Otra vez campeón de Europa

Hugo Martínez Abarca *

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Ramos celebra su decisivo gol, que permitió al Madrid empatar el partido y forzar la prórroga. / Jose Sena Goulao (Efe)

Los madridistas de mi generación crecimos mirando a la Copa de Europa con una relación ambigua. Por un lado nuestros padres nos hablaban de esas seis copas que el Madrid había ganado con Di Stefano, Puskas, Gento, el Madrid ye-ye… El Madrid era el equipo de la Copa de Europa. Pero lo que veíamos de niños en el campo era a un equipo maravilloso, el de la Quinta del Buitre, que ganaba cinco Ligas seguidas sin despeinarse, que ganaba dos copas de la UEFA, que en la Copa de Europa hacía grandes remontadas y eliminaba al Nápoles de Maradona, la Juventus de Platini, el Oporto de Futre, el Inter de Milan, el Bayern de Munich… y caía en semifinales. Crecimos con nostalgia por una Copa de Europa que nos habían dicho que era nuestra pero habíamos comprendido que era fatalmente inalcanzable. De aquel sentimiento surgió un anuncio, aquel en el que toda España se reía de nosotros los madridistas con un anciano que se preguntaba “Y el Madrid, ¿qué? ¿Otra vez campeón de Europa?

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Hasta que llegó el gol de Mijatovic a la Juve, el taconazo de Redondo en Old Trafford, el gol de Zidane al Bayer Leverkusen y ayer el gol de Sergio Ramos. Recuperó el Madrid la relación con la Copa de Europa que nos habían transmitido nuestros padres: la que hacía al Madrid jugar la Copa de Europa en casa, la que convertía a todo otro equipo en visitante, en invitado a disputar un torneo a su ganador natural.

No debe de ser casualidad que sólo dos de las diez temporadas en las que el Madrid ha ganado la Copa de Europa haya ganado también la Liga. Esas dos temporadas fueron en los años 50. Las dos veces que el Madrid ha jugado la final contra equipos españoles ha sido contra equipos que en la Liga quedaron dos puestos por encima de él. Son temporadas en las que parece que en Europa el campo se le inclina al Madrid hacia abajo, en la que no hay rival que pare en Europa a un equipo que los domingos parece manejable. Son temporadas en las que el Madrid es cegado por una Copa de Europa que parece que tira de él mientras impide que vea todo lo que no sea esa copa.

Durante los primeros 75 minutos de ayer el campo no llegaba a inclinarse. Incluso la parábola que llevó el balón de la cabeza de Godín a la portería de Iker parecía decirnos que la inclinación había cambiado, que nos olvidáramos de esa mística que acompaña al Madrid a las finales de la Copa de Europa. Pero en el minuto 75 el campo se inclinó. Como siempre. Llevábamos desde septiembre diciendo que el Atlético no podría mantener ese ritmo toda la temporada y casi nos equivocamos: lo mantuvo de forma impresionante durante toda la temporada menos 15 minutos (que luego fueron 30 más), a los que llegó agotado, en los que ya no pudo levantar el campo y se inclinó, como siempre, para que el Madrid jugara en Europa con el campo hacia abajo.

Así que para los madridistas de mi generación la relación con la Copa de Europa es mucho más definida. No hemos visto al Madrid perder una sola final. De aquella de 1981 contra el Liverpool no tengo recuerdo alguno, tenía cuatro años. Nuestros recuerdos europeos ya son como los de nuestros padres, son los de un equipo que incluso cuando es mediocre en el día a día camina dos palmos por encima del suelo por Europa.

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Florentino Pérez celebra con Aznar el gol de Ramos. / captura de vídeo de RTVE (YouTube)

Con todo, qué mal sabor de boca deja el espectáculo de un palco plagado de corruptos y mezquinos en el que el más honrado está en la libreta de Bárcenas. Qué mal gusto ponerte una imagen de Aznar y Florentino Pérez cuando estás gritando de alegría por el gol de tu equipo. Algún día tendremos que conseguir que esa gente no parasite nuestra alegría. Quizás hoy, con nuestro voto, nos podamos llevar una alegría y conseguir que dejen de parasitar nuestro mundo. Al fin y al cabo también se trata de Europa, donde algún día la gente tendrá que empezar a sentir que juega con el campo hacia abajo. Al fin y al cabo ese también es nuestro campo, nuestro torneo. También hace poco la Copa de Europa parecía una historia tan irrecuperable como hoy lo parece la democracia en Europa.

(*) Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de IU y autor del blog Quien mucho abarca.