Vuelven los fantasmas a Europa

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Hugo Martínez Abarca *

Hugo Martínez AbarcaA toda propuesta de avance democrático, ya sea hacia modelos de democracia participativa, hacia aspectos de democracia directa, el conservadurismo ha opuesto siempre una farisea defensa de la representación política. En nuestro país ocurrió especialmente desde el 15-M. Se hacían propuestas de avances democráticos tales como referéndums vinculantes, posibilidad de revocación de cargos públicos, facilidades para la iniciativa legislativa popular… y la respuesta siempre fue que eso era “anti-política”, que la democracia es un sistema de representación parlamentaria y que todo lo que tienda a mayor implicación del pueblo en la toma de decisiones políticas son peligrosos pasos hacia el totalitarismo. Fue lo que llevó a Esperanza Aguirre a calificar de totalitario al 15-M y de soviets de distrito a las propuestas de participación descentralizada de Ahora Madrid. Frente al populismo, nos decían, los demócratas creemos en la representación política, en las mayorías parlamentarias.

Sin embargo, vemos cómo relativizan esa impostada firmeza de principios democráticos cuando las mayorías parlamentarias no son las deseables. Vemos con bolivariana estupefacción cómo esos defensores de la representación como medida de la verdad política aplauden a Cavaco Silva cuando pretende mantener un gobierno conservador frente a la mayoría parlamentaria con la excusa de que esa mayoría parlamentaria cuenta con elementos “antieuropeístas” (quiere decir “contrarios a las políticas de austeridad”) y parece ser que ese dogma está por encima de la suprema representación que oponíamos al terrible populismo.

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En Cataluña, esos mismos conservadores se remiten al pueblo frente a su representación y restan legitimidad a la mayoría parlamentaria independentista por no responder a una mayoría popular en las urnas: ¡parecería que le conceden al pueblo capacidad de mando si no fuera porque son los mismos que niegan a ese mismo pueblo la posibilidad de ir a unas urnas a decir Sí o No sin leyes electorales que los traduzcan! En los parlamentos donde el PP ha perdido la mayoría, como la Asamblea de Madrid, vemos cómo desoyen las iniciativas mayoritarias (que van desde la moratoria en la puesta en marcha de la Ley Wert a medidas contra la violencia machista) argumentando que la posición de la mayoría parlamentaria está muy bien pero que todo el mundo sabe que la iniciativa legislativa corresponde a los gobiernos.

¿Estamos ante una paradoja, ante un giro de los conservadores hacia ese populismo totalitario que resta peso a la representación concediéndole más importancia a las decisiones del pueblo sin intermediarios en la medida de lo posible? En absoluto.

La incoherencia con el discurso es una nítida coherencia en la actuación. No se trata de una defensa académica de un modelo de democracia, el representativo, frente a otro. Se trata de imponer unas políticas con la mayor apariencia de democracia que se pueda por puro utilitarismo: es más difícil confrontar con políticas cuyo origen parece democrático. Lo importante no es la democracia sino la aplicación de unas políticas que sacrifican al pueblo y que por tanto acaban necesitando limitar la democracia. Así, pese a las mil formas que el pueblo griego (y su representación política: el parlamento, el gobierno y el pueblo en referéndum) ha tenido de decir que se quiere gobernar con otras políticas económicas, la troika se ha impuesto a golpe de deuda. El segundo país del sur de Europa en el que iban a formar parte del gobierno partidos anti-austeridad sufre un bloqueo autoritario para anteponer los diktats de Berlín y Bruselas a la propia representación parlamentaria.

Decía Cristina Cifuentes en su blog, con foto dando la mano a Angela Merkel, que el Partido Popular Europeo está “combatiendo el fantasma del populismo que hoy recorre Europa”. ¿Verdad que suena familiar la fantasmagórica cita?

Lo que están combatiendo es a los pueblos avanzando hacia su libertad, están combatiendo los instrumentos democráticos para que las políticas económicas se diseñen al servicio de las clases populares, no de la oligarquía empresarial y política europea que se impone con tácticas mafiosas.

Ojalá ese fantasma que combaten de la mano Cristina Cifuentes y Angela Merkel, el fantasma de la democracia política y económica, recorra intensamente Europa. Si ellas lo temen será que no va tan mal el fantasma.

(*) Hugo Martínez Abarca. Miembro de Convocatoria por Madrid y diputado autonómico de Podemos. Es autor del blog Quien mucho abarca.

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