El espectáculo de la política

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Esther López Barceló *

Esther_Lopez_BarceloLlevo muchos días reflexionando acerca de lo que está suponiendo esta campaña electoral tanto para mí como para la sociedad en general. Si tuviera que escoger un término para definirla escogería sin dudarlo el de 'espectacular'. Sin embargo, a mi juicio, la 'espectacularización' de la política está llegando a ser un elemento contraproducente.

Hace unas semanas hubo un debate −positivo que los haya− a cuatro que parecía ser "el definitivo" o al menos así se lo vendieron a la audiencia. En ese tipo de espectáculo, en vez de valorar a quienes defienden el programa que más se ajusta al ideario, principios o intereses de cada uno, se premia a quien mejor queda en cámara, a quien mejor se expresa, a quien lo lleva mejor preparado. Cuando acabó el debate, esas eran las impresiones que se tuvieron en cuenta para determinar quiénes fueron los vencedores y quiénes los vencidos. Pareciera que el voto lo debiéramos ofrecer al mejor personaje y no al mejor programa.

Han mercantilizado la política y, paradójicamente, ha sido la única forma de que a la gente le interese. Y no sólo eso sino que además la audiencia ha 'comprado' la visión que de la política actual nos han querido vender. Por ejemplo, ya no parece aceptable tener en cuenta la representación parlamentaria de una formación política −que ha sido el criterio universal de todas las campañas electorales a todos los niveles− a la hora de permitir la presencia de un determinado candidato en los programas. Demoscopia marca ahora las pautas. Las encuestas −que no las urnas− están marcando la percepción de los votantes más que nunca porque sirven de marco para establecer quiénes realmente compiten por la Moncloa y quiénes no.

No pretendo demonizar este éxito arrollador de audiencia que tiene por primera vez en nuestro país una campaña electoral, todo lo contrario. Me parece una ventana de oportunidad y por ello me interesa que seamos conscientes de los errores para poder corregirlos y hacer de esta espectacularización de la política un instrumento útil para la sociedad. Porque sería preferible que sirviera para generar interés en el 'qué' y no en el 'quién'. y sí en el 'cómo'.

Apuesto por una campaña electoral en la que asistir a un debate televisivo suponga un evento democrático y no un reality enmascarado. Un espectáculo al que no falte nadie y no falte nada, ningún tema por tratar, en el que el rigor sea la única vara de medir y en el que las conclusiones posteriores se basen en analizar el impacto de las medidas de acción política propuestas por las diferentes formaciones. Me parece positivo que la exigencia de la exposición pública obligue a nuestros representantes a mejorar su dicción, oratoria y conocimientos; pero me da igual su ropa, su postura, su belleza o carencia de ella. Si alguien se traba o se equivoca no me parece más que anecdótico y no creo que merezca titulares. Y si alguien se ausenta por voluntad propia, que sea penalizado sin atenuante posible. Que se vele por un equilibrio global de la representación de las fuerzas políticas que se presentan legítimamente a las elecciones y que no sean las grandes empresas de comunicación las que escojan las papeletas por nosotros.

Quiero asistir a un espectáculo político en el que no compitan personas sino ideas y en el que el objetivo no sea mi entretenimiento sino mi derecho a la información. Espero no pedir demasiado porque estoy convencida de que si insistimos, si lo peleamos, si exigimos un espectáculo acorde con nuestra exigencia crítica, lo conseguiremos. Abandonemos esta mediocre puesta en escena en la que han convertido interesadamente el espectáculo de la política para construir una cultura política que sea espectacular.

(*) Esther López Barceló. Historiadora y exdiputada de Esquerra Unida en el parlamento valenciano.
5 Comments
  1. Noe says

    Hola Esther, me gusta tu artículo, lo que no entiendo es que dices «si alguien se traba o se equivoca no me parece más que anecdótico», pues ayer por Twitter bien que le diste
    importancia al lapsus de Rajoy cuando dijo «Ruiz»…En fin, la coherencia ya tal.

  2. Esther López Barceló says

    Jajaja veo que me sigues. Efectivamente, yo hablo de que la prensa le de importancia a la forma desproporcionadamente al contenido de lo que dice. No me refiero a que comentando con amigos, en twitter o en redes la gente lo haga o lo deje de hacer. 😉

  3. koala says

    La colocación de los «actores» en el «debate» a cuatro creo que no fue casual: sin nada delante, se veían obligados, no a debatir, sino a actuar. Y los espectadores, con lo que se quedaban era con que si uno movía demasiado las manos, el otro con que se estiraba la americana, el otro se fijaba en la colocación de los pies… Y luego, cuando recurren a algunos opinadores para que cuenten lo que les ha parecido, sale un «coach en liderazgo». Me imagino que no precisamente para analizar la viabilidad de los programas ni la coherencia de las propuestas. En fin, de acuerdo con el artículo. Nos han convertido en espectadores y consumidores, cuando lo que deberíamos ser es CIUDADANOS.

  4. Juanjo says

    Esther:
    ¿Votar el mejor programa?
    … Hombre, conociendo el latrocinio del Rajoy y teniendo en cuenta su funesta capacidad para mentir (o para no saber lo que se dice: que date cuenta la diarrea mental que derrochó a la hora de informar sobre el suceso de Kabul) y su sangre de horchata jamás lo votaría.
    ………….Y, no por conservador, sino por corrupto, mentiroso y badanas. O dicho de otro modo, que fuera del partido que fuere, a un individuo de semejante calaña jamás lo votaría:
    ……..
    A este respecto, todos los calificativos del Perico se quedaron cortos… El Rajoy es todo so y mucho más.
    Porque además de ser corrupto, entre él y su secuaces (Pero, ¿ha habido una sola semana en que no aparecieran dos o tres chorizos peperos) están estercolando a la sociedad de tal manera, que, ya, hasta el instalador de mi barrio, a la hora de la cuenta suele inquirir: “¿Hacemos factura o como en el PP?”)

  5. Y más says

    Creo que una ha de ser coherente en twitter, entre amigos y en público en general. A lo contrario se le llama hipocresía.

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