«Esa persona de la que usted me habla»

Mariano Rajoy, ayer, en el pleno del Congreso de los Diputados. / Juanjo Martín (Efe)
Mariano Rajoy, ayer, en el pleno del Congreso de los Diputados. / Juanjo Martín (Efe)

El pasado y el presente no existen para Mariano Rajoy. Todo es futuro para el presidente del Gobierno, un autoestopista galáctico que se desplaza por la política española a la velocidad de la luz y en una sola dirección: la contraria a los acontecimientos. María Dolores de Cospedal, mujer con un enorme don de lenguas, diría que su líder se mueve “dentro del ámbito de la rapidez”, circunstancia que le permite eludir la realidad de forma anticipada: en el momento en que surge el problema, cuando salta el corrupto o imputan al exministro, nuestro superhéroe de plasma ya lleva media hora huyendo. Es un Houdini gallego capaz de hacer suya la frase favorita del ilusionista húngaro estadounidense: “Mi vida profesional es un registro constante de desilusiones”.

Es difícil atrapar a un hombre tan precavido, a un político tan escurridizo. Por eso cuando Rodrigo Rato escuchó a Mariano Rajoy referirse a él como “esa persona de la que usted me habla” supo que tendría que tomar la decisión de abandonar el partido de manera unilateral. Rajoy, como si el expresidente de Caja Madrid fuese un cachorrillo a punto de ser abandonado, nunca lo haría. Si ni siquiera pronuncia su nombre, ¿Cómo podría tener huevos para ponerle de patitas en la calle?

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Rajoy no habla hoy del individuo que está en boca de todos, y que no es otro que Rodrigo Rato, de la misma forma que en su día se negó a nombrar a «esa persona” a la que el resto de la humanidad llamaba Luis Bárcenas. Y tampoco hablará mañana de ese camarada que atiende por Ángel Acebes, ministro por triplicado, vocero del 11-M y ahora, por obra y gracia del juez Ruz, imputado por comprar acciones de Libertad Digital con la ‘caja B’ del Partido Popular. Porque Rajoy, navegante interestelar, viajero cósmico en perpetua fuga, no es un líder de esta galaxia. Su política no es de este mundo, sino de uno futuro, tan fantástico como improbable, de limpieza radiante e higiene absoluta.

Mientras llega ese momento soñado, el Gobierno y el Partido Popular confirman que no  investigarán a Rato tras renunciar de manera temporal a la militancia. Ya no es de la banda, es un particular, su caso excede de las funciones del partido y, por tanto, queda en manos de la justicia. ¡La justicia! ¡Dejen trabajar a la justicia!, claman los gángsters en defensa de sus intereses. Menos mal que aún quedan hombres de los que se visten por los pies, como Vicente Martínez-Pujalte, garante en su día de Fabra, Rato y Jaume Matas: “No he conocido una persona más honesta en la vida que Ángel Acebes”.

Al sentir el aliento de la bofia en el cogote, Mariano pisa el acelerador. Tiene que poner tierra de por medio. El proyecto neoliberal hace aguas, los compinches caen como moscas a su alrededor, el desánimo cunde entre una banda de manguis sin liderazgo… ¿Es usted Mariano Rajoy? “Esa persona de la que usted me habla… no existe”, contesta el presidente.