El ‘Embolao español’ (Breve historia personal de los últimos cuarenta años)

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Francisco Serra

Hamster_Ruso
"La hija de un profesor de Derecho Constitucional quería tener un hámster..." / Ernesto Azuar Valenzuela (Wikipedia)

La hija de un profesor de Derecho Constitucional quería tener un hámster. A una amiga suya le habían regalado una cría y la niña estaba fascinada con el pequeño roedor. Al principio, el profesor se resistía a acceder a esa petición, aunque hacía muchos años había tenido una a su cuidado. Se la había traído un amigo, antes de irse a hacer la mili, que entonces duraba más de un año. “Tómala”, le dijo mientras le entregaba la jaula con el animalito, y luego añadió, algo cohibido: “Se llama Libertad”. Ya era muy mayor (los miembros de esa especie no duran muchos años) y poco después de la muerte de Franco, como si estuviera satisfecha por haber podido cumplir con su deber de sobrevivir al dictador,  el profesor la encontró arrugadita entre los trapos viejos que le servían de cobijo.

Un hermano del profesor se había encariñado con Libertad y sintió mucho su pérdida. Por eso el profesor, unos días después, acudió a la tienda de animales y compró otra pequeña cría, a la que llamó Amnistía. Como la mayoría de los jóvenes de su generación, el profesor asistía con frecuencia a las manifestaciones convocadas por  las organizaciones de izquierda, que no siempre terminaban de manera pacífica, y solía corear los lemas emblemáticos de la transición: “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía”. Era una época revuelta y tal vez mimaron en exceso al pobre bicho, al alimentarlo con pipas y frutos secos, hasta tal punto que no llegó a ver promulgada la Constitución.

Tras el fin de Amnistía, el profesor consideró la adquisición de otro hámster, pero, de seguir la misma lógica, tendría que haber sido macho esta vez (mucho más grande de tamaño y menos achuchable) y llamarse “Estatuto de Autonomía”, por lo que desechó la idea. Además, en aquellas días, el profesor paraba muy poco por casa y ya estaba pensando en trasladarse a un piso compartido. Estuvo a punto de entrar en el PCE, pero asistió a un mitin presidido por Santiago Carrillo junto a una gigantesca e intimidante bandera monárquica y no llegó a decidirse. Observó con cierta ilusión la llegada de los socialistas al poder, aunque ya los primeros nombramientos de altos cargos le llevaron a pensar que no iba a producirse un verdadero cambio.

Algunos de los amigos del profesor colaboraron con el nuevo Gobierno, pero la mayoría cada vez más se fueron distanciando de la vida pública. Se mudaron a vivir al extrarradio y sacaban a pasear a sus perros (pastores alemanes, casi siempre) que solían responder, quién sabe la razón, al nombre de Trotski. El profesor, en su soltería, frecuentaba las tabernas y no volvió a tener ninguna mascota, aunque otro de sus hermanos acogió en el domicilio familiar, ya en la época del declive del gobierno de Felipe González, a un gato de edad  muy avanzada al que fue imposible acostumbrar a hacer sus necesidades en el sitio correcto y al que llamó Tolomeo, por su fea costumbre mingitoria.

Durante el mandato de Aznar, el profesor tenía por costumbre visitar a un antiguo simpatizante socialista al que acompañaba cuando salía con su perro, de nombre Zas. “¿Es por la rapidez?”, preguntó el profesor, algo influido por el aire de los tiempos, cuando todos querían enriquecerse lo más rápido posible. “¡No, no!”, protestó su amigo: “Es una abreviatura de Zascandil”.

Los años de Zapatero pillaron al profesor ya muy recogido y pagando, como la mayoría de los españoles, una cuantiosa hipoteca. Cuando su hija era muy pequeña, se hizo amiga de la perra de unos vecinos, comerciantes,  que se llamaba Mora y, como si se tratara de una premonición, al poco todos estábamos ahogados por los intereses de la deuda.

El universo entero puede reflejarse en una gota de agua y nuestras más íntimas preocupaciones se revelan hasta en el nombre que ponemos a nuestros animales de compañía.

Suspirando, el profesor le preguntó a su hija:

– ¿Cómo se llamaría tu hámster?

Embolao.

– ¿Y por qué?

– Porque un hámster es como una bola

En la época de Rajoy la podredumbre en la política nacional ha ido creciendo hasta llegar a conformar un gigantesco embolao. El profesor recordaba haber leído El laberinto español, escrito por un sabio inglés para intentar desentrañar las causas que habían llevado a nuestro país a la guerra civil.

Con todo, de un lugar intrincado siempre existe alguna salida, aunque sea difícil de encontrar, mientras que la gigantesca bola de corrupción que atenaza la vida pública en nuestro país no para de rodar, haciéndose cada vez más grande, si no se descubre la forma de detenerla.

En España, cuando las élites no saben cómo afrontar un embolao intentan  reafirmar las esencias patrias, preparando una gran celebración nacional o desenterrando los huesos de nuestro más célebre escritor.

Mas no es tanto el pasado como el futuro lo que puede unirnos, un proyecto colectivo, que genere una nueva ilusión, algo que los grupos dominantes hoy no pueden ofrecer. Ya no basta una simplona reforma constitucional, como la que se ha propuesto, sino una verdadera transformación de la vida pública española.

1 Comment
  1. Beba says

    Me ha encantado ver nuestra historia, trágica en el fondo, a través de los nombres de las mascotas. Es cierto. Este cobardón que miente porque no es capaz de enfrentarse a sus compatriotas y a la verdad, nos deja un país arrasado.

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