La Transición no ha terminado (El descrédito de las instituciones)

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Francisco Serra

Captura de una de las intervenciones de Juan Velarde en el 'Diario de la Noche', de Telemadrid. / telemadrid.es
Captura de una de las intervenciones de Juan Velarde en el 'Diario de la Noche', de Telemadrid. / telemadrid.es

Un profesor de Derecho Constitucional estaba leyendo con su hija un libro de Tintín hasta que la niña, de pronto, interrumpió la lectura al encontrarse con una palabra que no entendía: “Papá, ¿qué es sacrílego?” El profesor vaciló antes de responder: “Algo que es pecado”. La pequeña volvió a preguntar: “¿Y eso qué es?” Ahora, el profesor tardó algo más en contestar: “Cuando haces algo malo”. “¡Ah!”, suspiró la niña y pasó la página.

Después de acostar a su hija, el profesor se sentó a ver un rato la televisión, mientras meditaba sobre la conversación que acababa de mantener con ella. Aunque se había esforzado por proporcionar a la niña una educación laica, nunca se había parado a pensar en las consecuencias, beneficiosas sin duda, de dejarla al margen de todas las ideas de culpa que habían llenado su propia infancia de un miedo irracional.

En las sesiones de catequesis previas a celebrar su primera comunión, al tiempo que le obligaban a renunciar a Satanás, “a sus pompas y a sus obras”, al profesor le habían inculcado el temor a morir, incluso a tan tierna edad, sin haberse confesado, “en pecado mortal”. Por el contrario, para su hija, que crecía feliz, no parecían existir esas preocupaciones derivadas de una visión trasnochada de la religión.

Al profesor, Papá Noel le había regalado un libro que llevaba por título La Edad de la Nada y además con un subtítulo muy expresivo: El mundo después de la muerte de Dios. Algo intrigado por la causa de que, para él, las creencias religiosas hubieran estado vinculadas a sentimientos tan perturbadores, cuando fue a visitar a su madre rebuscó entre sus cuadernos infantiles hasta encontrar un viejo catecismo, en el que leyó:

- ¿Eres cristiano?

- Soy cristiano por la gracia de Dios.

- ¿Qué es ser cristiano?

- Ser cristiano es ser discípulo de Cristo.

No prosiguió la lectura y ya iba a guardar todos sus recuerdos de la niñez cuando descubrió, justo al lado, los manuales de aquella asignatura que pretendía el adoctrinamiento de los jóvenes en la rancia ideología del régimen franquista: la llamada “formación del espíritu nacional”. Con sorpresa, advirtió que uno de ellos estaba firmado por Fuentes Quintana, ministro en los tiempos de la transición, y otro por Juan Velarde, que acababa de ser elegido Presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Al llegar a casa navegó por la Red y averiguó que ese renombrado economista tenía el “honor” de ser quizás el único español galardonado con el Premio Nacional de Ensayo Francisco Franco (a comienzos de los setenta, con una obra sobre Gibraltar), el Premio Rey Juan Carlos  y el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. La “democracia” española ha sido muy complaciente con los doctrinarios del régimen anterior y los ha colmado de dones y agasajos.

El profesor recordaba haber visto a ese anciano caballero en el informativo de madrugada de Telemadrid y, aunque estaba en completo desacuerdo con sus soflamas reaccionarias, le daba cierta pena ver a alguien de edad tan avanzada mascullando afirmaciones peregrinas sobre el mundo de hoy, al tiempo que prodigaba elogios a la presentadora del programa.

Al profesor le parecía difícil comprender las razones por las que una institución que debería desempeñar un papel significativo en este momento histórico ha podido elevar a la presidencia a un economista tan vinculado a una época con la que hoy muchos sectores sociales demandan una ruptura definitiva. Las últimas elecciones y los sondeos que se vienen sucediendo desde entonces dan a entender que existe avidez por parte de los españoles de reivindicar valores éticos y políticos, pero muy alejados de los que están presentes en las Academias. Lo que se precisa es una nueva forma de entender la política, tanto en la teoría como en la práctica (bien apartada de la “formación del espíritu nacional”) y no una ética de los negocios (imposible, por otra parte, en el capitalismo depredador de nuestros días), sino de la ciudadanía.

Si las instituciones no se regeneran, no harán más que aumentar su descrédito. Ahora que hasta la Iglesia católica ha emprendido la senda de la renovación (cada vez tiene menos que ver con la que provocó ese daño, casi irreparable, al profesor) y se ha producido un cambio en la Jefatura del Estado, hay que abrir las puertas de esos recintos para que dejen de ser un “refugio” de exministros franquistas y, de una vez, puedan servir a la sociedad a la que, se supone, representan.


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2 Comments
  1. mariad says

    El régimen Franquista con dª Carmen hija incorrupta»y nietos ricos de lo que saquearon a los repúblicanos y comunistas,en la guerra del 36…no habrá olvido ni perdón,¡¡

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