JAVIER PÉREZ DE ALBÉNIZ | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 14:36

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Captura de la portada de ‘larazon.es’ de este mismo martes.

La Razón, el periódico de la ONG Planeta que sobrevive de manera milagrosa (desde que comenzó a editarse en 1998 solo ha tenido pérdidas), continúa su campaña de acoso y derribo a la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena. Dirigido por el tertuliano Francisco Marhuenda, afiliado al Partido Popular desde 1995, este diario continúa apostando por la prensa de calidad y la información veraz y objetiva en todas sus formas y posibilidades. Así las cosas, lo que comenzó siendo periodismo de investigación (Carmena veranea Cádiz) se ha convertido en periodismo de datos: Según el último barómetro de NC Report para LA RAZÓN, los encuestados valoran negativamente la semana de vacaciones privadas de la alcaldesa en la villa cuyo alquiler ascendía a 4.000 euros. A la mayoría, un 40,3%, le parece «mal o muy mal» su estancia, mientras que un 31,5% valora la misma como «bien o muy bien»”.

Los números bailan al ritmo que marca Marhuenda. Las cifras son de plastilina en sus viriles manos. Los guarismos se han convertido en el instrumento con que el trilero consolida su teoría de la corrupción carmenita-podemita. “Casi la mitad de los madrileños no cree las explicaciones de Carmena sobre sus vacaciones”, titula La Razón en la portada de su web. Y el lector con criterio se pregunta: ¿Será tan riguroso y serio el barómetro de NC Report para La Razón como la gestión económica del propio diario, en números rojos desde su creación hace 17 años?  

Pero el excelente trabajo periodístico de La Razón no queda relegado a un titular impactante. Marhuenda y su equipo están tan sobrados de información, de datos y testimonios, que son capaces de considerar a la alcaldesa de Madrid responsable absoluta del tropiezo de un programa televisivo de debate político en una cadena rival: “La audiencia da la espalda al Tiempo Nuevo de Carmena”, titulan en la portada de su web. No se refieren al tiempo nuevo de Carmena al frente del ayuntamiento de Madrid, no. Es un ingenioso juego de palabras: Se refieren al retorno de “Tiempo Nuevo”, ahora en Cuatro y con Silvia Intxaurrondo como presentadora, y su decepcionante audiencia inicial: “4,2 por ciento y 320.000 espectadores, un mínimo frustrante para un programa de «prime time», convirtiéndose en la quinta y última opción entre las generalistas”. La Razón carga contra el programa, “un proyecto que no cuaja… ¿Aguantará hasta la elecciones generales?”, en un alarde de clase, elegancia e independencia: La Razón pertenece al grupo Planeta, propietario de Atresmedia (Antena 3 y La Sexta), cadenas competidoras de Cuatro en las que Marhuenda aparece mañana y tarde.

No debe ser fácil trabajar en el ayuntamiento de una ciudad como Madrid, condenada a la miseria económica y moral provocada por los delirios de grandeza, la ineptitud profesional y la corrupción galopante inherente a personajes como Gallardón, Botella o Aguirre. Pero es posible: la alcaldesa de Madrid ha denunciado que el Ayuntamiento de la capital paga 9,5 millones de euros anuales en sobrecostes de alquileres públicos suscritos con grandes inmobiliarias mientras el Consistorio tiene edificios vacíos. Carmena anuncia el fin de los desahucios en Madrid y asegura estar pensando en volver a hacer público el servicio de recogida de basuras: “Me planteo remunicipalizar el servicio si no conseguimos que esté limpia la ciudad”.

¿Buenas noticias? No para La Razón: “La flor que lleva en la mano (Carmena en la foto de sus vacaciones en Cádiz) es una especie en peligro de extinción”, dijeron. Mentira: la planta no aparece en la “Lista y catálogo de flora y fauna amenazada de Andalucía”. No importa. Lo fundamental es que ahí está el diario subvencionado por Planeta para desengrasar las tensiones políticas con ingentes dosis de humor surrealista. ¿Competencia desleal a Mongolia y El Jueves? Qué duda cabe. Solo de esta manera debería tomarse la “podemita happy-flower” Carmena, como la llama Marhuenda, una persecución que roza el esperpento y que debería ser rechazada y denunciada por el resto de profesionales honrados del periodismo. Que los hay.

La Razón baja cada día un poco más el listón al que puede caer el periodismo, una profesión que, salvo honrosas excepciones, se mueve entre la crisis del negocio, la decadencia moral y el humor negro.

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