No como Argentina

Jesús Cuadrado *

Jesús_CuadradoEl pasado año, en su viaje a Roma con motivo de la entronización del Papa Francisco, la presidenta argentina Cristina Kirchner se vio obligada a esconder en Marruecos el avión oficial, el Tango 01, por el riesgo de que fuera embargado. Era la expresión más visible del acoso de los fondos de inversión que están solicitando el embargo de bienes del Estado argentino por deudas. No era nuevo. Hace dos años, Ghana embargaba la Fragata Libertad, el buque escuela argentino, y con frecuencia el gobierno se ha visto obligado a trasladar sus cuentas corrientes en el extranjero a plazas seguras ante el riesgo de ser incautadas por la presión de los bonistas acreedores. Finalmente, el pasado 18 de este mes, en un comunicado del ministerio de Economía, el gobierno reconoce que no podría cumplir el pago de los bonos reclamados para el 30 de junio estipulado, con lo que Argentina entraría al default o suspensión de pagos.

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Si no se llega a un acuerdo, una tragedia más en la vida de los argentinos, otro episodio desgraciado de un país convertido en un campo de batalla entre “fondos buitre” criminales y la peor panda de gobernantes posible. Pobres argentinos, con una presidenta que, con el riñón bien cubierto después de años de acopio en la proximidad de las arcas exhaustas del Estado, ahora se dedica a responder vociferando consignas antiimperialistas contra jueces y acreedores. Sólo es el colofón del desastre de la gestión de un país por una pandilla que ha convertido el truco del discurso antiimperialista en un burladero para sus desmanes, hoy bien visibles para desgracia de cuarenta millones de argentinos.

Si a los responsables de la política económica de un país se les debe juzgar por resultados, hace tiempo que los de Argentina deberían estar en el calabozo. Si la inflación importa para las condiciones de vida de la gente, y ya lo creo que importa, los argentinos se las están viendo con precios desbocados que han llegado a subidas de la carne, por ejemplo, de hasta un treinta por ciento en una semana. Con la caída del precio de la soja, pérdidas constantes de las reservas de divisas y las consecuentes devaluaciones, la economía argentina ha entrado en un círculo imparable de empobrecimiento que está machacando a su población más débil. El mal es de sobra conocido, una política económica populista cebada por los precios excepcionalmente elevados de un recurso natural, en este caso las grandes extensiones para la producción de soja. Hasta Robert Skidelsky, poco sospechoso de “neoliberal”, se lo advirtió en Buenos Aires: el país se apoya en precios de commodities que son muy cíclicos, para soportar políticas monetarias y fiscales “sorpresivamente expansivas”. Y tanto.

Pero, ¿quiénes son estos tipos tan brillantes? Uno de ellos, Amado Boudou, actual vicepresidente, les podría representar a todos ellos. Acusado judicialmente por haber salvado de la quiebra una imprenta y haber participado en su compra, siendo ministro de Economía, “con el fin último de contratar con el Estado la impresión de billetes y documentación oficial”. La justicia sigue también investigando el origen del crecimiento rapidísimo de su fortuna personal. El número dos del gobierno argentino es además el mejor representante de una curiosa escuela económica muy admirada por algunos políticos españoles. Es muy conocido por intentar, como ministro de Economía, la modificación de los planes de estudio vigentes de Ciencias Económicas en las universidades argentinas, a los que identificaba como responsables de “una dominación neoliberal”. A partir de ahí no han parado los despropósitos de este grupo que, en el gobierno, están destrozando la economía argentina. Así, pretenden que sólo se estudie en la economía clásica a Marx y Keynes o borrar de los programas de estudio a “peligrosos” autores como Jeffrey Sach o Paul Samuelson, nada menos. Uno de ellos, Feletti, lo expresaba de esta manera: “Así como este gobierno rompió la masa mediática también debemos romper la masa académica. Necesitamos una urgente reformulación de los planes de estudio de las facultades de Económicas”. Se trata de grupos de economistas oficialistas como “La Gran Makro”, “La Cámpora” y “Jóvenes Heterodoxos”; estos aprendices de brujo son los que hoy gobiernan Argentina, y a los que un sector de la izquierda europea y española, relanzada después de las europeas, propone como modelo.

En Europa, el fracaso actual de las políticas socialdemócratas, históricamente centradas en la distribución de la renta, ha incrementado el peso de grupos como los de la coalición de Izquierda Radical (Syriza) en Grecia. Hay muchas coincidencias con el “modelo K” que pusieron en circulación los Kirchner, como la reinvención de Keynes, al que, asombrosamente, han enlazado con Marx y Lenin. Así, el economista británico es utilizado, por ejemplo, para bendecir la bondad de los déficits públicos permanentes o para propuestas de “anulación de deudas ilegítimas (odiosas)”, incluso lo presentan como un economista despreocupado con la inflación. Les viene bien a los dirigentes argentinos para dignificar sus desmanes económicos, hoy bien visibles, pero ese no es el Keynes que condena contundentemente los procesos inflacionarios (Las consecuencias económicas de la paz) o que “pensaba que los presupuestos gubernamentales debían estar normalmente equilibrados”, como señala su biógrafo Skidelsky en El regreso de Keynes. Que no busquen disculpas quienes, como señala Juan Ignacio Crespo (Cómo acabar de una vez por todas con los mercados), han llevado a Argentina a que “la vuelta a la normalidad del comercio y las finanzas internacionales le esté vedada por esta generación y probablemente por la siguiente”. Si ese es el modelo de grupos políticos con éxito en el sur de Europa, España incluida, habrá que seguirlo con atención.

El problema de las propuestas de estas fuerzas políticas es que olvidan que vivimos en un mundo con una economía cada día más interconectada mundialmente, en el que la retórica antiimperialista sirve de poco para obtener resultados prácticos, dónde, como muestra el caso argentino, nos iría mejor enfrentarnos a los mercados con más maña y menos retórica. Pero, sería un error de la socialdemocracia europea no fijar su atención en el caldo de cultivo del que surge el profundo malestar, la extensión de las situaciones de pobreza real, las tasas de paro insoportables, la ausencia absoluta de esperanzas de futuro, en fin, una crisis de confianza muy arraigada que aleja a millones de europeos de la UE y les arrastra hacia los extremos. Europa necesita con urgencia un nuevo consenso capaz de “convencer” a la Alemania de Merkel de que, más allá de las políticas actuales, que no han logrado ni crecimiento ni empleo, es urgente reorganizar una unión monetaria que favorezca la inversión, con reformas que mejoren la productividad y hagan posible hacer frente a deudas públicas, que ya asustan, con un horizonte de viabilidad.

A pesar de todo, en algunos países europeos la socialdemocracia parece despertar, especialmente en la Italia de Matteo Renzi. Con un resultado electoral espectacular, está combinando profundas reformas internas, imprescindibles para una Italia económicamente viable, con una interpelación directa a la intransigencia suicida de Merkel, con propuestas como el aumento en 150 mil millones de euros de la inversión de la UE o una mayor flexibilidad fiscal. La presidencia italiana de la UE que se inicia en julio sería una buena ocasión para romper la actual dinámica insostenible.  Sin ese cambio de rumbo en Europa la crisis política irá a más y el escenario será cada vez más favorable políticamente para los del “modelo K”.

(*) Jesús Cuadrado es militante y exdiputado del PSOE.