El futuro está abierto

Antonio García Santesmases *

Antonio_García_SantesmasesNo nacimos, decía Pere Navarro en su discurso de despedida como secretario general del PSC, para elegir entre España y Cataluña. Y, sin embargo, la evolución de las cosas ha llegado a tal situación que parece imposible sobrevivir políticamente sin tener que elegir entre los dos nacionalismos hegemónicos. ¿Puede el federalismo evitar esa elección? ¿puede el federalismo lograr una convivencia en la que quepan las distintas identidades nacionales?

Así como la abdicación del rey marcó la campaña para la elección del secretario general del PSOE, en el momento de su ratificación la gran noticia ha sido la confesión de Jordi Pujol. No estamos ante un hecho cualquiera. Nada menos que el presidente del Gobierno catalán durante 23 años, el hombre que ha encarnado como nadie el nacionalismo catalán desde los inicios de la transición, confiesa que ha mantenido una fortuna económica en un paraíso fiscal.

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Un hecho de esta magnitud ha provocado que todos los demás sucesos -la despedida de Rubalcaba, la elección de la nueva Comisión Ejecutiva Federal- hayan pasado a segundo plano. Todo el mundo estaba pendiente de los efectos de esta confesión sobre la realidad política catalana. El nuevo secretario general del PSOE se refirió al tema contraponiendo la hipocresía de los que ponen por encima de todo la salvaguarda de su patrimonio económico, aunque continuamente alardeen de patriotismo, de los auténticos patriotas, de aquello que no se han envuelto en la bandera y han luchado- como es el caso de los socialistas catalanes- por mantener un clima de concordia, de convivencia, y de entendimiento entre España y Cataluña.

Cualquiera que viera el discurso por televisión pudo observar la emoción que embargaba a los socialistas catalanes cuando, por primera vez, se les reconocía en un lugar tan señalado y con tal fuerza su aportación a evitar el choque de trenes entre el neocentralismo del PP y el separatismo de CiU. Han sido tantas las ocasiones en las que, desde las filas socialistas, se les ha reprochado haber sucumbido al canto del nacionalismo catalán, y haber sido incapaces de realizar una política propia, abandonado cualquier perspectiva de izquierda, que no era extraña esa emoción.

También era una novedad que todo un secretario general del PSOE citara a uno de los socialistas más lucidos al hablar del federalismo como es Isidre Molas. Antiguo presidente del PSC es Molas una de las grandes figuras del pensamiento socialista; una figura que ha sido ignorada por muchos dirigentes del PSOE que no han querido entender que los socialistas catalanes no eran nacionalistas pero sí eran federalistas.

La pregunta, la eterna pregunta es si esta opción federalista que efectivamente Molas ha defendido con tanto rigor a lo largo de su vida política es viable en un panorama político donde para muchos catalanes la España federal es más utópica que la Cataluña independiente. Para muchos de los antiguos votantes del PSC España nunca llegará a satisfacer sus expectativas; España no es capaz de hacerse cargo de las demandas de una nación que requiere un tratamiento singular y por ello necesitan un Estado propio para poder desarrollarse. En la propia exposición de Pedro Sánchez, tan acertada a la hora de reivindicar el papel de los socialistas catalanes, se cometió el error de pedir que se desterrara del lenguaje político palabras como independentismo, equiparando el movimiento secesionista con lacras como la violencia de género, la corrupción o la desigualdad. No fue precisamente un acierto. El independentismo no desaparecerá del lenguaje político porque lo pretenda el secretario general del PSOE, el independentismo es un reto que está ahí y hay que afrontarlo. Son muchos los ciudadanos de Cataluña que quieren formar un todo aparte y no ser una parte del todo. Son muchos los que consideran que hay que unirse para hacer país, pero consideran que España ha dejado de ser su país.

Ahí está el drama que tenemos no que afrontar como si fuera una novedad sino que seguir afrontando. Un drama en el que es imprescindible que seamos conscientes del enorme peso del independentismo catalán pero que no ignoremos el enorme peso que tiene igualmente el nacionalismo español. El nacionalismo español sabe mover muy bien sus cartas. Lo ha hecho con extraordinaria habilidad a la hora de enaltecer los valores de la monarquía, en las semanas posteriores a la abdicación. Por cierto en el discurso del nuevo secretario general del PSOE que fue tocando todos los temas casi de una forma exhaustiva y habló del europeismo, del federalismo, del laicismo, de los derechos cívicos, de los derechos sociales, del Estado del Bienestar, del cambio climático, de la discapacidad, de la dependencia, de la inmigración y del exilio económico, de las generaciones perdidas y las generaciones olvidadas, en ningún momento apareció el republicanismo. Hubo sí referencias a Pablo Iglesias y a los dos presidentes socialistas de la democracia pero ninguna a la España de los años treinta y a la memoria republicana.

