‘PPleaks’

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El expresidente chino Hu Jintao, uno de los implicados en el llamado 'Chinaleaks', junto con el presidente español y líder del PP, Mariano Rajoy, durante la Cumbre del G-20 celebrada en 2012. / Efe

El diario El País publica estos días, junto a otros 15 medios de comunicación internacionales, tan prestigiosos como The Guardian, la BBC o Le Monde, una investigación estremecedora sobre la corrupción en el Gobierno de China. Se trata de una filtración al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), a la que por razones obvias han denominado Chinaleaks, que incluye dos bases de datos con 30 años de registros de actividades de empresas gestoras especializadas en crear estructuras financieras en paraísos fiscales. Más de 2,5 millones de archivos con información sobre 100.000 compañías establecidas en estos lugares, toneladas de datos confidenciales que están escandalizando al mundo.

El régimen Chino está podrido: mientras millones de ciudadanos languidecen, consumidos por la miseria, las élites políticas, sociales y económicas ocultan sus fortunas en paraísos fiscales. Esos desalmados cuentan con la complicidad de los grandes bancos, que les ayudan en sus fechorías. El Gobierno habla de transparencia, pero en realidad reprime a los que luchan contra la corrupción.

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¿No le suena todo esto? ¿No lo ha visto usted antes? ¿No le resulta cercano, familiar, ya vivido? Un déjà vu, quizás. Sí, todo eso de las cuentas en paraísos fiscales, la corrupción y la falsa transparencia, el lujo y el despilfarro en las élites políticas y económicas, el poder en la sombra de los directivos de compañías energéticas, el enchufismo, las desigualdades…

Tras la difusión de las filtraciones, algunos medios de comunicación chinos se han desatado y confiesan que en su país, mientras los ricos son cada vez más ricos, en algunas zonas rurales no tienen ni agua potable. ¡Coño, como en algunos pueblos de Castilla La Mancha!

La corrupción china es lamentable. En otras circunstancias conseguiría estremecernos. Pero somos españoles, y todas esas miserias políticas y sociales que nos cuentan las estamos viviendo en nuestras propias carnes. No necesitamos referencias de un país asiático para comprender cuán miserable puede ser la política, hasta dónde puede enfangarse la vida diaria, cómo pueden ser de sangrantes las diferencias entre ciudadanos, hasta qué punto pesan los privilegios, el enchufismo, el color de la sangre.

En España cada mañana desayunamos con una noticia chusca, puede usted llamarlo filtración. Los PPleaks. El último, cuando escribo estas líneas, es que el juez Ruz ha encontrado nuevos indicios de financiación ilegal del PP: el partido pagó con 200.000 euros en negro la sede de La Rioja en 2008.

No es de extrañar que este mismo gobierno intente evitar a toda costa un conflicto diplomático con Pekín, colegas de corruptelas filtradas, y haya puesto en marcha una reforma legal exprés, con  nocturnidad y alevosía, para archivar la causa abierta en la Audiencia Nacional por el genocidio tibetano. Ocultar parece formar parte del ADN popular. Y si no me cree, ahí tiene su intención de pegar un recorte, no podía ser de otra manera, a la justicia universal y archivar una docena de casos de torturas y genocidios.