Lecciones del referéndum de Escocia

Jesús Cuadrado *

Resultados_definitivos_referendum_Escocia
Resultados definitivos del referéndum, publicados en la web del Gobierno de Escocia. / scotlandreferendum.info
Actualización de las 14:48 con los resultados definitivos de la consulta

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En el 18S, "the day of destiny", el 'No' a la independencia de Escocia ganó, pero no por mucho. Ocurrió cuando la conspiración de David Cameron para derrotar a la vez a los independentistas y a los laboristas, acercó al borde del abismo al Reino Unido, como conocían por buenas fuentes los de la Faes de Aznar, y se describe aquí. El día en que Alex Salmond, “el pequeño Robespierre”, quitó el sueño a la reina y a la city, y a muchos más. Día de lecciones escocesas.

El resultado: pierden los independentistas por 44,65% frente a 55,25% , 1.617.989 votos frente a 2.001.926, según los datos oficiales, con una participación que superó el 84%. Se trataba de una apuesta en la que los jugadores iban al todo o nada; los protagonistas quisieron que desaparecieran las opciones intermedias. Ahora, si hacemos caso de las palabras del líder del partido Nacionalista Escocés (SNP), Alex Salmond, no se volverá a plantear un referéndum similar hasta, al menos, dentro de veinte años. Ya se verá, pero lo que si sabemos es que ahora se abre en el Reino Unido una batalla política por el futuro estatus de Escocia. ¿Quién gestionará la victoria del 'No'? Hace dos días The Guardian publicaba un artículo en el que analizaba esta cuestión y no tenía dudas: gana Gordon Brown, ganan los laboristas. La razón: tienen un plan preciso, conocido, de dotación de amplia autonomía para Escocia, para las cuatro naciones, en realidad. Se trata de la opción denominada Full Devolution, la Devo Max, una opción que allí consideran similar al sistema español, la que no querían de ninguna manera ni Cameron ni Salmond.

Es la hora de preguntarse qué ha pasado en el Reino Unido en estos tres último años, cómo, en tan poco tiempo, se han precipitado los acontecimientos para que los partidarios de la independencia de Escocia hayan pasado de un apoyo de no más de un 20% en 2011, según todas las encuestas, al de casi la mitad de la población. Más aún, en 2007, los partidos unionistas representaban el 60% de los votos frente a un 30% de los nacionalistas, que gobernarían en minoría. De hecho, el SNP se presenta a las elecciones con su Manifesto 2011 en el que, contra lo que se suele repetir, aborda con mucha precaución el asunto de la independencia y se centra en las preocupaciones por la marcha de la economía, que era lo que de verdad interesaba a los escoceses.

De hecho, los nacionalistas del SNP proponen en su proyecto de ley para el Referéndum, la Draft Referendum Scotland Bill de 2012, la posibilidad de elegir entre dos opciones, la de la independencia o la de la mayor autonomía dentro del Reino Unido. Por entonces, las encuestas mostraban que la preferencia de los escoceses estaba en esta opción, la conocida como Devo Max, antes que en la de la independencia. ¿Qué pasó? Que Cameron se pasó de listo, creyó que podía satisfacer al radicalismo antiautonomista de una gran mayoría del Partido Conservador con un órdago de mal jugador. Con unas encuestas, con las que resultaba increíble que la opción de la independencia pudiera ganar, apostó fuerte: referéndum al “yes or no” y, además, con chulería, proponía “que se celebre pronto (2013)”, que valga la mayoría simple y que voten los de 16 años. Quería matar dos pájaros de un tiro: la opción de la independencia y al Partido Laborista, muy dependiente del voto escocés. Y ese fue el acuerdo de Edimburgo entre Cameron y Salmond, en el que los nacionalistas consiguieron lo que quieren y más. Tanto, que la Comisión Electoral debió modificar la pregunta acordada por demasiado sesgada a favor del 'Sí', y del “¿Está de acuerdo con que Escocia debería ser un país independiente?” debió desaparecer la primera parte.

Una jugada, la de Cameron, que ha puesto al Estado británico al borde del abismo, y de paso a toda la Unión Europea en un serio aprieto. Pero nadie ha contado esta 'jugada' con más detalle que la Faes de Aznar en un trabajo que publicaron en 2012, poco antes del acuerdo de Edimburgo. Su título, El Referéndum sobre la independencia de Escocia, y, a partir de su página 32, desvela las verdaderas intenciones del camarada Cameron ¿Cómo es posible que los conservadores británicos acepten el “derecho a la autodeterminación”, que cuatro millones decidan por sesenta y cuatro? Pues, sí, porque el aprendiz de brujo está convencido de ganar por goleada en ese partido. Así, en este documento del centro de ideas del PP se lee: “Todos los estudios demoscópicos publicados, y posiblemente los no publicados, conocidos por el Gobierno británico, señalan que la opción independentista radical (…) la apoyan teóricamente entre un 20-30% de los electores escoceses”. Así que Cameron tenía controlada la situación, según sus colegas españoles. Ya se ve por qué hay que fiarse poco de esos inventos unionistas para España si los organizan los de Faes, aunque formen parte de ella Vargas Llosa o Fidalgo.

¿Y ahora qué? No estaría mal si esto sirviera para que los que han hecho de la política en Gran Bretaña el arte de dividir a la gente pasaran a segundo plano. Si sirve de precedente, en 1995 los independentistas de Québec perdieron por 60.000 votos y hace unos meses casi han sido barridos en las elecciones por los Liberales, el equivalente de los socialdemócratas en Europa. Hoy, en Escocia sólo puede administrar esta situación con posibilidades de éxito quien tenga un proyecto para gestionar un resultado como éste. Coincido con The Guardian: en Escocia sólo tiene fuerza política para liderar una salida el Partido Laborista. De hecho, la representación escocesa en el Parlamento británico es de 40 laboristas frente a 19 del resto de partidos. El resultado del referéndum es un mandato para, ahora, hablar de mayor autonomía presupuestaria y financiera, de redistribución competencial, de cooperación institucional, o de las interesantes propuestas de Gordon Brown, como el acuerdo constitucional, que incluiría un Senado como árbitro para los conflictos entre “las cuatro naciones”. En fin, es la hora de la política seria.

(*) Jesús Cuadrado es militante del PSOE. Fue diputado socialista por Zamora de 2004 a 2011.