Fue una carencia importante porque el PSOE es heredero de una tradición histórica en la cual no se puede prescindir de la tradición republicana. ¿Podemos hablar en serio de de una reforma de la constitución sin considerar que el tema de la forma de Estado tiene que ser discutido por los españoles? De nuevo aquí pasa como en el tema del vocabulario político. Ni el tema del independentismo desaparece porque así lo quiera el secretario general del PSOE ni la reforma de la Constitución se puede acotar. Una reforma de la Constitución requiere un período constituyente donde se puedan sentar las bases de una nueva convivencia. En ese período no puede haber temas tabú; para llegar a un nuevo texto constitucional, a un nuevo acuerdo que permita resolver todos los problemas pendientes no se pueden poner puertas al campo.

La   memoria republicana y la necesidad de un referéndum que permita consultar a los españoles sobre la forma de Estado estuvieron, sin embargo, muy presentes en el debate entre los tres candidatos a la secretaria general del PSOE, especialmente en la intervención de Jose Antonio Pérez Tapias.

Sorprendió por ello la completa desaparición del tema en el discurso del nuevo secretario general. Es evidente que la derecha política y cultural no quiere que se hable del asunto. Para ella el prototipo del buen socialista es el nuevo premio Mariano de Cavia que ha recaído en Francisco Vázquez por un artículo cuyo titulo significativo es España. Animo a los lectores a que retengan el dato y a que aguarden a la ceremonia de entrega del premio donde no sería de extrañar la presencia del nuevo monarca para legitimar al diario ABC que entrega el premio y enaltecer la contribución de los socialistas auténticamente patriotas.

Vázquez es premiado por el ABC y Leguina suscribe el manifiesto de Libres e Iguales (los dos son ejemplo de "buenos socialistas" para la derecha cultural y mediática) pero a la vez Ernest Maragall concurre a las urnas como numero dos de ERC y Toni Comin abandona el PSC y son igualmente enaltecidos como buenos patriotas catalanes. No son hechos irrelevantes. Son políticos socialistas muy significativos que han quedado atrapados en el choque entre los dos nacionalismos. Un choque que ha fracturado al electorado socialista de una forma dramática. Algunos como los citados ya han elegido pero son muchos los que no quieren elegir, los que quieren ser a la vez españoles y catalanes, los que no quieren que se fracture un proyecto de convivencia, los que quieren seguir viviendo juntos.

¿Es posible asegurar esa convivencia futura? Decía Pérez Tapias, en su campaña a la secretaria general del PSOE, que así como 135 años de historia no garantizan la perdurabilidad de un proyecto político si el PSOE no es capaz de reubicarse en la izquierda, tampoco quinientos años de un Estado garantiza su futuro en las próximas décadas, si no es capaz de hacer las reformas necesarias. Por ello, ahora que las primarias han pasado y que el congreso ha ratificado al ganador, es un buen momento para la reflexión, para como decimos los profesores, aprovechar las vacaciones para repasar lecturas e iniciarse en otras nuevas. Un buen acompañamiento puede ser el libro Invitación al federalismo de Jose Antonio Perez Tapias. Todos los conceptos que se juegan en este tema: la nación y la soberanía, la ciudadanía y la identidad, la memoria y el reconocimiento están en esta obra del Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada que ha logrado lo que parecía imposible: hacer visible a Izquierda Socialista como no lo había estado durante muchos años. Cuando en estas páginas de cuartopoder.es le aplaudía el pasado 2 de junio por dar un "paso adelante" no podía imaginar que tendría tal apoyo en la militancia del PSOE y en su electorado. Ahora que se ha convertido en un referente político e intelectual indiscutible en el mundo socialista es el momento de pensar en la advertencia que lanzó en las primarias.

Nada está garantizado. El futuro está abierto. El PSOE puede perdurar o desaparecer como el PASOK, el Estado español puede tener futuro o sufrir crisis permanentes por no ser capaz de imaginar nuevas formas de convivencia desde un federalismo plurinacional como el que Perez Tapias defiende en su libro.

(*) Antonio García Santesmases es catedrático de Filosofía Política de la UNED