Tres o cuatro cosas

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Rafael Catalá, ministro de Justicia, en una sesión en el Congreso de los Diputados. / Zipi (Efe)

El ministro de Justicia Rafael Catalá dice que no acepta “lecciones de ética de Convergencia ni de Artur Mas”. Arropado por su público, en un acto organizado por el Partido Popular de Murcia, al ministro se le hincharon las venas del pescuezo: “Lo que no vamos a permitir es que nos estén acusando a nosotros de los tres o cuatro casos de corrupción que tenemos y que nadie quiera hablar de los que tienen los demás”.

Tres o cuatro casos de corrupción. Solo. No hay derecho. El Gobierno tiene “tres o cuatro casos de corrupción”, que en algunos casos afectan a la financiación del partido y a varios de sus principales líderes e ideólogos, y nadie quiere hablar de los que tienen los demás. ¿Qué hacemos ante tamaña injusticia, señor ministro de Justicia? Cualquier cosa menos aceptar lecciones de ética, dice muy bien usted.

Ahora bien, la política parte de la ética. Es decir, de la responsabilidad ante el relativismo y la incertidumbre. El Estado y sus políticos deciden en términos legales sobre lo correcto y lo incorrecto, pero no deberían olvidar que ley y moralidad son distinta cosa. Artur Mas no debería darle lecciones de ética a Catalá, pero sí podría plantarle un beso en los morros: de puta a puta, nos tuteamos.

Con tan peliagudos patinazos sobre interpretaciones éticas el ministro corre el riesgo de sufrir un episodio de pánico moral, puesto que dramatiza de manera teatral su exagerada percepción de la maldad independentista. Y no duda en mentir, de forma consciente y malintencionada, para mostrar al resto de grupos políticos como una amenaza para la sociedad y el país: “El PP es el único partido que defiende la unidad de España y la igualdad entre sus territorios”, dice sin pudor alguno. Un síntoma claro de la llamada “falsa conciencia”, de la ideología como perversión, de la mentira como instrumento, del interés de una clase concreta disfrazado de interés moral nacional.

Catalá no escoge bien sus palabras. Sobre todo teniendo en cuenta su cargo: Habla buscando excusas, desinformando e intoxicando, como podría hacerlo el miembro de un partido podrido, no como el ministro de un Gobierno serio y creíble. Lástima, porque que la ética es, entre otras cosas, el arte de elegir bien. Las ideologías, las palabras, los hechos, las mentiras… Tres o cuatro cosas.

4 Comments
  1. qq says

    Y este es el Ministro de Justicia. Nada menos. De Justicia. Dedicándose poco más o menos que a avalar y justificar la corrupción. Con semejantes tragaderas, como para esperar un comportamiento ejemplar en su administración y en los importantes órganos que dependen de ella, como la fiscalía, por ejemplo. Penoso y alucinante.

  2. Hesplendido says

    «No vamos a tomar lecciones de ética, porque esa asignatura se nos da mu mal».

  3. Juanjo says

    ¿Ética en un ministro del Partido Popular? La verdad es que el Partido Popular siempre fue la absoluta negación no sólo de la Ética, sino también de la estética y la más mínima vergüenza política.
    ..
    Ni se arrugaron en inventar embustes, lanzar calumnias y denigrar a tutiplén cuando estaban en la oposición (La Espe, la Ministra Pastor y la Figar, junto con Alfa y Omega, el ABC, Libertad, el Foro Español de la Familia, Hazteoir y otros varios de sus análogos fueron los campeones de tales indecencias), ni cambiaron de conducta cuando, a base embustes y más calumnias atraparon el poder.
    ..
    Por tanto lo del ministro de Justicia, no menos que las proclamas del Rajoy y del resto de sus ministros y secuaces, monstrándonos cínicamente, en su denodada mendacidad por ocultarla, su propia corrupción, no hace más que poner evidencia la verdad: Son corruptos. Y es que, como ponen es evidencia las investigaciones jurídicas, a diferencia de otros partidos (el PSOE, por ejemplo) en los que han existido y existen corruptos, en el PP, es el propio partido, encabezado por el Rajoy, sus amigos y sus tesoreros, el que es corrupto, esencialmente.

    Por tanto, lógico es que la justicia lo hubiera ilegalizado.
    ….
    Pero mientras existan ministros justicia de semejante calaña

  4. y más says

    Me sorprendió (favorablemente) escuchar una autocrítica sobre corrupciones propias a la vicepresidenta del gobierno. A los del clan Pujol-CDC-Ferrusola-Liceu- Palau-Mas, etc. no se les escucha ni mú, oyes.

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