Artur Mas y la izquierda catalana

Jesús Cuadrado *

Jesús_CuadradoMariano Rajoy y el PP son los mayores fabricantes de independentistas, pero haría mal la izquierda catalana si, por darle una patada a la derecha española, contribuye a debilitar el Estado de Derecho. Carlos Jiménez Villarejo, reconocido jurista, con una brillantísima carrera como fiscal y elegido eurodiputado en las listas de Podemos, señalaba con contundencia en un reciente artículo que “el 9-N es incompatible con las exigencias de un Estado de derecho”. Acusa directamente a Artur Mas y a quienes promovieron esa farsa, “un proceso plagado de ilegalidades”, de mala fe, deslealtad e imparcialidad manifiesta. El fiscal Villarejo llega a preguntarse, dolido, si, ante tal mascarada, estamos en un Estado de Derecho. Pero lo que llama la atención es el silencio de otros, como si la defensa del Estado no fuera cosa de la izquierda.

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Muchas veces me he preguntado qué hubiera dicho Jordi Solé Tura, ponente constitucional y uno de los líderes históricos más lúcidos de la izquierda catalana, ante el proceso secesionista desencadenado por el nacionalismo catalán. Recientemente, el constitucionalista de la Autónoma de Barcelona, Francesc de Carreras, recordaba el excelente libro de Solé Tura Nacionalidades y nacionalismo en España, en el que advierte a la izquierda sobre las gravísimas consecuencias de manosear el derecho de autodeterminación, trucado a veces como “derecho a decidir”, imposible en un Estado de Derecho como el nuestro. Con esto, escribe, la izquierda no puede ser ambigua “so pena de dejar de ser izquierda” y señala que la confusión a quien favorece es a los nacionalistas, porque la ambigüedad es su razón de ser. La independencia sería “una catástrofe económica y social”, especialmente dañina para los más humildes. A la luz de sus escritos, Solé Tura estaría hoy tan preocupado como Jiménez Villarejo.

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Sí, defender el Estado de Derecho es de izquierdas, muy de izquierdas, y no hacerlo tiene consecuencias. Cuando un Artur Mas desbocado recurre al camino plebiscitario, como hizo en esa conferencia reciente de escenografía inquietante, en la que dijo que “las elecciones deben servir para saber si los catalanes quieren un Estado independiente o no”, me pregunto qué pintan ahí líderes de la izquierda catalana. Cuando eran estudiantes, ¿se perdieron las clases de historia? Por muy astuto que sea un político nacionalista, cuesta creer que sea capaz de arrastrar a toda la izquierda catalana con las ambigüedades del “derecho de autodeterminación” o “derecho a decidir” y ahora ya con este invento de las “elecciones plebiscitarias”.

La forma en que han pretendido resolver las cuestiones políticas importantes los dictadores en potencia, su opción preferida para obtener mayorías, siempre ha sido ésta, la de organización de aquelarres frente a los ‘otros’. Nada nuevo en la historia; pero, cómo se deja la izquierda “comer el pan del morral” en esta batalla política, cómo permiten que unos aprendices de brujos de ‘tres al cuarto’ les embarren así el campo. Y en Cataluña, donde, como se ve en este gráfico con datos de la propia Generalitat, la gente se declara masivamente de izquierdas.

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Elaboración propia a partir de datos del CEO, Generalitat,  segunda oleada 2014.

Cuando ocurre esto es porque la izquierda, o las izquierdas, están perdiendo la batalla de las ideas, porque los nacionalistas, a veces también con uniforme de izquierdas, han llevado el agua a su molino, han creado el marco que les conviene. Pasa que, cuando tanta gente piensa hoy que el sistema político está corrompido, que la democracia está secuestrada por oligarcas y políticos corruptos, Artur Mas, el que fuera consejero de economía de Jordi Pujol, y Oriol Junqueras consiguen el milagro de hacerle creer a muchos que la alternativa a esos problemas es la independencia. La derrota de la izquierda catalana, hasta hoy, se hace evidente viendo cómo nada tiene que ver lo que preocupa a los catalanes con la agenda política que han impuesto los nacionalistas, como se ve en este gráfico elaborado con datos de la encuesta de la propia Generalitat.

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Elaboración propia a partir de datos CEO, Generalitat, segunda oleada 2014.

Las preocupaciones de los catalanes son sociales, las de los políticos catalanes son identitarias. Fracaso de la izquierda. Cómo consiguen los nacionalistas que un problema que sólo pone en primer lugar un 12% de la gente sea el tema diario, cómo consiguen que un asunto de tanto interés como la vida y milagros de la familia Pujol pase a segundo plano. Técnica nacionalista, de las de toda la vida. Se trata de imponer una política centrada en los reclamos culturales en lugar de los problemas que agobian diariamente a la gente. Como ha visto bien el economista Dani Rodrik: “Cuando la política se basa en esos argumentos, ganan las elecciones quienes logran ‘estimular’ mejor nuestros marcadores culturales y psicológicos latentes, no los que representan mejor nuestros intereses”. Eso vale para las técnicas de los cristianos renacidos del Tea Party, también una minoría en EEUU, o para los independentistas de ocasión como Artur Mas. El opio del pueblo. “La política de la identidad es maligna, porque suele trazar límites en torno a un grupo privilegiado y requiere la exclusión de quienes no pertenecen a él”, sentencia Rodrik, citando como armas de exclusión valores, religiones, etnias, lenguas, cualquier cosa que sirva para ‘estimular’ pasiones.

Y el mayor éxito del nacionalismo catalán: su estrategia centrada en la identidad nacional ha impedido, hasta ahora, la formación de mayorías de progreso en Cataluña. Las encuestas anuncian cambios importantes en el mapa político catalán, con un peso decisivo de Podemos y una recomposición en las fuerzas de izquierdas, como se puede ver en esta encuesta de Gesop recién publicada en El Periódico:

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Elaboración propia a partir de datos de encuesta de GESOP de 24 de noviembre, 2014.

Si estas tendencias se confirman, con el PSC fuera de juego hace tiempo, sin conocer su sitio y ofreciendo oxígeno ahora a CiU, con ERC y la CUP atados a su quimera independentista, más motivados aún por la competencia sobrevenida de Artur Mas, con otras fuerzas como Ciudadanos, autoincapacitadas para conectar con corrientes socialdemócratas, es Podemos quien tiene una cita decisiva con esa inmensa mayoría de catalanes de izquierdas. Ahora que la fuerza emergente de Podemos intenta conectar con políticas economicas viables, tendrá que demostrar también si es capaz de tener éxito donde otros fracasaron antes, en el combate al nacionalismo. Su mayor riesgo será, en mi opinión, que le haga caso a quienes les vendan que es posible un acuerdo con ERC y CUP. ¿Cómo se negocia con quienes basan en la independencia su razón de ser? No sé qué harán, pero tienen una ocasión de oro para derrotar  al nacionalismo, el mayor enemigo de la izquierda, ayer y hoy. Guste o no, sin contar aquí con un partido socialdemócrata fuerte que, como acaba de hacer el Partido Liberal en Canadá, derrote a los nacionalistas, parece que también en Cataluña es la hora del partido de Iglesias. El PSUC se hundió cuando se ató al nacionalismo, otro tanto le ha ocurrido al PSC: ¿se librará Podemos?

(*) Jesús Cuadrado es militante y exdiputado del PSOE.

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