Humanistas

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Luis María Ansón (izda.) y Juan Luis Cebrián (dcha), tras ser investidos el pasado viernes doctores ‘honoris causa’ por la Universidad Rey Juan Carlos. En el centro, el catedrático de Comunicación José María Álvarez Monzoncillo, padrino del segundo. / Víctor Lerena (Efe)

El periodista y empresario Juan Luis Cebrián ha sido nombrado doctor honoris causa por la Universidad Rey Juan Carlos. A nadie debería sorprenderle: el autor de obras tan prestigiosas e influyentes como La Rusa es miembro de la Real Academia Española de la Lengua desde 1997. Y Caballero de las Letras y las Artes de Francia. Y miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes.

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Lo que sí podría sorprender a más de uno son sus declaraciones al ser investido: “Hay que recuperar el humanismo para progresar”. Que un empresario que dió por muerto al diario El País y llamó “viejos” a sus trabajadores, desmanteló la redacción poniendo en la calle a 130 empleados y se subió el sueldo un 35%, pese a que su compañía tenía unas pérdidas de 649 millones de euros, considere necesario recuperar el humanismo dice mucho del humanismo. Por ejemplo, que ya no es lo que era: en nuestros días los hombres del Renacimiento viajan en coche con chófer, tienen tarjetas black y firman complementos millonarios de jubilación a los que llaman retirement bonus.

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Las universidades reciben con los brazos abiertos a estos filántropos de la cultura, la filosofía y las ciencias. Y la Rey Juan Carlos no es una excepción: en lo que se debe entender como un claro apoyo al periodismo independiente, extendió su reparto de títulos honoríficos a otro destacado humanista también miembro de la Real Academia Española de la Lengua: Luis María Ansón. “El periodismo cumple dos funciones esenciales: la información y el ejercicio del contrapoder”, dijo el que fuera durante años presidente del jurado del concurso Miss España.

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Nadie como un humanista para apreciar los pechos turgentes y el bikini diminuto de, por ejemplo, Miss Pontevedra. El humanismo es belleza. En El Intermedio recuperaron unas imágenes enternecedoras en las que José Manuel Lara, humanista recientemente fallecido, tontea con la presentadora Thais Villa. Investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Antonio Nebrija en 2009, el propietario de Planeta era uno de esos empresarios que no diferencian entre derechas e izquierdas: ganaba dinero en ambos lugares. Francisco Marhuenda, director de La Razón, recordaba en La Sexta tan sentida pérdida: “Lara era entrañable. Me decía: cuando quieras fumar súbete a mi despacho”.

Cebrián, Ansón, Lara… Humanistas acaudalados es justo lo que requieren estos confusos nuevos tiempos. Filósofos del beneficio capaces de hermanar un patrimonio desmedido con la libertad de ideas y creencias, unas cuentas de beneficios exorbitantes con el desarrollo del conocimiento y la moral, unas empresas depredadoras con el apoyo a la igualdad de oportunidades. Ciudadanos ejemplares en los que la sociedad pueda mirarse sin sentir asco.

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