Duopolio y bipartidismo

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Juan Luis Cebrián, presidente del grupo PRISA. / Efe

En el diario progresista El País del martes 13 de octubre se podía leer un amplio reportaje, a toda página, titulado “El Gobierno potencia el duopolio televisivo en detrimento del pluralismo”. Arrancaba con un párrafo impecable: Dos grandes grupos, Mediaset y Atresmedia, dominan el panorama audiovisual español. Ambos gestionan 11 canales de televisión en abierto de cobertura nacional que suman más de la mitad de la audiencia y absorben casi un 90% de la facturación publicitaria. Esta posición de dominio se vería fortalecida con las nuevas licencias de TDT que el Gobierno planea conceder en la reunión del Consejo de Ministros del próximo viernes, dos meses antes de las elecciones legislativas. Las seis licencias en liza se otorgarán por un periodo de 15 años renovables y las emisiones deberán comenzar en un plazo máximo de seis meses. La adjudicación de más canales a Atresmedia y Mediaset iría contra las propias bases del concurso, que abogan por el pluralismo”.

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Lástima que El País publicase este brillante texto un poco tarde. Justo cuando se supo que Prisa, la empresa editora de El País, no había sido beneficiada con una de las nuevas licencias: “Aunque el resultado del concurso no ha sido anunciado públicamente, el Ministerio de Industria ha avanzado a los adjudicatarios el acuerdo de la Mesa de Evaluación, que será elevado al Consejo de Ministros… Quedarían fuera Vocento (editor de ABC y accionista de referencia de NetTV), PRISA (editor de EL PAÍS) y El Corte Inglés”.

Cuando el periodismo ignora los intereses del ciudadano deja de ser útil. Cuando la prensa no es útil deja de ser necesaria y se convierte en un negocio vulgar y corriente. “PRISA presenta alegaciones contra la adjudicación de la TDT”, insistía El País horas después, rumiando de mala manera la frustración del perdedor.

El problema del duopolio televisivo viene de lejos, de cuando Zapatero prometió nuevas cadenas que aumentarían la pluralidad. Todo mentira. La televisión no solo sigue siendo igual de mala que cuando había menos cadenas,  sino que además es menos independiente al estar en dos manos: Atresmedia y Mediaset. La mayoría de grandes medios calla, puesto que pertenecen a empresas multimedia con intereses digitales, y consideran una cadena de televisión todo un regalo. Un ejemplo: Unidad Editorial, empresa que ha fracasado en todos sus intentos por poner en marcha una televisión decente, recibe dos millones de euros al año de 13TV, la cadena de la Conferencia Episcopal, en concepto de alquiler del permiso de emisión que poseen los propietarios de El Mundo.

Los duopolios televisivos no acaban en la pantalla, y se extienden a la política. PP y PSOE no quieren a Podemos y Ciudadanos en los próximos debates electorales. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez diseñan un plan para celebrar encuentros televisivos a su medida, sin Pablo Iglesias ni Albert Rivera, de forma que puedan controlar los contenidos y asegurar el bipartidismo. Para ello cuentan con el apoyo de, cómo no, TVE: la televisión pública planteará dos tipos de debates, un cara a cara entre PP y PSOE con sus líderes estrella por un lado, y otro masivo con el resto de grupos con representación en el Congreso. ¿Un escándalo? No, nada a lo que no estemos acostumbrados en esta democracia de medio pelo que se mueve entre el duopolio y el bipartidismo.