembros de Nueva República, un grupo de amigos, casi todos abogados, inicialmente educados en la Falange, que terminó en el exilio.

Pero el verdadero ámbito en el que se ha desarrollado la actividad de Castellet ha sido el literario, no el político. Su antología Veinte años de poesía española -la generación de Valente y Gil de Biedma-, modificó el canon establecido hasta entonces. Y pocos años después, su antología sobre los Novísimos consagró a toda una nueva generación. Sin embargo, desde un punto de vista personal, su principal empresa fue la creación de Edicions 62, líder indiscutible de la edición en catalán.

En los últimos años, junto a diversas obras de carácter memorialístico, se complació en hacer pública su defensa de la infidelidad. Un concepto que, referido a su persona, no considero adecuado, ya que la infidelidad presupone alguna forma de traición. Y él nunca traicionó a nadie. Más que de infidelidad, habría que hablar de rechazo de todo compromiso.

Recientemente le hice llegar un mensaje referido a Las monedas: le preguntaba si, por alguno de esos azares de la vida, habría guardado el texto original del relato, ya que yo lo destruí en su día. Una pregunta que se ha quedado sin respuesta.

(*) Luis Goytisolo. Escritor y académico de la RAE. Premio Nacional de las Letras Españolas 2013. Su última obra publicada es Naturaleza de la novela (Anagrama, 2013).

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